La primera dama
En Intimidad y política. Diario, cartas y recuerdos, María Gabriela Mizraje compila escritos de Mariquita Sánchez de Thompson. A través de ellos se revela la personalidad e inteligencia de una mujer adelantada a su época. Rogelio Demarchi.
Se llamaba María de Todos los Santos Sánchez, pero desde la primera Billiken que atesoramos siendo muy niños, con detalles de la gesta independentista, para nosotros fue Mariquita. En más de un sentido, la primera dama de nuestra historia. Y sin pretenderlo, una gran escritora. Basta leer Intimidad y política. Diario, cartas y recuerdos (Adriana Hidalgo Editora, 2010, edición crítica de María Gabriela Mizraje), una inteligente compilación que reúne el diario que escribió para Esteban Echeverría, los recuerdos de la época colonial que entregó a Santiago Estrada, y parte de su epistolario (más de 100 cartas destinadas a personas del entorno familiar y a grandes hombres de nuestra historia). Mariquita Sánchez (de Thompson primero, de Mendeville más tarde) se casó dos veces, tuvo ocho hijos, en su casa se estrenó el Himno Nacional y fue la primera que lució en Buenos Aires un coche tirado por caballos. Nacida en 1786, murió en 1868. Su vida pública comienza en 1804 cuando, siendo menor de edad, le presenta al recién llegado virrey de Sobremonte una protesta contra el matrimonio que le habían arreglado sus padres argumentando que estaba enamorada de otro y que hacía ya tres años que chocaba contra la intransigencia de sus progenitores. Sobremonte le dio la razón y así pudo casarse con Martín Thompson. Como apunta Mizraje en su "Estudio preliminar", desde entonces para Mariquita lo privado se tornó público. No basta decir que fue revolucionaria para definir su posición. Fue mucho más que eso: una mujer capaz de pensar con absoluta libertad cualquier tema y que no dudaba en escribir su opinión, salvo cuando temía que su correspondencia fuera interceptada. En carta a una de sus hijas, dejó constancia de su crítica al matrimonio: "¿Quién diablos inventó el matrimonio indisoluble? No creo esto cosa de Dios". En el diario que redactó durante el bloqueo francés, no dudó en relativizar lo que escribía al comprender que estaba en medio de lo que puede calificarse como una "guerra informativa": "Es imposible descubrir la verdad. Así, mi diario no asegura como tal sino muy pocas cosas que puedo garantirlas", explica el 30 de julio de 1839. Y el 18 de septiembre insiste: "Cansa el escribir una noticia que se tiene por indudable y que a media hora se desmiente". Apenas comienzan sus recuerdos del virreinato, señala los factores que sostuvieron el sistema colonial: "Tres cadenas sujetaron este gran continente a su Metrópoli: el Terror, la Ignorancia y la Religión Católica".También tiene, por supuesto, palabras de mujer coqueta. Al invitarlo a Juan Bautista Alberdi a festejar su cumpleaños, cataloga la fecha como "mi día de tormento", y agrega: "Quién sabe si cumplo un siglo". Y a Sarmiento, que, se dice, cayó cautivado por una madura Mariquita que le llevaba 25 años, lo reta con picardía: "Usted es un injusto, no se contenta con la política y los muchachos y quiere pelearse con las mujeres ¡y no sabe qué malos enemigos son!".Por todo ello, Mariquita es un ejemplo de libertad y compromiso.

