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Indignados, pero aún poco movilizados

Los jóvenes europeos pagan los platos rotos de la crisis y ven que su futuro es cada vez menos atractivo. El individualismo condiciona la respuesta. El desapego de la política, ¿es apatía?

24 de abril de 2011 a las 12:02 a. m.
J. A. Aunión (El País, de Madrid)
Indignados, pero aún poco movilizados

"Esto es sólo el principio", promete el texto en el que la organización Juventud sin Futuro agradece la participación del pasado 7 de abril en una manifestación en Madrid contra los banqueros, los políticos, la reforma laboral y de jubilaciones y la reforma del régimen universitario. Fueron entre mil y dos mil personas, pero están contentas; tienen muchas esperanzas puestas en la próxima convocatoria, para mediados de mayo. Lo cierto es que al menos una pequeña parte de los jóvenes –de la "juventud más preparada" desde la Revolución Francesa que "vivirá peor que sus padres", como dice su manifiesto– se ha indignado y ha salido a la calle como les reclamaba el activista francés de 93 años Stéphane Hessel. En su libro ¡Indígnense! , el luchador de la resistencia contra el nazismo pide a los jóvenes que se movilicen pacíficamente, aunque hoy la amenaza sea más difusa que la del fascismo.Cualquiera puede entender los motivos de indignación de los jóvenes españoles y del resto de Europa: una década de precariedad laboral –cuando no de desocupación galopante–, de mileurismo, de sobrecalificación académica y de dificultad (por no decir imposibilidad) de acceso a la vivienda. En España, luego de más de dos años de crisis económica, el desempleo juvenil (más del 40 por ciento) duplica el promedio europeo, y la mitad de los desocupados tiene menos de 34 años. Además, se pone en cuestión la sustentabilidad de un Estado de bienestar que apenas han empezado a disfrutar y ya se tambalea. El sociólogo José Félix Tezanos dice que "el ambiente no es explosivo, pero sí inflamable". Describe una progresiva exclusión social de la juventud que arrancó a principio de siglo (más de la mitad de los trabajadores entre 20 y 29 años tenía contrato temporario en 2004) y que está cristalizando en el proceso masivo de hijos que vivirán peor que sus padres "por primera vez desde la Revolución Francesa". El caldo de cultivo se genera en la Red.Aplazados. Si se echa un vistazo a la página en Facebook de Juventud sin Futuro se pueden ver comentarios de gente de distintos puntos del país que intenta organizarse. Se cuestiona a políticos, sindicatos y medios de comunicación; se discute sobre si votar o no, a quién, si hacerlo en blanco. Las personas de 15 a 29 años dan a los partidos políticos una puntuación de tres sobre 10; al Congreso, un 3,6, y a los sindicatos un cuatro, según un sondeo de opinión del Injuve de 2009. Sin embargo, tienen interiorizadas las bondades de la democracia: el 73 por ciento cree que es preferible a cualquier otra forma de gobierno; otro 16 por ciento opina que le da lo mismo cualquier forma de gobierno, y un ocho por ciento, que "en algunas circunstancias, es preferible un régimen autoritario". Eso sí, en 2005 eran el 79 por ciento los que decían preferir la democracia sobre todas las demás y el porcentaje de los que aplazan a su funcionamiento pasó del 21 por ciento al 30 por ciento.En general, volviendo a la página de Facebook, se advierte que se extiende la sensación de que a la crisis económica la están pagando quienes no la causaron, y que las élites económicas que sí lo hicieron salieron indemnes. Todas las muestras del descontento que han aflorado de distintas maneras y en distintos países (Italia, Francia, Grecia, Portugal o, de otra manera, en Islandia y en el mundo árabe) empiezan a llegar masivamente al público. El mejor documental en la última edición de los Oscar, Inside Job –que señala la irresponsabilidad de bancos, economistas y gobiernos como causante de la crisis– se estrenó en España el 25 de marzo en cinco salas que a la semana siguiente pasaron a ser 12 por el interés despertado. ¿Pasividad y apatía? La pregunta es si un movimiento como Juventud sin Futuro, o cualquier otro, puede canalizar el descontento. Pablo Padilla es un estudiante de Antropología de 22 años involucrado en la organización. Dice que la manifestación de principios de abril fue una primera toma de contacto. Cuando se le menciona la pasividad de los jóvenes, protesta: "¿Acaso el resto de la sociedad se está moviendo mucho?". Responsabiliza por la aparente desmovilización al hecho de que "la gente está narcotizada por unos medios que repiten que sólo se puede salir de la crisis por la derecha, renunciando a derechos que se conquistaron con mucho esfuerzo".Pero muchos especialistas insisten en la pasividad y la apatía. "La desconfianza en los políticos podría manifestarse en forma de conflicto o en forma de apatía y desinterés; que es el modelo adoptado finalmente. La falta de tradición política sigue pesando en un país que no está acostumbrado a movilizarse, que no tiene asociaciones fuertes, como sindicatos renovados generacionalmente", asegura la profesora de la Universidad de Salamanca Marta Gutiérrez Sastre. Y añade: "La cuestión de la economía sumergida y la búsqueda de la supervivencia personal, alternativa, cortoplacista (con cierta relación con corrupción) también es una forma de tapar la boca, porque al final ellos consideran que pueden encontrar vías de escape al margen de lo formal".Otro sociólogo de la Universidad de Salamanca, Fernando Gil, desplaza el foco. "La vanguardia que normalmente ha organizado las protestas, la universitaria, no ha tomado todavía conciencia suficiente de los problemas. Porque lo extraño no es sólo que los jóvenes en general, y los universitarios en particular, no se movilicen; tal vez sea más extraño el silencio de los intelectuales en la Universidad". Pero lo cierto es que el de Juventud sin Futuro no ha surgido de la nada. A mediados de 2006, una convocatoria por Internet reunió a miles de personas en Madrid "por una vivienda digna y contra la precariedad laboral". Varias manifestaciones más se sucedieron durante aproximadamente un año y medio. Otro año después, a finales de 2008, el descontento juvenil volvió a salir a la superficie, esta vez, en la Universidad, con protestas contra la reforma europea de los campus. Y ahora, Juventud sin Futuro recoge todo ese descontento acumulado. Cristina Bermejo, de Comisiones Obreras (la CGT española) cree que es "difícil mantener este tipo de iniciativas, que al final se diluyen", porque les haría falta contar con más entidades.Para el sociólogo de la Universidad de Alicante Antonio Alaminos, alternativas y objetivos claros son necesarios para que una protesta de este tipo cuaje. Eso o un detonante irracional. Por ejemplo, dice que las protestas árabes tienen esos objetivos claros (tanto mejoras económicas como democráticas) y que en los países de la Unión Europea donde han aflorado se ha producido ese detonante irracional. "La dificultad de movilización de los jóvenes procede de la expectativa de falta de resultados. Los jóvenes españoles, y muchos europeos, se caracterizan por querer vivir como sus padres, en un mundo capitalista de consumo. No quieren terminar con él, es el capitalismo el que ha roto con ellos", opina.Es posible que sean muy pocos los jóvenes que han salido hasta ahora a la calle. Es posible que, mal que bien, la familia, el trabajo sumergido y la protección social mantengan aún el descontento a raya, porque las necesidades básicas están cubiertas. E incluso que la pasividad de la mayoría de los jóvenes acabe prevaleciendo sobre el ímpetu de quienes se mueven. "Los jóvenes no tienen una actitud potente de rebeldía; están perplejos, porque se ha vulnerado el contrato social", dice el sociólogo José Félix Tezanos, pero advierte: "Se están produciendo movimientos de mucha profundidad y si no hay cambios sociales importantes, los problemas acabarán dando la cara".Becarios y precarios. En marzo de 2001, un informe de la Fundación Encuentro incluía a los jóvenes entre los grupos sociales más afectados por la exclusión. A finales de 2003, un estudio del Consejo de la Juventud colocaba en el 73 por ciento la tasa de empleo eventual entre los jóvenes, frente al 36,6 por ciento del promedio de la UE. Por entonces también se empezaban a levantar muchas voces contra el abuso de las becas para hacer trabajos que en realidad tendrían que ser para contratos en prácticas. En 2007, se hizo muy popular en Internet la comparación de los sueldos mensuales que hacía falta a finales de los años 70 para comprar un departamento y los que eran necesarios en ese momento: la diferencia era de unos 14 sueldos a 175. El caso es que en 2000, el 32 por ciento de los jóvenes de 15 a 29 años se había emancipado. En el cuarto trimestre de 2010 eran 26,9 por ciento. Hoy la crisis está haciendo aún más estragos entre los jóvenes: el 48 por ciento de los 4,6 millones de desocupados es menor de 34 años. La tasa de desempleo entre los menores de 25 superó el año pasado el 41 por ciento, nueve puntos más que en Grecia y casi 14 más que en Italia. Al menos, la crisis ha vuelto a recordar que los que tienen más estudios resisten mejor.