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El hombre y sus circunstancias

En "Lealtad y traición", Franziska Augstein recorre vida y obra del español Jorge Semprún, el hombre que sobrevivió a los campos de concentración del nazismo y escribió libros fundamentales para la literatura.

06 de febrero de 2011 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
El hombre y sus circunstancias

En el campo de concentración de Buchenwald, fue el prisionero 44.904; en la forzada clandestinidad del Partido Comunista Español (PCE) impuesta por Francisco Franco, Federico Sánchez; en la vida y en la literatura, Jorge Semprún, uno de los máximos intelectuales y escritores españoles del siglo 20, por cuya obra ha sido considerado la continuación de Marcel Proust. Sus múltiples vidas dan cuenta de un hombre, más que comprometido, involucrado con las circunstancias de su tiempo y de su espacio. Esa densa trama es maravillosamente narrada por Franziska Augstein en Lealtad y traición. Jorge Semprún y su siglo (Tusquets), una biografía que es el resultado de más de cinco años de trabajo, docenas de conversaciones con él y un par de reescrituras porque (al biografiado) "la lectura del registro de la grabación magnetofónica le pareció tediosa hasta lo indecible".

El niño burgués. Jorge Semprún nació el 10 de diciembre de 1923 en Madrid, en el seno de una familia de la alta burguesía. Alta de verdad. Por parte de su padre, a los Semprún se los puede rastrear con claridad desde el siglo XIII en adelante; y los Gurrea de Aragón obtuvieron carta de hidalguía (un diploma que daba fe de la nobleza de alguien) en el siglo XIV, y como tales aparecen mencionados en el Quijote (1605). Por parte de su madre, Susana Maura, hay una anécdota preciosa que simboliza su alcurnia: "El rey Alfonso XIII se encontró en un puente estrecho con el Oldsmobile rojo de los Semprún y, al reconocer a Susana Maura, mandó retroceder a su chófer para ceder el paso en el puente a la dama". Encima, hay quienes sostienen que los Maura en la antigüedad fueron judíos.Vale apuntar que tanto el auto como la cuestión religiosa están presentes en los libros de Semprún. Un Oldsmobile rojo descapotable es mencionado en diferentes pasajes de su obra. Y como dice Augstein, en sus novelas "a veces aparece una mujer que vive lejos de España y sin embargo entre sus tesoros domésticos figura la pesada llave de la antigua casa de sus antepasados en el barrio judío de Toledo".Su madre murió cuando él tenía apenas 8 años y 6 hermanos (eran 5 varones y 2 mujeres), y poco después su padre se casó con la institutriz suiza que estaba a cargo de la educación de los niños. Sin embargo, la madre perviviría en la memoria de su tierno hijo como una burguesa ejemplar que supo aborrecer el orgullo de clase –era liberal y republicana– y, además, como quien le pronosticó un buen día que en el futuro "sería presidente de la República o escritor".Fue lo segundo, pero bien podría haber sido lo primero. Al menos luchó y arriesgó su vida en el campo de la acción política desde la adolescencia, cuando se sumó, primero, a la Resistencia francesa, y más tarde, al Partido Comunista Español en el exilio.Claro que siempre, aunque no nos guste, las contradicciones estallan, y suelen hacerlo donde más problemas nos causan. En este caso, y como escribe Augstein, "Semprún fue primero un niño de la alta burguesía, después un comunista al que siempre le reprocharon su origen burgués. Esto último no lo llevaba bien y lo consideraba ofensivo, sobre todo en el campo de concentración, donde aprendió a juzgar sus orígenes distinguidos como una especie de defecto de nacimiento". Un joven camarada. La Guerra Civil española hizo que los Semprún partieran al exilio. La Segunda Guerra Mundial los sorprendió en París, donde los nazis entraron a mediados de 1940. Dos años les demandó tomar toda Francia. A medida que tomaban una zona, obligaban a los judíos que en ella residían a portar la estrella amarilla. "Semprún y otros estudiantes de París manifestaron su desprecio por la estigmatización colocándose estrellas judías hechas por ellos mismos y paseando con ellas por el Boulevard Saint-Michel", comenta Augstein. Pero la verdadera ayuda a los judíos era obra de redes secretas que atravesaban toda la sociedad. Michel Herr era uno de sus integrantes. Era hijo del famoso bibliotecario Lucien Herr que unos 50 años antes había apoyado a Alfred Dreyfus, acusado de entregar documentos secretos a los alemanes. Por intermediación de una de sus hermanas, Jorge Semprún conoció a Michel Herr, que lo guió hasta los comunistas de la Resistencia cuando sólo tenía 18 años. La inteligente Augstein apunta: "La Resistencia es un mito: mensajes codificados, reuniones secretas, el ronquido de motores en la oscuridad, lanzamiento en paracaídas al amanecer. Los historiadores advierten que uno no debe tomarse esto en serio. Sin embargo, Semprún lo vivió exactamente así".Y la caída tuvo esa espectacularidad: fue el 8 de octubre de 1943, en una granja borgoñona. El día anterior, la Jean-Marie Action había volado un tren de municiones en Pontigny. La Gestapo se movió por los alrededores, seguramente en base a datos bastante precisos, hasta dar con la granja donde solían parar Herr y Semprún. La tortura comenzó de inmediato y duró 15 días con sus noches. Cuando Semprún sintió que sus fuerzas flaqueaban, comenzó a hablar de acuerdo a una estrategia prefijada: "Ignoras cuánto tiempo vas a resistir. Tienes que partir de la hipótesis de que tarde o temprano te debilitarás. Eso hay que tenerlo en cuenta. Así que diseñé la estrategia siguiente: no revelar lo que ellos desconozcan".Ingresó al campo de concentración de Buchenwald el 29 de enero de 1944. Allí cumplió 21 años. El 11 de abril de 1945, mientras los tanques del general Patton se aproximaban, los prisioneros comunistas se sublevaron y se autoliberaron reduciendo a la pequeña tropa que había quedado, tras el repliegue alemán. Semprún pudo abandonar Buchenwald el 23 de abril.Desde su particular punto de vista, el campo no constituyó un dispositivo de exterminio sino un desafío político. Él no había llegado allí por judío sino por ser un militante que luchaba contra el nazismo. Al sobrevivir, podía considerarse vencedor. Por lo tanto, estaba dispuesto a asumir otro desafío contra otro enemigo: le planteó al Partido Comunista Español (PCE) su deseo de "ir a España y trabajar en la clandestinidad" como "experto en armas, fabricación de explosivos, atentados y sabotajes".Recién pudo cumplir su objetivo en junio de 1953. Stalin había muerto en marzo y los partidos comunistas empezaban a revisar sus políticas. Sus primeras estadías duraron unas pocas semanas; luego, algunos meses; finalmente vivía en España la mitad del año. Al principio tuvo varios nombres, pero cuando consolidó el mecanismo se convirtió en Federico Sánchez, el hombre más buscado por el régimen franquista.Reflexiona Augstein: "Su trabajo como opositor clandestino fue seguramente el juego más serio que puede practicar una persona. Era una existencia vivida en el como si, que podía desembocar en la muerte. Quien está absorbido por una vida secreta consagrada a un fin superior habita en el mejor de los mundos. La generosa entrega a la causa corre parejas con una profunda experiencia del propio yo".En 1954, ingresó al Comité Central del PCE; y en 1956, a su Comité Ejecutivo. Poco después, y al amparo de la teoría de desestalinización del comunismo irradiada por Moscú, promovió una fuerte democracia interna y, frente al rumor de que Franco organizaba un retorno a un férreo esquema monárquico, sostuvo que el partido debía proponerle a la sociedad española una democracia representativa y parlamentaria. Fue el principio del fin: en 1962 le ordenaron retirarse de España y en 1964 decretaron su expulsión. El escritor de la memoria. Su carrera literaria comienza en esas fechas. En 1961, por cuestiones de seguridad, debió encerrarse en un departamento un par de semanas. En esos días escribió la mitad de su primer libro, El largo viaje , publicado por la prestigiosa editorial francesa Gallimard en 1963, una vez que había concluido su militancia clandestina. Con él, obtuvo el premio Formentor, creado por una alianza de editoriales europeas y norteamericanas, que implicaba que el ganador era publicado por todos esos sellos. El tema del libro es, naturalmente, Buchenwald, tópico que volverá a estar presente en, por lo menos, cuatro libros más. No por ello se repite, sino que se amplifica abordando cuestiones que no ha podido describir antes, o se torna más profundo dando una vuelta de tuerca a lo que ya ha dicho, o se lanza a la autocrítica juzgando severamente lo que ha pensado hasta entonces.En Aquel domingo (1980), por ejemplo, en medio del relato de la vida en el campo, emerge la crítica al marxismo: "La profunda sinrazón del marxismo, concebido como teoría de una práctica revolucionaria universal ha sido nuestra razón de vivir. En todo caso, la mía. Luego ya no tengo razón de vivir. Vivo sin razón". En Viviré con su nombre, morirá con el mío (2001), sin embargo, el campo se ilumina con los valores de la hermandad y la solidaridad cuando la clandestina red comunista montada por los prisioneros diseña una estrategia para ocultar al compañero que la Gestapo busca.Entre ambos textos, no puede dejar de mencionarse La escritura o la vida (1994), que gira alrededor de la experiencia de la muerte y el sentido que se le ha asignado a la escritura: "No poseo nada salvo mi muerte, mi experiencia de la muerte, para decir mi vida, para expresarla, para sacarla adelante. Tengo que fabricar vida con tanta muerte. Y la mejor forma de conseguirlo es la escritura. En eso estoy: sólo puedo vivir asumiendo esta muerte mediante la escritura, pero la escritura me prohíbe literalmente vivir", le dice el joven sobreviviente, una madrugada, a la crítica literaria que, pensando en él, ha escrito un artículo llamado Carta sobre el poder de escribir (que existe y se publicó por primera vez en 1947).Si El largo viaje representa la brillante apertura de una carrera literaria, La escritura o la vida es su consagración definitiva. Entre ambos hitos, hay que colocar un tercero: Autobiografía de Federico Sánchez (1977), novela que ganó el Premio Planeta de España y lo presentó ante el público español. Franco había muerto a fines de 1975 y, en plena transición democrática, el PCE estaba legalizado. Semprún ya podía contar su vida clandestina, de principio a fin, incluida su caótica salida del partido. En Veinte años y un día (2003) reaparece Federico Sánchez: la acción se centra en 1956, a 20 años de la Guerra Civil española, en un momento clave de su militancia. Y Federico Sánchez se despide de ustedes (1993) es el relato de su accidentado retorno a la política a fines de la década de 1980, cuando aceptó ser ministro de Cultura del socialista Felipe González.Estos ejemplos explican cuál es el centro de su narrativa: narrar de la experiencia, como dice Augstein, no sólo lo que pueda contener de "individualmente espantoso", como es su paso por el campo de concentración, sino también lo "universalmente esencial". Sin traspasar en ningún momento, vale subrayarlo, el campo de la literatura, porque, como ha dicho tantas veces Jorge Semprún parafraseando a Boris Vian, todo lo que ha escrito es verdad porque a todo lo ha inventado.