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Privilegiarlo humano

Luis Paiz Bekker es director de Médicos Sin Fronteras en Argentina. Advierte sobre la reducción del espacio humanitario y las consecuencias que la crisis europea puede generar en la salud de las personas.

04 de noviembre de 2012 a las 12:03 a. m.
Pamela Gómez (Especial)
Privilegiarlo humano
Intereses. “El 90 por ciento de la investigación médica se dirige a enfermedades de Estados Unidos y Europa” (La Voz / Sergio Cejas).

–Médicos Sin Fronteras trabaja con las "enfermedades olvidadas", como el Chagas. ¿Cómo afecta este mal a la región? –Es una de las enfermedades parasitarias que tiene incidencia más alta en toda América latina. Como afecta principalmente a los más pobres, la industria farmacéutica no está muy interesada en desarrollar medicamentos para ese mal, porque no ve nichos de mercado ahí. Pero la responsabilidad también es de los gobiernos, que deben priorizar la lucha contra el Chagas en sus programas primarios de salud. –Esto explicaría por qué los medicamentos para tratar el padecimiento tienen 40 años. –Hoy, el 90 por ciento de todo lo que es investigación médica está dirigido a las enfermedades que se padecen en Estados Unidos, Canadá y Europa, porque ahí está el mercado. Se sabe muchísimo del síndrome de Becker, pero sabemos muy poco o no hemos seguido investigando sobre la malaria, que sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo. ¿Qué pasa cuando el parásito se vuelve resistente a los principales medicamentos? La gente se muere. Por otra parte, hoy existe la idea generalizada de que no hay que tratar a todos los pacientes chagásicos, sino sólo a los de hasta 15 años (casos crónicos recientes) o agudos. Nosotros demostramos en Bolivia que, aunque no existe una cura, tratando a los pacientes crónicos Chagas positivo de hasta 60 años se reduce de manera dramática el número de los que van a tener cardiopatías u otras consecuencias de la enfermedad. –¿Qué se está haciendo específicamente en Argentina con la enfermedad? –Hasta hace poco, Argentina era el segundo país con la mayor endemia de América latina, después de Bolivia. Acá ha habido una inversión importante en algunos procesos. Por ejemplo, desde hace unos meses se está produciendo benznidazol, que es el medicamento de elección para el tratamiento de Chagas. Está la Ley de Producción Pública de Medicamentos, que permite que se puedan reproducir cuando hay enfermedades que afectan a las poblaciones; eso es algo que antes no se hacía. En la asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud, uno de los temas fue este. Los representantes de Argentina de Unasur (Unión de Naciones Sudamericanas) jugaron un rol muy importante para llevar un mensaje claro: priorizar las enfermedades olvidadas. Algunos países se opusieron, como Estados Unidos. –¿Por qué? –Porque se está hablando de crear flexibilidad y nuevos espacios para la investigación en medicamentos, y ese es uno de los sectores que Estados Unidos regula a través de la FDA (Administración de Medicamentos y Alimentos, por sus siglas en inglés), que es la entidad que controla todos los procesos cuando un medicamento va a salir al mercado. Es un negocio gigantesco. Y las empresas farmacéuticas más importantes también se oponen porque saben que van a cambiar las leyes de patentes. ¿Cómo es posible que estén muriendo miles de personas de VIH/sida en Sudáfrica y las grandes empresas digan: "A mí no me importa, yo sigo teniendo la patente y la voy a dar a un precio ridículamente alto"? –En relación con los medicamentos, ustedes como organización promueven una mayor investigación y un uso saludable. –Los medicamentos son muy importantes a la hora de tratar muchas enfermedades; no obstante, entendamos que la prioridad debe ser la vida de los seres humanos y no los procesos de negocios. Hay que reinstalar esa conciencia en la formación de los médicos y en la práctica médica. No porque me voy a ganar un viaje a Miami voy a prescribir cierto medicamento, no debe pasar por ahí; así es como estamos creando resistencia a muchos antibióticos. El medicamento nos ayuda a tratar enfermos, no enfermedades. –¿Se están realizando pruebas de medicamentos para las enfermedades olvidadas? –Sí. Hay investigaciones en Venezuela, Brasil y Argentina. El mundo académico de Argentina juntamente con el de Brasil han hecho análisis de la farmacocinética (estudio de la absorción, distribución, transformación y eliminación de un medicamento en un organismo) del benznidazol para el tratamiento pediátrico (del Chagas), que antes no existía. Con lo que MSF ganó por el Premio Nobel de la Paz en 1999, se cofinanció la fundación de una organización que se llama DNDI (iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas, por sus siglas en inglés) para que se dedicara a estimular los procesos de investigación de nuevos medicamentos y métodos de diagnóstico. La idea es encontrar medicamentos que no necesiten 60 días para tratar a un paciente, sino que requieran cinco, si fuese posible, y que sean tratamientos cortos y poco tóxicos. –Otra preocupación muy fuerte en América latina es el dengue. –Es otra de las enfermedades endémicas y que está en muchísimos países; en algunos lugares tiene picos, y en otros es mucho mas constante por los mismos factores climatológicos. Del dengue en los últimos cinco años se ha aprendido mucho de la transmisión, el tratamiento, la promoción, hasta la prevención. Es una enfermedad que no sólo mata: discapacita, deja a la población fuera de la producción por muchísimo tiempo. Tiene un alto impacto social-económico. Sigue siendo uno de los temas que hay que priorizar. –Con la crisis europea, algunos países como España recortaron los servicios de salud para los inmigrantes. ¿Cuáles son los riesgos de esta decisión? –Los riesgos son altísimos. Cuando se les pide a países como España hacer restricciones importantes en inversión de servicios sociales como salud, obviamente se saca a aquellos que no tienen estatus legal. Están condenando a miles de personas a quedarse fuera de los servicios básicos de salud. Quiero reconocer, a título personal, la actitud del sector sanitario de España, de decir que el acceso a la salud es universal y gratuito. Si siguen las restricciones a las inversiones de los servicios sociales, vamos a estar hablando de crisis humanitaria en la misma Europa. –La situación económica afecta también a África, que deja de recibir fondos para la lucha contra el VIH/sida. –Exactamente. El fondo global de medicamentos, que es una de las principales vías de financiación para cubrir las necesidades de retrovirales en África, Centroamérica y otros lugares del mundo, hoy pone la crisis económica como uno de los factores para reducir las inversiones. MSF y otras organizaciones les hemos demostrado que los fondos que destinan son ínfimos comparados con otros rubros. Reduciendo las cuotas o manteniéndolas, no es la manera en que van a salir de la crisis financiera. –MSF interviene en contextos de guerra. ¿Cómo responden a los intentos de manipulación de la ayuda humanitaria? –Tenemos que estar siempre analizando los contextos políticos para saber en qué momento un gobierno nos puede manipular. Pongo un ejemplo concreto: en Libia, en cuanto subió la nueva junta de gobierno, había un montón de prisioneros políticos que, por decirlo de alguna manera, estaban en los centros de detención. Llegamos y estaban heridos; se les proveyó los tratamientos adecuados. Luego, la nueva junta los volvió a capturar para interrogarlos. Los volvían a torturar y luego los dejaban en la clínica de MSF para que los atendiéramos. Lo dijimos públicamente, no cambiaron y nos retiramos. No nos vamos a dejar manipular. –¿Cuáles son los desafíos que afronta MSF? –La reducción del espacio humanitario es uno. Hoy es difícil llegar a los lugares porque los actores de la guerra tienen más conocimientos, y cuando saben que MSF va a entrar, saben también que vamos a hablar sobre la violación de los derechos humanos y nos reducen ese espacio. El otro gran proceso es la militarización de la ayuda humanitaria. Es terrible porque actores cuya agenda principal es la guerra van con el fusil a repartir comida. Estamos trabajando intensamente para que las fuerzas de la Otan (Organización del Tratado del Atlántico Norte), entre otros, entiendan que la ayuda humanitaria es para los actores humanitarios. Ellos no pueden confundir eso porque condenan a millones de personas y ponen en riesgo nuestros equipos.

Perfil

Luis Paiz Bekker es diplomado en Medicina Social y se especializó en Medicina Tropical y Epidemiología. Participó como jefe de misión, coordinador médico y de proyectos de MSF en Kenia, Georgia, Guatemala, Colombia, Brasil y México.