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Médico se nace

Daniel Pizzi, director del Hospital Pediátrico del Niño Jesús. Es director del Hospital Pediátrico del Niño Jesús y lleva 30 años trabajando allí.

12 de septiembre de 2010 a las 12:02 a. m.
Rosana Guerra (Especial)
Médico se nace

–¿Alguna vez se arrepintió de haber elegido la medicina como carrera? –Nunca. No me arrepiento para nada. Si volviera a nacer volvería a elegir esta carrera, porque me apasiona lo que hago. –Si tuviera que enumerar tres cosas que le faltan actualmente al Hospital Pediátrico, ¿cuáles serían? –Las demandas de salud son infinitas y jamás voy a poder decir que a este hospital no le falta nada. Necesitamos más presupuesto para capacitar personal y para tener mejor aparatología. Al aumentar la cantidad de pacientes, tenemos carencia de recursos humanos y por ahí las esperas se hacen largas. Atendemos a casi mil niños por día, con o sin turnos, vienen de todos los barrios de la ciudad y también de otras provincias. –Si tuviera qué decir cuál es el principal atributo que tiene este hospital, ¿cuál sería? –La calidad del recurso humano es maravillosa, tiene mística. Quizá esto se debe a que cuando el hospital se cerró en 1999, la gente fue trasladada a otros nosocomios y luego cuando se abrió de nuevo, regresaron los que quisieron volver. Aún de paro, con legítimos reclamos, nunca se dejó de atender a un niño. –¿Qué sintió cuándo cerraron el hospital en 1999? –Una impotencia total. Fue una lucha muy grande que tuvimos con el ex gobernador Ramón Mestre, que decidió cerrarlo. Una locura, estaba indignado, fue una masacre a la salud pública. Las madres lloraban desesperadas porque sus niños se quedaban sin hospital, los alumnos defendían sus aulas, el personal de salud luchó a destajo y siguió atendiendo a pesar de las medidas. Fue una situación difícil. –¿Por qué cree que se cerró el hospital? –Todavía no comprendo. Fue una locura intentar cerrar éste y otros efectores de salud cruciales para la atención de la demanda de salud pública –¿Cree que es posible solucionar los problemas de salud pública en nuestro país en el corto plazo? –Me voy a morir sin ver que se solucionaron los problemas de salud pública en Argentina. A pesar de que Córdoba, Buenos Aires y Mendoza son las provincias con más fortaleza sanitaria en el país, nuestra provincia tuvo un crecimiento sostenido en la cuestión sanitaria y esto es importante porque viene de enfrentar gestiones sanitarias desastrosas. –¿Por dónde cree que pasan las prioridades? –Lo más importante es cubrir las necesidades básicas insatisfechas de los sectores más vulnerables, instalar redes de agua potable y redes de eliminación de excretas. Más que hacer más hospitales. Porque en la medida en que tengamos contaminadas nuestra aguas, suelos, evidentemente, las enfermedades emergentes como la fiebre amarilla o el dengue, van a seguir existiendo. –¿Cuáles son las situaciones que le generan más estrés? –En esta profesión uno siempre tiene estrés y esto va a pasar hasta que me muera. Atender niños con patologías graves o que pasan situaciones dolorosas es estresante. Si la enfermedad tiene una solución fácil o uno la conoce, el estrés es menor pero cuando uno está ante una situación desconocida que no sabe cómo se va a resolver, el estrés es inevitable. –¿Y cómo lo maneja? –Como mi profesión es muy sedentaria y siempre voy del consultorio al auto y del auto al consultorio, tres veces por semana voy al gimnasio para hacer un poco de actividad física. Hago cinta, bicicleta, algo de aparatos y además voy al sauna. No fumo pero como mucho. Trato de salir con mis amigos y divertirme. –¿Cuál es la clave para atender a niños enfermos y padres angustiados? –Atendemos a familias que además ser pobres tienen hijos enfermos y esto genera una angustia amplificada. Lo importante es que un médico logre quitarle la angustia a los padres y al paciente, más allá de que después le cure la enfermedad al chico. La urgencia la define el paciente, no la enfermedad. El día que perdamos esta mística, tenemos que pensar que nos equivocamos de carrera. –¿De qué se quejan habitualmente los médicos? –Y... algunos se quejan de que los padres recién traen a sus hijos un día a las dos de la mañana cuando hace tres días que están con un cuadro de fiebre. Les explico que están angustiados y tienen miedo y que a nadie le gusta levantarse a esa hora para ir al médico. Insisto si en algún momento perdamos esa mística, tendremos que cambiar de carrera. –¿Qué opina sobre los sistemas de salud que se basan en la atención médica a domicilio? –Estoy convencido de que si estos planes están bien implementados y monitoreados son exitosos. Hay situaciones familiares como la violencia familiar o las adicciones, que se detectan más fácilmente si el profesional se acerca a la situación de vida de los pacientes. –¿Cree que es factible implementar en todo el país un sistema de medicina familiar a domicilio? –Sí. Se puede lograr, porque no sobran médicos sino que en algunos lugares están mal distribuidos. Habría que insistir más en la formación de médicos generalistas, porque uno de los problemas más graves de la salud pública en nuestro país es la falta de accesibilidad al sistema sanitario que tienen muchos pacientes.

Ficha personal

En 1971 ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Córdoba y ese mismo año comenzó a trabajar ad honórem en el Hospital Pediátrico. Se recibió en 1978 y mientras se especializaba en oftalmología fue Presidente de la Asociación Médico Gremial de esa casa. Cuando se cerró el Hospital, en 1999, Pizzi se transformó en uno de los referentes que luchó para que se reabriera. Luego de la reapertura asumió como director.