El pastor best seller
Bernardo Stamateas desde hace 20 años dirige una Iglesia Bautista, pero saltó a la fama gracias a los micros televisivos conducidos junto con su esposa, también pastora, y a sus libros de autoayuda.
Lejos de la imagen del pastor de Biblia en mano, desde que Bernardo Stamateas saltó de la Iglesia Bautista del barrio porteño de Caballito al vasto púlpito mediático se ha convertido en uno de los autores de autoayuda más leídos. También, en un imán de convocatoria asegurada en los ámbitos más diversos: políticos, instituciones de barrio, organizaciones no gubernamentales, empresas, auditorios académicos como Harvard, programas de televisión y de radio. Desde su punto de vista, el motivo de la aceptación de su prédica se debe a que ésta es más pragmática que religiosa: "La gente me fue conociendo y vio que no soy un fanático; que no pretendo que se haga evangelista. Mi mensaje tiende a fortalecer la estima".Antes del éxito editorial, alentado por la aparición de su libro Resultados extraordinarios en el reality Gran Hermano 2007, sumado a unos micros de publicidad en el Canal América y a la publicación de Gente tóxica , boom de ventas aquí y en el exterior, este pastor y psicólogo de 46 años se dedicaba a la tarea pastoral y a escribir libros teológicos. Lo hacía en la iglesia que preside desde hace dos décadas y a la que llamó Presencia de Dios. "Me crié en esta iglesia, venía desde que estaba en la panza de mamá. Tengo una herencia espiritual en el ADN", se ríe el prolífico autor, que trabajó un tiempo ad honorem en la Casa Rosada durante la presidencia de Néstor Kirchner. –¿Cuántos libros escribió? –Terminan de salir dos nuevos: Quererme más y Quiero un cambio . La verdad, dejé de contarlos, creo que 48. En realidad, no me siento a escribir. Doy charlas permanentemente, desde Harvard hasta el barrio más humilde de La Matanza, y luego las recopilo. –¿Cómo es el perfil de la gente que lo lee? –Es variado, gente de entre 30 y 60 años, también jóvenes. Mucha que nunca había leído y que por primera vez leyó uno de mis libros y me dice "lo entendí, lo pude aplicar". –¿Gente que tampoco había tenido contacto con la psicología? –Hay de todo. En general, es gente que ha hecho terapia, ¿quién no, en la Argentina?, y el libro es otro soporte. Me han escrito médicos y psicólogos que recomendaron mis libros a sus pacientes. Pero los libros no son mágicos. La gente te dice "me cambió la vida", pero porque leyó algo que lo llevó a un descubrimiento, o a confirmar algo que pensaba y a partir de ahí, con un proceso de introspección, producir los cambios. –¿Por qué cree que su discurso ha tenido tanta aceptación? –Porque la gente me fue conociendo, vio que no soy un fanático, que no pretendo que se haga evangelista. Y porque mi mensaje tiende a fortalecer la estima, distinto del clásico de la culpa y el sufrimiento. –¿Su iglesia también se sostiene con el diezmo? –Sí, todas las iglesias se sostienen con la colaboración de los fieles, y aquí hay comisiones que organizan y supervisan eso. –¿Cómo fue el salto a la popularidad? –Nada fácil. Escribí muchos libros de teología y hará seis años dije "basta, quiero llegar con mi mensaje a más gente". Llevé Resultados extraordinarios a varias editoriales, pero ninguna quería publicar el libro de un pastor. Un amigo me sugirió que lo publicara por mi cuenta, que él intentaría venderlo en la cadena de librerías donde trabajaba. Con unos pesos que tenía, publiqué mil libros y se vendieron. Mil más, se vendieron. Hasta que se interesó el director de una editorial para publicarlo. A los meses entró en la casa de Gran Hermano y empezaron a llamarme de los medios y otras editoriales, algunas de las que al principio me habían echado flit. –Qué momento… –¡Sí! Después tuve la alegría de dar charlas sobre cómo escribir un libro y no morir en el intento, en las que compartí mi lucha con las editoriales. Fue como una especie de venganza (se ríe). –Y llegó el boom con "Gente tóxica"… –Sí, fue un bombazo total. Este año en la Feria del Libro me van a dar el long-seller porque tengo cuatro best-sellers que se mantuvieron en el tiempo. –Hace un tiempo, una norteamericana lo denunció por plagio, ¿en qué quedó eso? –En nada. Fue una denuncia mediática de una psicóloga que dijo que le había plagiado el libro y el título. Lo cierto es que a la editorial nunca llegó la denuncia legal. –Volviendo a Harvard, ¿cómo llegó hasta ahí? –El año pasado me invitaron de la Escuela de Leyes a presentar Resultados extraordinarios . Y a dar charlas sobre estrés, relaciones humanas. En Washington también di conferencias, como en Europa. –¿Y aquí, ¿dónde se presenta habitualmente? –En casi todo el país. Salvando las distancias económicas, en Washington o en La Matanza los dramas de la gente son los mismos. –¿A usted también lo estresa el éxito? –Un maestro me enseñó algo que tengo muy presente. Éxito en conectar con tus sueños, y exitismo, conectar con los sueños de otro. Si vas detrás del exitismo, se sufre como un condenado porque no hay nada más variable que la opinión de la gente. Ahora, cuando nos conectamos con lo que nos gusta a nosotros, somos personas exitosas. Éxito son todas las metas que alcanzamos. –¿Y no teme correr la suerte de otros pastores mediáticos que terminaron escandalosamente? –No, yo me conozco, sé quién soy. Dicen que la capacidad te lleva a la cima y el carácter te mantiene ahí. Otros dicen que te contratan por tu capacidad y te despiden por tu carácter (se ríe). Lo importante es ser honesto con uno. –¿Sobre qué temas lo consultan más? –Las empresas me piden charlas sobre liderazgo, trabajo en equipo, comunicación. En los barrios me invitan los clubes, que me encanta y donde voy de onda –sin arancel–, y hablo mucho sobre autoestima, violencia, problemas con los hijos. Por ejemplo, Autoboicot nació de los barrios. Y me llaman gobernadores, intendentes, de todos los colores políticos, para hablar sobre liderazgo, pero de manera bien práctica. En la Casa Rosada di entrenamiento a las personas que contestaban las cartas que llegaban para Kirchner. –¿Fue un trabajo "ad honorem"? –Sí, durante casi ocho meses. Todo lo vinculado con los políticos es ad honorem . –¿De qué habla con ellos? –A muchos les llama la atención la convocatoria que tengo; me dicen "yo no convoco a tantos ni pagándoles". Y yo les digo que la gente está buscando otro discurso, el discurso del optimismo, pero del optimismo inteligente, no el optimismo estúpido. –¿No lo tentaron con alguna candidatura? –Me hicieron alguna sugerencia. Mi interés está en alentar un buen liderazgo. –¿Desde cuándo es el pastor de esta iglesia? –Creo que tenía 26 años, sí, desde hace 20. Mi mujer, Alejandra, también es pastora y sé que no encajamos con el estereotipo. –De hecho, todavía no mencionó a Dios. –No, no me preguntaste (se ríe). Es que hablamos con los pies en la tierra. Creemos que la iglesia fue creada para el más acá, no para el más allá, y que tenemos que mejorar la calidad de vida que es el regalo más grande que Dios nos dio. Toda nuestra teología gira en torno a eso. Yo creo mucho en la espiritualidad, poco en la religión. –¿Cómo es eso? –Por religión entiendo más los rituales, la institucionalización, la burocracia. Y a la espiritualidad como una vivencia interna, que te expande la mente.

