La Córdoba de 1810
Un recorrido por nuestra ciudad hace 200 años. Dónde vivían las personalidades que protagonizaron aquellos tiempos fundacionales.
El padre Grenón escribió un pequeño libro lleno de nostalgia que tituló Álbum ilustrado de nuestras casas que fueron . Con antiguas fotografías e ilustraciones, sentimos, al hojearlo, la pérdida de parte de nuestra historia con la desaparición de muchas casonas pues, como dicen Julio Lemaire y M. Leguizamo, "Soñar con el pasado es despertar a todos los hombres que llevamos dentro de nosotros, es prolongar el otro lado de la cuna, es gozar mostrando que todo nuestro ser tiene raíces muy profundas, y gozar también del haber vivido tanto antes de haber visto la luz".
La última frase plantea un pensamiento común a ciertos estudiosos: estas tierras no nacieron en 1810, sino mucho antes, con los indígenas primero, con los conquistadores después, con los esclavos luego, para fundirse finalmente, dolorosamente, en aquel Mayo legendario.
Algo ha quedado de las hermosas construcciones que albergaron los hogares de aquellos hombres que, enfrentados al perjurio, prefirieron perder la vida y no el honor, lo único que podían legarle a sus hijos; bien sabían que, de sostener el juramento, les quitarían todas sus propiedades.
Entre aquellas casas de entonces -algunas de ellas, mansiones- ha sobrevivido hasta nuestros días la que llamamos -erróneamente- "la Casa del Virrey Sobre Monte".
La Casa del Virrey. Construida a principios del siglo XVIII, es uno de los pocos ejemplos de la vivienda privada que sobrevive en Córdoba.
Ordenó edificarla, a principios del siglo XVIII, doña Laura Ladrón de Guevara, aunque las obras demandaron muchos años. Posteriormente, una de sus sobrinas la recibió como dote al casarse con un distinguido comerciante español, don José Rodríguez. Éste amplió la residencia, agregándole detalles que le dieron un particular encanto. Estaba ubicaba en la Calle Real -anteriormente Carrera de San Jerónimo-, hoy Rosario de Santa Fe.
La casa adquirió renombre por haber sido la morada, desde 1783 a 1797, del marqués de Sobre Monte, primer gobernador intendente de Córdoba y luego virrey del Río de la Plata. Sobre Monte, si bien no era su propietario, se preocupó de mejorarla. Debido a los muchos años que vivió en ella, se la llamó la "Casa del Virrey".
Al morir don José Rodríguez, su viuda debió rematar la casa para cubrir las deudas. Fue adquirida por don Antonio Fragueiro, prestigioso comerciante, que recién la ocupó cuando Sobre Monte terminó su gestión.
Los Fragueiro la habitaban para la época de la Revolución de Mayo de 1810, y la familia retuvo la propiedad hasta comienzos del siglo 20.
Se cree que la casa fue construida por dos jesuitas famosos, Prímoli y Bianchi, que por entonces dirigían importantes obras en Córdoba.
La casona, distribuida en dos plantas, con cinco patios y 26 habitaciones, fue admirada por su suntuosidad. La construcción en piedra y ladrillo le prestó extraordinaria solidez.
La belleza de los muros bolseados y la nobleza de la cal le daban un aspecto sereno y cálido, acentuado por patios repletos de plantas y flores: limoneros y naranjos, glicinas, jazmines, madreselvas, calas y granados, rosales y geranios eran los preferidos de la época.
Orgullo de los cordobeses, Rodolfo De Ferrari Rueda, en Córdoba y sus monumentos históricos coloniales , la señala como: "Símbolo testimonial de hidalguía, suntuosidad, riqueza y señorío de nuestro pasado."
Para no contradecir nuestro carácter, mientras Buenos Aires cree que Sobre Monte fue un cobarde y un inepto gobernante (sin que alguno lo tilde de funcionario corrupto) Córdoba rescata sus obras públicas, su buen gobierno, su generosa predisposición para servir al pueblo.
Durante una feroz epidemia, no dejó de asistir y asilar a enfermos sin remedio, desdeñando el peligro de contagio. Creó más escuelas que ningún otro gobernante, y puso a Córdoba entre las ciudades más adelantadas de Sudamérica.
En esa casa recibía amigos y vecinos; entre ellos, al primer dramaturgo argentino, Cristóbal de Aguilar, hombre de muchas luces y pocos dineros, con quien tenía una cordial amistad. El gusto por la música y la poesía los unía en amenas tertulias con Victorino Rodríguez, Nicolás Pérez Del Viso, José Díaz, José Paz (padre del luego famoso general José María Paz) y otros notables que luego se embanderarían en monárquicos o revolucionarios.
Aguilar solía pasar las tardes leyéndole sus escritos. La "Casa del Virrey" ha quedado representada en muchas de sus comedias.
Quizás el amor que le tuvieron todos sus propietarios, quizás la nobleza de su construcción y la belleza de sus líneas, quizás el espíritu de los hombres que pasaron por ella, ayudaron a salvarla de la picota. Sus muros han visto pasar 300 años de nuestra historia.
El palacio del gobernador. La casona llamada "Palacio del Gobernador" perteneció, hasta principios del siglo XIX a la familia Sáenz Bravo. Fue levantada frente a la plaza San Martín (Rosario de Santa Fe), ocupando los números desde el 67 al 79, lo que nos habla de su importancia.
En ella residió el brigadier Juan Gutiérrez de la Concha, que fue el último gobernador intendente del Reino de España con asiento en Córdoba.
Construida probablemente a fines del siglo XVIII, tenía dos plantas, como la casa del marqués de Sobre Monte. Se entraba en ella por un gran portal, y su frente estaba realzado por importantes balcones trabajados en mampostería. El primer patio, llamado "de honor", era espacioso y estaba embellecido con aljibe, poyos, enredaderas y plantas.
Gutiérrez de la Concha, oriundo de España, pertenecía a la nobleza y había tenido una notable carrera en la marina española. Se destacó no sólo como militar, sino también por integrar expediciones científicas. Eso explica por qué, entre las expropiaciones que hicieron los patriotas, se hallara una importante biblioteca con obras de filosofía, religión, matemáticas, mecánica, historia, medicina y geografía.
Se había casado con una destacada dama porteña, doña Petrona de Irigoyen, famosa por su cultura, y fueron padres de dos hijos que conservaron los títulos nobiliarios, aunque habían nacido en nuestra ciudad.
Gobernador de Córdoba desde diciembre de 1807 hasta agosto de 1810, vivió en el "palacio" de los Sáenz Bravo. Fue en esta residencia donde -el 5 de junio de 1810- se reunieron en secreto los monárquicos que encabezaron el movimiento contra los revolucionarios de Buenos Aires. Además del gobernador, estuvieron presentes don Santiago de Liniers, don Santiago de Allende -que era coronel de los Reales Ejércitos y del Regimiento Provincial- y don Joaquín Moreno, ministro tesorero de la Real Audiencia. Fue después de este encuentro que decidieron viajar al Alto Perú para unirse al ejército español.
Los patriotas les dieron alcance en San Francisco del Chañar y los fusilaron cerca de Cruz Alta el 26 de agosto de 1810. No entregaron sus cuerpos a las familias, enterrándolos en una fosa común, con la intención de que no pudieran recuperarlos. Alguien colocó el famoso epitafio, "Clamor", formado por las iniciales de los ajusticiados: Concha, Liniers, Allende, Moreno, Orellana (que se salvó de la muerte por ser religioso) y Rodríguez.
Por esas indelicadezas de la guerra, el palacio del gobernador fue cedido por varios meses a Juan Martín de Pueyrredón, nombrado por la Primera Junta, que había firmado la sentencia de muerte de De la Concha. Es de suponer que la familia tuvo que convivir con éste, o fue desalojada sin que a los representantes porteños les importara su destino.
La casa de los Bulnes. La casa de los Bulnes, hermosa mansión que databa de mitad del siglo XVIII, estaba situada en la calle 25 de Mayo. En su frente se destacaban los detalles arquitectónicos que habían puesto su impronta en la estética del siglo. El hecho de que lograra sobrevivir hasta la mitad del siglo 20 nos habla de su belleza e importancia.
Los Bulnes pertenecían a las llamadas familias "patricias"; tuvieron gran importancia social, y se destacaron especialmente durante los años de la Revolución. El doctor Eduardo Pérez Bulnes, figura reconocida políticamente, hombre de gran cultura y, según se decía, de prodigiosa memoria, fue enviado como diputado por Córdoba al Congreso de Tucumán.
Lo acompañaron dos descendientes del fundador de Córdoba, los doctores José Antonio Cabrera y Jerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera, cuya casa estaba ubicada en la esquina de San Jerónimo e Independencia. Estos tres universitarios cordobeses firmaron, con orgullo de patriotas, el acta de la Independencia.
No terminó entonces la carrera del doctor Pérez Bulnes.
Entre 1820 y 1829, fue elegido diputado a la Sala de Representantes, tocándole el honor de redactar el Reglamento Provisorio de la provincia de Córdoba; también fue diputado al Congreso General y luego a la Sala de Representantes.
Antes de la batalla de Oncativo, el

