Noticias en la red social
Siempre hubo rumores, versiones y trascendidos, pero la inmediatez de la Web potencia la repercusión de las informaciones falsas.
Existe un engaño que se conoce más o menos desde 1938. No sólo lo inventó Orson Welles, sino que además fue el primero en llevarlo a un límite artístico, de ciencia ficción, en su primera expresión masiva. El engaño consiste en inventar algo y difundirlo a través de un medio para que la gente piense que es cierto. En aquella precursora ocasión, Welles orquestó un radioteatro cuyo argumento consistía en la invasión de un grupo de marcianos, con una locución tan convincente –atenta a las entonaciones, los miedos, los gritos– que provocó olas de pánico en las poblaciones de Nueva York y New Jersey. Hablamos, claro, de su adaptación de La guerra de los mundos . Muchos años más tarde, con el arribo de nuevos medios de comunicación, el engaño encontró otras formas de volver a funcionar. Durante un tiempo el reinado fue televisivo, con informes falsos divulgados para que algunos cayeran en la trampa, práctica que aún hoy vuelve a utilizarse con cierta regularidad (el ejemplo más reciente lo dio CQC al inventar un romance que involucraba a uno de sus noteros). Pero hoy es suficiente con tener una conexión a Internet para sembrar estas noticias ficticias, un peligroso artificio que nos obliga a estar atentos como consumidores de información. Todos sabemos, aunque posiblemente no tomamos real dimensión del asunto, que lo publicado en la Web tiene el potencial de llegar a muchísimas personas. Eso hace que en la actualidad el chequeo de las fuentes informativas plantee nuevos desafíos al momento de estar actualizados. Si bien es una fuente de noticias invalorable, por su constante actualización, la red social Twitter ha sido también la gran propaladora de esta clase de bromas en los últimos meses. El último caso resonante fue la difusión de la altísima cifra que cobraría Diego Armando Maradona para dirigir por dos años el Al Wasl, el equipo de Dubai que lo tendrá como director técnico (nada menos que 34 millones y medio de dólares). El dato fue publicado por una cuenta en Twitter que supuestamente aporta información en español sobre el devenir de Maradona en el país árabe, pero luego se supo que quienes la manejaban no tenían ningún tipo de relación con el club de fútbol. De hecho, Alejandro Mancuso, colaborador del ex técnico de la Selección Argentina, debió desmentir la noticia.En nuestro país, el fenómeno muestra una actividad bastante candente. Algunos usuarios esparcen rumores falsos (la muerte de alguna celebridad, declaraciones distorsionadas de funcionarios, romances entre famosos, etcétera) y las publican con sus respectivos hashtags , para que se convierta en un tópico popular y su difusión sea mayor. Otros, en cambio, prefieren crearse cuentas muy similares a las de medios reconocidos, con cambios imperceptibles a simple vista, y desde allí contar hechos que nunca sucedieron. "En una sociedad transparente, en la que los mass media en que Gianni Vattimo pensaba en 1989 conviven con estas redes, el oficio del periodista se complejiza muchísimo, y caen algunas viejas premisas de los llamados medios 'tradicionales'", apunta Dardo Ceballos, docente y Coordinador de Contenidos Digitales Interactivos de la Universidad Nacional de Rosario. "El poder de estas plataformas comunicativas asociadas a dispositivos móviles pone en jaque a la producción periodística y debe generar replanteos en las redacciones, que se suman a los muchos que ya viene planteando el proceso mismo de convergencia digital", agrega. Ficciones verdaderas. Previo a la masificación de Twitter en Argentina, algunos usuarios del sitio Taringa! (tan discutido por estos días a raíz del procesamiento que afrontan sus dueños) inventaron noticias ficticias que sobrepasaron las pantallas de las PC para instalarse en ámbitos más tradicionales. Hubo un caso verdaderamente memorable (por lo absurdo) que sucedió en 2009, cuando se difundió por Facebook la receta de una supuesta nueva "jarra loca" llamada "Grog XD", un peligroso brebaje que consumirían los jóvenes antes de asistir a las discotecas, a modo de previa. Entre los ingredientes del cóctel, había querosén, grasa para ejes, algo llamado "scumm" y endulzantes artificiales. Aunque efectivamente existe una bebida con base de ron llamada Grog, esa mezcla inverosímil de ingredientes era la receta de un trago de fantasía muy conocido entre los fans de los videojuegos, porque ese "Grog" era lo que consumía el pirata Guybrush Threepwood, protagonista de Monkey Island, una exitosa saga para computadoras de la década de 1990. Se le agregó el "XD" para volverlo aún más ridículo, ya que esas dos letras forman un popular emoticón en el lenguaje del chat .Un noticiero televisivo porteño levantó la noticia, alarmado por la toxicidad de la bebida, y generó un previsible aluvión de opiniones sobre las conductas desviadas de la juventud. Mientras muchos elevaban el grito en el cielo, un escéptico doctor Cormillot se preguntaba qué sería eso llamado "scumm" y no arriesgaba a dictaminar los efectos de la bebida, para bien de su reputación. Mientras, en Taringa!, los usuarios no paraban de comentar lo gracioso de la situación.Al margen del humor, casos como el anterior despiertan quejas e incertidumbres. El año pasado, uno de los propietarios de Taringa!, Matías Botbol, estuvo de visita en Córdoba para ofrecer una conferencia en un festival de diseño. En aquella oportunidad, este cronista le consultó sobre el sitio como generador de agenda periodística, incluidas las noticias falsas. "Sabemos que Taringa! es una comunidad importante, que tiene fuerza, pero no nos detenemos en eso", sostuvo. "Es una cualidad más del sitio, pero nuestro foco está en otro lado. No es algo que estemos pensando y nos haga sentir más poderosos". Su respuesta deja entrever que no hay un objetivo específico de desacreditar a los medios tradicionales, si no que se trataría más bien de una consecuencia inevitable de la masificación de Internet primero y las redes sociales después. En ese escenario complejo, con cambios tan veloces, cabe preguntarse por el lugar que hoy les toca a los receptores de información. No hay una única respuesta, pero frente a nuevos medios que surgen cada día, apuntados a diversos públicos con temáticas cada vez más especializadas, lo más seguro es consumir noticias de sitios cuyo contenido nos ha demostrado ya su confiabilidad. Podrá ser un medio tradicional, un blog o una cuenta de una red social. Lo que importa a fin de cuentas no es la plataforma, sino la persona que está detrás.

