"Nuestros pueblos ya no se resignan a la pobreza"
Rodrigo Borja Cevallos, ex presidente ecuatoriano, considera que la crisis global se debe a que el Estado delegó en el mercado la función de gobernar.
Rodrigo Borja Cevallos, presidente de Ecuador entre 1988 y 1992, anunció hace ocho años que se apartaba de la vida política. En ese acto se impuso silencio sobre lo que sucede en su país, silencio que mantiene hábilmente sin privarse de hablar de política internacional y regional. Dedicado a la literatura desde hace 19 de sus 76 años, va por la cuarta edición de una enciclopedia de política. Tendrá 8.600 páginas y unas dos mil nuevas entradas o definiciones.Abogado de profesión y de impecable oratoria, cuenta que en los últimos años ha dedicado hasta 12 horas a su trabajo de investigación y escritura, interrumpidos casi exclusivamente para hacer deporte. Juega al tenis y al fútbol sala, en el que –recalca– se marca una contradicción con su vida política: mientras que en el campo está en la centroderecha, ideológicamente está ubicado en la centroizquierda. Borja Cevallos pasó por Córdoba para disertar sobre "Sociedad del conocimiento, las actuales democracias y los desafíos educativos de nuestros países" en el Consejo Para la Planificación Estratégica de Córdoba (Copec), invitado por la Comisión de Conocimiento y Cultura del organismo. Aunque crítico con algunos usos de las nuevas tecnologías (por indicar un caso, considera que el teleprompter, la pantalla que se ubica debajo de la cámara para que una persona pueda leer textos sin que el público lo advierta, permite aparentar cualidades intelectuales inexistentes), también les atribuye virtudes. Por ejemplo, el poder de organizar a los pueblos, hoy menos sumisos ante situaciones de injusticia. –¿Cómo impactan las nuevas tecnologías en la política? –Producen un cambio profundo, porque gracias a ellas tenemos los pueblos mejor informados de toda la historia. Por eso, ya no se resignan a la pobreza ni creen que sea inevitable, sino al contrario, creen que la pobreza debe superarse. La tecnología les permite también convocarse masivamente, al margen de los medios convencionales y al margen de las voluntades de los gobiernos. Entonces, se comunican como se comunicaron los indignados españoles por los teléfonos celulares, por ejemplo. –Usted fue el primer secretario general de la Unasur, ¿por qué dejó ese cargo? –Cuando se fundó Unasur, en la isla de Margarita, Venezuela, hace cuatro años, los 12 gobernantes me honraron al elegirme para la Secretaría General. Me entusiasmó ese destino, porque yo he tenido siempre una ferviente vocación de integracionista, en el entendimiento de que es uno de los más importantes instrumentos para impulsar nuestro desarrollo económico y social. Así que acepté muy gustoso la función, pero hice dos propuestas concretas: la primera, que la Unasur englobara a las dos entidades subregionales que hoy operan deficientemente, la Comunidad Andina de Naciones y el Mercosur; la segunda propuesta era que Unasur no se constituyera en una nueva tribuna en la cual los presidentes mostraran sus facultades oratorias, sino en una entidad ejecutiva, que hiciera cosas, que tuviera resultados concretos. Propuse lo primero porque me parecía absurdo que en nuestra América meridional funcionaran tres entidades dispuestas a hacer lo mismo: la integración económica. Esto triplicaba gastos, burocracias internacionales y, eventualmente, podría producir fricciones internas. En cuanto a la segunda propuesta, la hice porque creo que hay que terminar con la espuma retórica integracionista que nos ha torturado durante más de medio siglo. Los presidentes tienen decenas de tribunas donde pueden lucirse. Ninguna de estas dos propuestas fue aceptada y eso produjo mi renuncia a la Secretaría General, algo más de un año después. –Y lo sucedió Néstor Kirchner, de un perfil completamente diferente. –Yo no conocí a don Néstor Kirchner, no sé cómo era él. Pero a mí, lo que me apena es que se ha perdido una gran oportunidad de hacer integración. Piense usted que hay entre 30 y 40 obras de infraestructura fundamentales para América del Sur que aguardan que alguien las ejecute, y ese alguien no aparece. Entonces, mi misión era que Unasur fuera una entidad ejecutora de esas obras para darle un gran impulso a la integración regional. Piense usted que la integración es un instrumento de primera dimensión para el desarrollo. Tan importante es, que las grandes empresas transaccionales, a pesar de toda su fuerza, se han integrado entre ellas a través de procesos de megafusiones que comenzaron en 1998 y para unir capitales y tecnologías para ser más fuertes. –Pero en las viejas democracias europeas, la integración alcanzada parece haberlas complicado más en esta crisis. –No es la integración lo que las complica, sino la suplantación del Estado por parte del mercado. En las democracias europeas lo que ha ocurrido es que la entidad que dirige la economía no es el gobierno nacional sino el mercado. El mercado fija la cotización de la moneda extranjera y señala los rubros y cantidades de la producción. Es el mercado, en definitiva, el que maneja la economía. Entonces, es el mercado el que ha fracasado y ha conducido a esta crisis global. Es parte de un proceso que comenzó en los tiempos de la señora (Margaret) Thatcher en Inglaterra y del señor (Ronald) Reagan en Estados Unidos, que luego se llamó neoliberalismo. Eso es lo que ha llevado a las crisis norteamericana y europea, con ramificaciones y efectos en nuestra América latina. –¿Cómo nos afecta y afectará la crisis estadounidense y europea? –De muchas maneras. Piense, por ejemplo, en nuestros emigrantes. En Ecuador había millones de personas que no tenían trabajo y que fueron a buscar nuevos horizontes en Europa y Estados Unidos. Vivían muy pobremente allí, tenían trabajos mal remunerados, pero la crisis les ha quitado sus mal remunerados trabajos y ahora se mueren de hambre. Por otra parte, la crisis también baja el nivel de nuestras exportaciones. Si hay menos consumo por la crisis de Europa y Estados Unidos, entonces América latina exportará menos de lo que necesita para financiar su desarrollo. –¿A qué atribuye la discriminación contra los latinos en Europa y Estados Unidos? –Hay varias motivaciones que impulsan esta horrible conducta. Por un lado, hay brotes racistas, por ejemplo, de los blancos norteamericanos o europeos contra los mestizos latinoamericanos; y también de los negros norteamericanos hacia nuestros mestizos. Es decir, de ambos lados, del lado blanco y del lado negro se producen estas agresiones, especialmente en Estados Unidos, contra los inmigrantes de nuestros países. Esa es una de las motivaciones; la otra es el choque cultural entre los migrantes y los ciudadanos locales. Pero a mí lo que más me preocupa es que avanza la mentalidad antiinmigrante en esos países. A mí, no me preocupa mucho que los gobiernos tomen medidas contra la inmigración; lo que me preocupa es que en la opinión pública de los países receptores crecen el rechazo y odio hacia la población inmigrante. –¿Cuánto representan las remesas (envíos de dinero) de los inmigrantes ecuatorianos en Estados Unidos y Europa para la economía para su país? –Es el segundo monto de ingresos después del petróleo, que es nuestra principal exportación. –Si nos comparamos con los países desarrollados europeos o Estados Unidos, ¿quién está mejor ahora? –Mejor, nadie, pero menos mal, es difícil saberlo. Mire, es la crisis causada por la renuncia del Estado a gobernar. Tenemos estados fugitivos. Yo lo llamo "Estado desertor", porque renuncia a su función de gobernar y delega buena parte de las tareas de gobierno a los empresarios privados. Entonces, los empresarios privados, que no tienen ninguna solidaridad social, que sólo velan por sus intereses, han conducido al planeta a estas crisis brutales, porque no existe el gobierno que maneje con mano firme las economías nacionales.
Perfil. Rodrigo Borja Cevallos fue presidente de Ecuador entre 1988 y 1992, por el partido Izquierda Democrática (socialdemócrata).
Fue candidato, sin éxito, en otras tres ocasiones.
Es abogado y trabajó como periodista.

