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"Necesitamos una pistola"

Sólo basta estar en el lugar equivocado para que la vida corra peligro. Los periodistas que sobreviven se encuentran entre el pánico y el descrédito. Juan Carlos Simo.

07 de octubre de 2012 a las 12:02 a. m.
Juan Carlos Simo | En Twitter: @juancsimo
"Necesitamos una pistola"
Periodistas por periodistas. En una protesta contra la violencia criminal y la impunidad (AP).

Una periodista le preguntó a un colega qué necesitaba. "Una pistola", fue la respuesta. Ella se preocupó: le dijo que con un arma no podría hacer nada. Luego escuchó la explicación que la enmudeció: "No quiero una pistola para defenderme de nada. Quiero una pistola para que no me dejen vivo" (ver gráfico). El diálogo ocurrió en Veracruz, 400 kilómetros al este del Distrito Federal, donde hacer periodismo se paga con sangre, como en muchos otros estados mejicanos. La que preguntaba era Daniela Pastrana, titular de Periodistas de a Pie, a quien de tanto ocuparse de los asesinatos de colegas ya casi no le queda tiempo para hacer periodismo. "Los de Veracruz me decían que están totalmente solos. A todos les prohibieron ir al velorio de los colegas. Ni la organización más entrenada ni más grande puede con lo que ocurre en el país, con el nivel de emergencia que tenemos", dijo Pastrana a este diario en un encuentro de periodistas y organizaciones que se llevó a cabo este año en Austin, Texas, del que participé, invitado por el Centro Knight para el Periodismo.Hace apenas unos días, a fines de septiembre, se conoció el exilio de Andrés Timoteo, justamente de Veracruz, que escapó a Francia. Son 16 los periodistas de esa ciudad que este año han debido huir del país, según el recuento de la prensa de México. La lista sigue abierta. En mayo pasado, tres periodistas de Veracruz fueron asesinados casi en simultáneo: Guillermo Luna, Gabriel Huge y Esteban Rodríguez. Lo llamativo es que dos de ellos ya ni siquiera se desempeñaban como periodistas. Es decir, ni siquiera dejando la profesión están libres de la amenaza del narco. "Los colegas de Veracruz –comentaba Pastrana en Austin– me decían que están totalmente solos. Les prohibieron ir al velorio de los colegas. En el caso de uno de ellos (Esteban Rodríguez), que estaba trabajando de mecánico, ni siquiera era periodista. Otro de ellos (Guillermo Luna) había estado ocho meses fuera del estado y acaba de regresar porque tiene una hija". Muchos de los asesinatos no tienen que ver con trabajos de investigación periodística que hayan desnudado maniobras de los carteles. Basta con una mención imprecisa, una fotografía… con estar en el lugar equivocado. Con ser familiar de una víctima anterior. En primera persona. Miguel Ángel López Solanas, ex periodista de Notiver , al igual que esos tres reporteros gráficos asesinados, lleva en sus ojos la marca imborrable del narco, porque vio asesinados en su casa a su padre (Miguel Ángel López Velasco), a su madre y a un hermano, en junio del año pasado. Y porque desde entonces se escapó al DF, donde vivió un tiempo albergado por el diario capitalino La Jornada y luego simplemente huyó con su esposa hacia Estados Unidos. Cuando habló con este diario, llevaba unos días trabajando como albañil en Austin, un oficio al que se aferraba cada vez que podía, por necesidad. Otros días simplemente trataba de conseguir asilo. Y desesperaba.Ante periodistas de toda América, Miguel contó en primera persona el drama de México. "Llegabas a un choque y corrías el riesgo de que te levantaran porque tomabas una foto", explicó. Así de simple una vida pasa a pender de un hilo."En México hay una impunidad tremenda que nutre a toda la violencia. ¿Por qué buscan al periodista? Porque ya doblegaron al empresario, al político, a la persona que tiene un rancho… ya doblegaron a un montón de personas que juegan un rol dentro de la sociedad. Al periodista no lo han podido doblegar y, por eso, lo asesinan", teorizaba Miguel Ángel.Su padre, de 55 años, era columnista en Notiver y tenía a cargo una sección llamada "Va de Nuez". Tiempo antes de ser asesinado, había comenzado a escribir más sobre cuestiones políticas que sobre la crónica "policiaca". Miguel intuyó, según dijo a este diario, que su padre sabía que comenzaba a correr riesgo. El 20 de junio de 2011 lo acribillaron, al igual que a su esposa Agustina Solana, y el hijo de ambos, Misael, de 21 años. Miguel Ángel hijo escapó de Veracruz y fue al DF. Era fotógrafo de Notiver y también corresponsal del diario La Jornada . "El periódico me dijo 'sal de ahí'. Llego al DF y ellos me contactaron con las organizaciones", explicó. Pero el temor y la ansiedad lo hicieron irse de allí cinco meses después. Incluso estuvo un mes oculto en Reynosa, hasta que se decidió a cruzar la frontera. "Viajamos con mi esposa en auto por todo el estado de Tamaulipas hasta que llegamos acá. Tuvimos la suerte de que no nos pasara nada", explicó. Tenía una visa precaria mientras se resolvía su situación. En los últimos días no respondió un correo electrónico enviado por este diario para que comentara cómo seguían sus días en el exilio. Desde mayo que no hace declaraciones. El descrédito. Poco después de que trascendió el caso de Miguel Ángel, hubo un durísimo editorial del diario Notiver en el que desestimaba una serie de reclamos laborales por él y por su padre asesinado. En un increíble párrafo de ese editorial, titulado "Así no es, Miguelito", le sugerían "entrevistarse con la DEA y el FBI –decirles todo lo que sabe–, que usted sabe bastante, estamos seguros de que si alguien sabe quién asesinó a su familia y por qué, es usted". E incluso remarcaba: "Tal vez hasta lo contraten como testigo protegido". Así se anotaba Miguel Ángel López Solanas en la larga lista de profesionales desprestigiados y sospechados de tener vínculos con el crimen organizado, en un país en el que hubo periodistas que durante el reinado del PRI pasaban a cobrar parte de sus sueldos por los despachos de las autoridades de turno. Miguel Ángel se pregunta: "¿Cómo alguien puede llegar a juzgar que alguien trabaja para el narco o no? Digo, no saben bajo qué circunstancias y la presión que ejerce la violencia en contra de nosotros. Es sobrevivir. No trabajas para el narco, solamente sobrevives".