Un personaje con estatua
No hay muchos personajes literarios que hayan merecido una estatua pública, menos aún contemporáneos. Rogelio Demarchi.
No hay muchos personajes literarios que hayan merecido una estatua pública, menos aún contemporáneos. Una excepción es Salvo Montalbano, el comisario de Vigàta, esa pequeña localidad siciliana tan imaginaria como el Macondo de García Márquez, creada por Andrea Camilleri, a imagen y semejanza de su Porto Empedocle natal. Allí, no hace mucho, una escultura de tamaño natural de Montalbano fue emplazada en plena vereda, con las piernas ligeramente cruzadas y apoyado a un farol con su mano derecha.
La serie literaria de Montalbano conoció el año pasado, entre nosotros, su 17° título, mientras que en Italia ya alcanzó la veintena y su autor ha manifestado que dará por terminado el ciclo cuando se publique el par de libros que aún permanecen inéditos.
El campo del alfarero (Salamandra, 2011) es un típico ejemplo de la saga. El comisario disfruta de la comida siciliana al mediodía y a la noche, gracias a las cualidades gastronómicas de una trattoria y de su empleada, alternadamente. Discute cada tanto por teléfono con su novia Livia (nunca se ha casado), y tiene la sorpresiva y seductora visita de una amiga (sin ser un Don Juan, tiene gran éxito con las mujeres). Padece los eternos problemas de comunicación con sus subordinados, un conjunto de exóticos policías en línea con la tradición de la comedia italiana, que siempre le generan problemas y a los que en el fondo quiere como si fueran de su familia. El crimen que tiene que investigar amenaza con caer en el territorio de la brigada antimafia; para dilucidar el caso, recurre al ejercicio de hablar consigo mismo. Sufre los achaques propios de quien se acerca peligrosamente a la vejez (nacido hacia 1950, en cualquier momento cumple 60), algo que lo atormenta; y en sus ratos libres, lee, en esta ocasión, "un libro de Andrea Camilleri de unos años atrás que aún no había leído", que no es otro que La desaparición de Patò (Destino, 2002): "El libro, que recreaba un fragmento de una novela de Sciascia, hablaba de un tal Patò, serio e íntegro director de banco que se deleitaba interpretando el papel de Judas en la función anual del Mortorio, una representación popular de la Pasión de Jesús".
Todo tiene que ver con todo… En los Evangelios, se denomina "campo del alfarero" al terreno que se compra con las 30 monedas que recibe Judas tras entregar a Jesús; terreno sobre el que se levanta un cementerio especial para forasteros. Y en la novela, en las afueras de Vigàta, en un arcillar, aparece un cadáver troceado en 30 pedazos. ¿Un traidor? ¿Traidor a qué y quién?Políticamente incorrecto –según Pippo Ragonese, "el periodista príncipe de Televigàta", Montalbano es comunista–, y con alguna ayudita impensada del capo de la mafia, que no aspira a comprarlo sino a demostrarle respeto, velará para que sus subordinados queden a salvo de sanciones, aunque para ello tenga que entregarle los culpables a un comisario amigo.

