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Menos acceso a la escuela, más desigualdad

“La segregación tiene un fuerte impacto sobre la calidad general del sistema (...) cuanto más segmentado es el sistema educativo, más bajo es su rendimiento”.

14 de noviembre de 2010 a las 12:02 a. m.
Menos acceso a la escuela, más desigualdad

Cecilia Veleda es doctora en Sociología de la Educación, y su trabajo apunta a describir las desigualdades educativas que se generaron en el período estudiado. Porque el ajuste, en esta área tan sensible, significó una ampliación considerable de las desigualdades educativas. "Lo que ha habido sobre todo es una mutación de las desigualdades; mientras que en el pasado éstas se reflejaban esencialmente en las posibilidades de acceder o no a la escuela, hoy las desigualdades se dan en el interior del propio sistema educativo, entre las provincias y las escuelas", explica. ¿Cómo se produce ese fenómeno? "Porque cada vez más alumnos van a la escuela desde el preescolar hasta la finalización de la secundaria –y esto supone una reducción de las desigualdades entre las provincias–, pero las oportunidades de contar con condiciones materiales adecuadas para el aprendizaje o de lograr aprendizajes significativos varían mucho según la provincia en la que el alumno vive y la escuela a la que asiste. Esta situación es el efecto de distintos procesos: el aumento de la pobreza y la desigualdad social, la masificación escolar en el nivel medio y la ineficacia de las políticas educativas para garantizar una distribución más justa de la educación", agrega Veleda. –¿Una imagen del ajuste sería la desaparición de aquella escuela pública en la que el hijo del rico y el hijo del pobre eran compañeros de banco? –En contraste con la impronta integradora de la escuela pública que predominó en el nivel primario históricamente en la Argentina, la segregación social de los alumnos entre las escuelas es un fenómeno que se acentúa desde mediados de la década de 1970. La segregación socioeducativa responde también a causas conjugadas, como la separación de las distintas clases sociales en el espacio urbano, el deterioro de la escuela pública, la intensificación de las estrategias educativas de las clases medias y el escaso debate de este problema en el campo político. En todo caso, tanto las desigualdades entre las provincias como la segregación son menos el resultado de un ajuste como sinónimo de retirada del Estado y desinversión, que la consecuencia del descalabro social acontecido en el período, la fuerte incorporación de nuevos alumnos en el nivel medio y la insuficiencia e inconstancia de las políticas para limitar las desigualdades entre las provincias y las escuelas en este contexto. –La dictadura transfirió a las provincias servicios educativos al mismo tiempo que quintuplicó el apoyo económico al sector privado. ¿Por qué las gestiones democráticas que vinieron luego no pudieron revertir estas políticas? –Ambos procesos retoman su curso en la década de 1990, con ciertas diferencias respecto de la década de 1970. A diferencia de la transferencia de las escuelas primarias bajo la dictadura, la transferencia de escuelas secundarias y terciarias durante el menemismo fue acompañada de una transferencia de los fondos correspondientes del gobierno nacional a los provinciales. Si bien la Ley de Transferencia de 1991 no tuvo ninguna motivación propiamente educativa sino más bien económica (liberar al gobierno nacional del financiamiento de la educación), la Ley Federal de 1993 otorgó otro sentido a la transferencia, al precisar un nuevo esquema de atribuciones entre el gobierno nacional y los gobiernos provinciales. En el marco de esta descentralización se dio, efectivamente, un aumento de los aportes al sector privado, que en el promedio de las provincias pasó de representar el 7 por ciento del gasto educativo total en 1993 al 10,1 por ciento en 2001. Las lógicas y motivaciones que explican esta expansión varían mucho entre las provincias. Mientras que en algunas se trató de equiparaciones salariales con el sector público una vez recibidas las escuelas del ámbito nacional, en otras se respondió a las presiones de los representantes del sector privado (la Iglesia, en particular) y en otras a la racionalidad económica, ya que, en un contexto de expansión del sistema, el financiamiento del sector privado evita los costos de construcción. De todos modos, en varias provincias el financiamiento del sector privado se mantuvo estable y en otras se redujo. No puede plantearse que el aumento del financiamiento al sector privado responda a una lógica de ajuste unilateral. La realidad fue más compleja. –¿La fragmentación social, la selectividad socioeconómica del sistema educativo y los resultados escolares van de la mano? –Totalmente. La fragmentación social redundó en una mayor segregación socioeducativa (es decir, una separación creciente de los alumnos entre las escuelas según su condición social). Y la segregación tiene un fuerte impacto sobre la calidad general del sistema. Como lo muestran diferentes estudios, cuanto más segmentado se encuentra un sistema educativo, más bajo es su rendimiento general, como efecto de las relaciones horizontales entre los alumnos y de los alumnos con los docentes. La homogeneidad social en las escuelas disminuye las oportunidades de influencia mutua entre los alumnos más y los menos avanzados –generalmente también los más y menos favorecidos en términos socioeconómicos–, fenómeno denominado "efecto par". Además, la concentración en una misma escuela de alumnos desfavorecidos influye sobre las prácticas de los docentes, que en su mayoría tienden a tener bajas expectativas respecto de los progresos posibles de los alumnos, enseñar un currículum diluido, o destinar menos tiempo a las tareas pedagógicas que en otros contextos, lo que impacta negativamente sobre los aprendizajes. –¿Cómo impacta el ajuste sobre la docencia? Pienso en valoración social, formación, salarios, condiciones laborales. –El deterioro del prestigio, los salarios y la formación docente fue muy significativo durante ese período. Ninguno de estos aspectos ocupó un lugar central en la agenda de ninguno de los gobiernos que se sucedieron, e investigaciones recientes muestran que las tres son dimensiones centrales para la calidad y la justicia educativa. –Que entre 1970 y 2001 la tasa de escolarización primaria haya subido y que la del secundario se haya duplicado, podría hacer pensar que se hicieron las cosas bien. –Efectivamente, la inclusión educativa fue importante durante el período, sobre todo en el nivel medio. Ahora, todo proceso de masificación es complejo, no sólo en la Argentina sino en cualquier país, ya que se incorporan al nivel los sectores más desfavorecidos de la población y la matriz de la escuela media no está preparada para esto. Por eso, la inclusión tiende a generar, indirectamente, mayor segregación. Mientras que algunas escuelas tienden a congregar a las clases medias, otras deben atender a los sectores populares. Quiero señalar que sólo con la inclusión no alcanza, que esto no es sinónimo de igualdad cuando lo que se enseña en las escuelas difiere mucho entre una y otra. Por esto menciono lo que muchos plantean: la necesidad de pasar de una visión de la igualdad como "iguales posibilidades de acceso a la educación" a una visión centrada en "igualdad de resultados".