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La operación Eichmann

Como otros criminales de guerra, el ex jerarca nazi encontró en la Argentina un refugio en el que pudo vivir bajo una identidad falsa.

09 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Jorge Camarasa (Especial)
La operación Eichmann

Bancalari, norte del Gran Buenos Aires; 11 de mayo de 1960.

Veinte minutos después de las 8 de la noche, un colectivo se detiene en la esquina de la calle Garibaldi con la ruta 202. El único pasajero, un hombre flaco, semicalvo y con anteojos, baja de un salto y comienza a caminar hacia la casa de ladrillos que está a mitad de cuadra.

La noche es oscura y fría, y la negrura disimula un coche estacionado unos metros más allá, hacia donde camina el hombre. Es un auto negro, tiene el capó levantado, y alguien parece trabajar en el motor. El caminante apura el paso. Como todas las noches, Vera y los chicos lo están esperando.

Al pasar frente al auto el hombre mira de reojo, y en ese momento la figura borrosa que está bajo el capó se alza de golpe. "!Momentito!", le dice en un español forzado, y se le echa encima derribándolo. Otros tres hombres, como salidos de las sombras, acaban de inmovilizarlo y lo meten en el asiento trasero del coche, que sale disparado hacia la Panamericana.

No han hecho 200 metros cuando el hombre que maneja le dice al prisionero en alemán: "No se resista y no le pasará nada. Si intenta escapar, lo matamos".

"Acepto mi destino", responde el pasajero, y ya no vuelve a hablar.

Aquella noche de invierno, en los suburbios de Buenos Aires, a Adolf Eichmann, 54 años, alemán, teniente coronel de las SS y acusado de ser el burócrata organizador del Holocausto, la Historia le cayó por fin encima y lo aplastó bajo su peso.

Hasta aquel miércoles 11 de mayo de 1960, Adolf Eichmann había vivido 15 años de libertad regalada. Estaba resignado a la pérdida de honores y de poder, a moverse con un nombre falso en un país extraño y a que sus hijos lo llamaran tío, pero hasta entonces había logrado escapar a sus perseguidores.

Durante mucho tiempo lo había ayudado su condición de hombre gris, pero hubo un momento en que su suerte empezó a cambiar.

¿Quién era Otto Adolf Eichmann? Hijo mayor de una familia con cinco hermanos, había nacido en marzo de 1906 en Solingen, Alemania, y allí vivió hasta que sus padres se mudaron a Austria. En 1932 se afilió al partido nazi, y en abril de ese año ingresó en las SS. En 1934, de regreso en Alemania, fue destinado a la sección Judíos. Faltaba un año para que el Reich promulgara sus leyes raciales, y el joven Eichmann comenzaba una carrera que lo llevaría al patíbulo.

En 1937 viajó a Palestina para observar de cerca el movimiento sionista, y para 1938 estaba en Viena organizando las primeras deportaciones de judíos. Era frío, meticuloso y preciso; un hombre eficiente. Un año más tarde, tras la invasión a Checoslovaquia, haría lo mismo en Praga.

Para entonces, estaba trabajando en una idea alocada: instalar a los judíos europeos en Madagascar, frente a las costas africanas. El proyecto fracasó porque la guerra ya había comenzado, los ingleses dominaban los mares y el traslado era imposible. Eichmann ya era coronel y dependía de Heinrich Müller, el jefe de la Gestapo, y desde 1942 se haría formalmente cargo de la logística de las deportaciones de prisioneros a los campos de exterminio de Auschwitz, Maidanek, Belsen, Sobibor y Treblinka, entre otros, y en 1944 dirigió en persona la persecución contra los judíos de Hungría.

Fue su último trabajo antes de que el Tercer Reich y los sueños delirantes de Adolf Hitler se hicieran añicos. Con la caída de Berlín, durante las primeras horas de mayo de 1945, Adolf Eichmann se evaporó.

Después de los juicios celebrados en Nuremberg en 1946, y durante los cuatro años siguientes, vivió a los saltos, como muchos de sus camaradas fugitivos. Fue cambiando de nombre y de lugar de residencia, cayó preso un par de veces, pero no hubo nadie que lo identificara en el desorden caótico que era Europa, y consiguió escaparle al destino hasta que las miradas de los investigadores poco a poco empezaron a posarse sobre él.

¿Qué había sido de aquel burócrata de la muerte, de aquel hombre gris para quienes sus víctimas eran números en una planilla?

Para cuando empezaron a buscarlo, había desaparecido.

Refugio seguro. Según se sabría después, Adolf Eichmann llegó a la Argentina el 15 de julio de 1950. Lo hizo con un documento de la Cruz Roja que lo identificaba como Ricardo Klement, e ingresó al puerto de Buenos Aires en el barco Giovanna C, que un mes antes había zarpado de Génova.

La Argentina de entonces era un refugio seguro para miles de nazis, muchos de ellos criminales de guerra, que habían precedido a Eichmann. Antes que él habían llegado Joseph Mengele, Erik Priebke, Joseph Schwammberger, Ludolf von Alvensleben, que se había escondido en Santa Rosa de Calamuchita, y otras docenas de prófugos alemanes, croatas, holandeses, franceses y ucranianos, que rápidamente se asimilaban al tolerante país de entonces.

Juan Domingo Perón, el presidente, frecuentaba a muchos de ellos, y algunos eran empleados en ministerios, policías provinciales, organismos oficiales y fuerzas armadas. Meticulosa y prolijamente, el gobierno rechazaba los pedidos de extradición que iban entrando.

Eichmann llegó solo y su familia (su esposa, Vera, y los tres hijos del matrimonio) lo alcanzaría dos años después. Para cuando la mujer y los chicos llegaron, Eichmann trabajaba y vivía en Tucumán, empleado en la empresa de otro nazi, el capitán de las SS Carlo Fuldner, que era funcionario de la Presidencia de la Nación.

La empresa se llamaba Capri y el trabajo consistía en aforar y medir el caudal de algunos ríos montañosos.

En esa tarea lo conoció José Darmanín, docente en la universidad local, adonde el coronel iba para reportar su tarea a Armin Schoklist. Este último era el jefe del Departamento de Hidrografía de la Universidad de Tucumán y en ese tiempo trabajaba además como consultor de Capri.

"Me lo presentaron como Richard Klement, y hablábamos en francés. Eran charlas circunstanciales sobre el trabajo que hacía, la hidrografía en las sierras, el clima", dice Darmanín.

Por entonces, Eichmann se movía entre Graneros y La Cocha, en el sur de la provincia, y después se mudaría a Las Estancias, ubicado en el límite entre Tucumán y Catamarca. La familia vivía con él en el monte tucumano, y los chicos iban a modestas escuelas rurales.

En 1953, con el trabajo terminado, el grupo regresó a Buenos Aires.

Para los tres hijos (Klaus, de 17 años; Horst, de 13, y Dieter, de 11), ese hombre que vivía con ellos y su madre no era su padre sino un tío llamado Klement. Su padre, decían, había muerto en la guerra.

Al llegar a la capital se instalaron en Florida, al norte de la ciudad, y, después de algunos empleos temporarios, Eichmann consiguió trabajo como electricista en la planta de Mercedes Benz en González Catán.

En 1955 nació Ricardo, el cuarto hijo de la pareja, y al poco tiempo la familia compró un terreno en Bancalari, y empezaron a levantar una casa. A principios de 1960, cuando estuvo lista, se mudaron. La casa estaba en la calle Garibaldi.

El comando. Los miembros operativos del Mossad que harían el secuestro y el traslado del prisionero a Israel habían empezado a llegar a Buenos Aires a fines de abril de 1960.

Además de Zvi Aharoni, que arribó identificado como un ejecutivo alemán, habían llegado Abraham Shalom, Yaakov Gat y Efraín Ilani. Desde Chile y Uruguay, para no llamar la atención, habían venido Yitzhak Nesher, Zeev Keren, responsable de alquilar las casas que se utilizarían como escondite y de los coches para el secuestro, y Zvi Malchin. En Buenos Aires ya esperaban Rafi Eitan; el director del Mossad, Isser Harel, un médico identificado sólo como "el doctor", y Dany Shalom, un experto en falsificar documentos.

Desde unas semanas antes, la vigilancia sobre "Klement" se había intensificado con un grupo de apoyo local.

Se habían tomado fotos del lugar donde vivía y trabajaba, se habían diseñado rutas de llegada y escape y se habían empezado a resolver los últimos detalles logísticos. La última comprobación efectuada descartaba cualquier duda razonable: el 20 de marzo de 1960, en el 25º aniversario de casamiento de Adolf Eichmann con Vera Liebl, en casa del "señor Klement" había habido una celebración.

Ni el grupo operativo ni el de apoyo tenían contacto con la embajada ni los organismos de la comunidad, y el gobierno argentino estaba en el limbo.

En el país se preparaban los festejos por los 150 años de la Revolución de Mayo, y entre los invitados oficiales estaba el Estado de Israel, que había prometido enviar una delegación. Jerusalén cuidaba las formas para no despertar sospechas, y eso después le sería reprochado: en el avión que traería a los invitados, el comando se llevaría a su presa.

¿Dónde fue secuestrado? Cincuenta años después de la captura de Adolf Eichmann el 11 de mayo de 1960, aún quedan zonas oscuras sobre lo que en verdad ocurrió aquella noche y en los 10 días siguientes.

Todavía hoy no se sabe el número de personas que intervino en la operación, cuántas casas y autos se utilizaron, dónde retuvieron al prisionero hasta sacarlo del país y con qué grado de colaboración local contaron.

Ni siquiera, pese a la historia oficial contada desde entonces, hay certeza de que el secuestro haya ocurrido en verdad frente a la casa del criminal en la calle Garibaldi de Bancalari.