Jon lee Anderson y la ruta del Che
“Sin Chávez, hay un momento de reajuste en el escenario regional. Hay figuras, pero no son carismáticas, y todos, sin excepciones, parecen más locales y pragmáticos. A diferencia de esos líderes que poseían dimensiones hemisféricas”.
Para escribir, Jon Lee siempre viajó. Se puede decir que es un nómade reincidente que escapa de la rutina y va tras la estela de una nueva historia. De su disco rígido se deprende que nació en Estados Unidos, pasó su infancia en Asia, su adolescencia en Europa y sus primeros años de adulto en América latina. Y que a los 20 años trazó un lazo afectivo con la región sudamericana, a partir de su trabajo en un diario de habla inglesa editado en Perú, que aún conserva.
Parte de ese legado y su interés por la política latinoamericana se advierte en libros Inside the Liga (En el Interior de la Liga, 1986), sobre la Liga Mundial Anticomunista y sus vinculaciones en América latina con los escuadrones de la muerte (en coautoría con su hermano Scott Anderson), Guerrillas (1992), sobre las guerrillas y por supuesto en El Che, una vida revolucionaria (1997). La monumental biografía sobre el líder argentino-cubano, publicada a 30 años de su muerte, se transformó en un éxito editorial y marcó un hito en su vida profesional.
Anderson fue el único cronista que tuvo acceso exclusivo a los archivos del gobierno cubano y gozó de la colaboración y la voz de la viuda del Che, que nunca había hablado con ningún medio de prensa. Además obtuvo documentos inéditos y pudo revelar el paradero del cuerpo del Che, que luego pudo ser repatriado a Cuba. Para eso se radicó en la isla entre 1992 a 1995, con su esposa Erica y sus tres hijos. Más tarde se trasladaría a Córdoba. Allí obtendría el registro de los 17 años del revolucionario en la provincia. Allí dejaría su huella y sus recuerdos.
–¿Por qué cree usted que una mirada ajena –extranjera– puede resultar la mejor mirada sobre la historia.
–Porque el extranjero no trae el mismo bagaje, no está involucrado en el terreno local, y puede ver las cosas por lo que parecen que son y no por lo que uno quiere que sean.
–Es inevitable preguntarle por su visita a Córdoba en su investigación sobre el Che Guevara. ¿Qué recuerda sobre su paso por nuestra provincia y sobre lo vivido en Alta Gracia?
–Sobre todo, la hospitalidad que encontré, una y otra vez, entre los cordobeses, que me invitaban a sus casas, a parrilladas, y con quienes tuve gratas y muy afables reuniones. También tengo recuerdos de la campiña, tan despoblada y algo triste, alrededor de Alta Gracia, y de pueblos con aires cargados de otras épocas, de historia.
El periodismo en tiempos de Twitter
Cuando en 2001 las tropas norteamericanas comenzaron a bombardear Kabul, Jon Lee ya había establecido con Sharon DeLano, la editora de The New Yorker, una metodología de trabajo que incluía detalles telefónicos, e-mails y mensajes de texto. “Me llamaba cada mañana a eso de las 9.30 para intercambiar información y hacer planes. Pero el grueso de nuestras comunicaciones fueron mantenidas vía correo electrónico; de ese modo envió él sus reportes y también así discutíamos los pasos por seguir”, escribió DeLano en el prólogo de La tumba del león. El plan tenía como objetivo sortear las tormentas de arena, las interferencias en las comunicaciones que podían ocasionar las explosiones y el suministro de energía de los teléfonos celulares y las computadoras portátiles.
La tecnología fue el medio por excelencia en esa escena desgastadora de Kabul. Y es un medio al que Anderson, sin embargo, le resta el poder y la trascendencia, que muchos insisten en rotular como imprescindibles.
Anderson los relativiza porque la importancia está en el compromiso y las “agallas” –le gusta repetir, acaso como lema– para meterse en las historias. Para saber mirar. Para saber despellejar el nudo. Para saber contar.
–¿En qué momentos realmente, además de esa ocasión, le fue de utilidad la tecnología?
–Cuando reporteaba desde plena guerra en Irak, o más recientemente en Libia, por ejemplo, era clave tener acceso a un teléfono satelital o “data transciever” satelital, o las dos. Pero generalmente no es tan importante, salvo si uno está despachando desde un país en conflicto.
–Hay una tendencia entre directivos de medios que pretenden que un periodista sepa escribir, sacar fotos, editarlas, filmar, saber utilizar redes sociales, y manejar cuanto dispositivo tecnológico salte al mercado. ¿La tecnología va llevado la profesión a lugares impensados?
–Si, así es. Vamos a ver hacia dónde nos conduce.
–Muchas veces predomina la sensación de que los textos que se publican en ciertos sitios web parecen cables redactados por una agencia de prensa. En ese sentido, ¿hacia dónde cree que se dirige el periodismo de Internet?
–En efecto, hay mucho en la Web que replica y desplaza el papel tradicional de las agencias de noticias, algunos de los cuales morirán en consecuencia. Estamos, ahora, en una batalla por la supervivencia. No está resuelto adónde va el periodismo de Internet. ¡Me haces la pregunta justo en el momento en el que se deshiela un glaciar! Hay que esperar y ver…

