Poderosos caballeros
En El poder del bolsillo, Jorge Elías revela intimidades y manías de quienes gobiernan el mundo. Rogelio Demarchi.
Una reunión multilateral como la Cumbre Iberoamericana multiplica a la enésima potencia la posibilidad que brinda una reunión bilateral: registrar esos pequeños detalles que distinguen a presidentes y mandatarios y que, aunque para algunos sectores constituyen datos frívolos, se convierten en el eje de numerosas conversaciones. Me refiero a sus peinados, vestimentas, joyas, relojes, calzados, perfumes. Frívolo, según el diccionario, es lo ligero e insustancial, con cierto predominio de lo sensual. La combinación entre poder y sensualidad es de larga data. Por eso mismo, cabe pensar que lo frívolo, pasado cierto umbral, se vuelve algo muy serio, sobre todo si se habla de los máximos dirigentes de un país en particular.Desde esa perspectiva, y a lo largo de casi 20 años, Jorge Elías ha analizado la política internacional y ha entrevistado a algunos de los hombres y las mujeres más poderosos del mundo. El resultado es El poder en el bolsillo. Intimidades y manías de los que gobiernan (Norma, 2010), pleno de anécdotas, caprichos, obsesiones y curiosidades de quienes han gobernado un significativo número de países, desde 1990 hasta la fecha.La norteamericana Madeleine Albright usaba sus prendedores como parte de su lenguaje diplomático. El ruso Vladimir Putin no da una entrevista sin la presencia de su perro, un labrador negro que intimida a las visitas. La alemana Angela Merkel elabora todos los viernes la lista del supermercado para que su marido haga las compras. El chileno Sebastián Piñera considera que su reloj Toy Watch rojo es un talismán. El ex canciller argentino Rafael Bielsa llevaba siempre una sopapa en su valija. Silvio Berlusconi y Bill Clinton pierden la concentración por el mismo motivo: las mujeres. Algunos ejemplos de la amplia colección que Elías ha logrado con un método heterodoxo. ¿Qué lleva usted en el bolsillo?, ha sido su pregunta clave en todo este tiempo. "Presidentes, primeros ministros y otros pocos son los únicos seres del planeta que, como reyes y mendigos, pueden ir por la vida con los bolsillos y los bolsos vacíos. O casi. En ello reside el poder: en cargar cada vez menos cosas o simplemente nada, sin temor a no tener a mano aquello que precisen en cualquier momento y lugar. ¿Dinero? Nunca pagan. ¿Documentos de identidad? Nadie osaría pedírselos. ¿Tarjetas de crédito? No necesitan. ¿Llaves? Las puertas se abren por arte de magia frente a sus narices. ¿Gafas? Siempre habrá alguien dispuesto a alcanzárselas, al igual que un bolígrafo, un caramelo o lo que sea. ¿Licencia de conducir? Asunto del chofer".El poder transforma y sólo unos pocos se percatan de ello. En palabras de Lula, "cuando eres candidato vas a cielo descubierto, saludando, pero una vez que llegas a presidente te montan en un coche blindado y nunca más ves el rostro de los ciudadanos". Por el contrario, la mayoría de los poderosos juega a confundir lo público con lo privado para beneficio personal: "Conciben el poder como una herramienta a su disposición y se sienten libres de no rendir cuentas de sus actos".

