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Los galpones de la oscuridad

Nuestro deporte está deshilachado por donde se lo mire. El traje de Córdoba es ordinario y, salvo honrosas excepciones como Atenas, no tenemos chances de ingresar a los podios. Eduardo Bocco.

08 de mayo de 2011 a las 12:02 a. m.
Los galpones de la oscuridad

Nuestro deporte está deshilachado por donde se lo mire. El traje de Córdoba es ordinario y, salvo honrosas excepciones como Atenas, no tenemos chances de ingresar a los podios. Córdoba atrasa, deportivamente hablando. Sus principales clubes son un tembladeral. Tienen los mismos colores que alguna vez pasearon el nombre de Córdoba por todo el país y buena parte del mundo, pero quedan sólo los colores.Nuestra dirigencia deportiva es impotente y carece de las llaves como para abrir la puerta y salir del galpón de la oscuridad.Talleres, Belgrano e Instituto galopan entre fracasos y acumulan desilusiones con el paso de los campeonatos y de los años.Talleres y Belgrano son administrados desde los tribunales e Instituto hace esfuerzos por salir del ostracismo en el que reside desde hace años.Nuestro deporte mayor, el fútbol, registra episodios violentos a diario; pocas veces, trofeos.El deporte, especialmente el fútbol, es hoy un espejo de nuestra provincia, de la realidad que vivimos, de lo que en definitiva somos.En estos días, en la ciudad de Buenos Aires, se está realizando la 37ª edición de la Feria del Libro, un acontecimiento impresionante. El lunes de la semana pasada, en el escuálido stand de la provincia de Córdoba no se entregaba factura a los compradores de libros, salvo que se reclamara. Un hecho inédito y sorprendente, sin dudas. Aparte de los problemas legales que ello trae aparejado, el espacio fue diseñado como sin ganas de que sea visto. No hay nada que lo distinga, que lo haga atractivo, que invite al que recorre la muestra a detenerse allí. Lo contrario ocurre con otras provincias, cuyos stands llaman a mirarlos. Hace unos años, la política argentina tenía una impronta cordobesa casi fundamental, se podría decir. Nuestros pensadores marcaban un camino. Uno podía o no estar de acuerdo, pero lo que aquí se decía y hacía repercutía fuerte a lo largo y a lo ancho del país. Hechos como el Cordobazo y centros de estudio como la Fundación Mediterránea, por citar sólo dos ejemplos, dejaron huellas significativas aunque situados en diferentes sectores del arco ideológico.Córdoba dejó de ser una usina de dirigentes, un centro exportador de ideas. Hoy estamos en el pelotón del medio o de la mitad de la tabla para abajo, para hablar en términos futbolísticos.Aquí se invirtió en otra cosa o no se invirtió en mejorar nuestra educación en sus distintos niveles porque allí radica el verdadero problema de esta cuestión. Dejamos de ser lo que éramos, con virtudes y defectos, con aciertos y errores. Tenemos a nuestros talentosos escondidos o desmotivados. El Estado debería tener un rol preponderante en este sentido, pero nosotros, los habitantes de este suelo, también tenemos que realizar nuestro aporte genuino. Debemos dejar de trasladar culpas y poner el cuerpo a las balas de una buena vez por todas.