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La función social del policial

Las dos primeras novelas policiales escritas en lengua castellana son argentinas y fueron publicadas, por única vez, en 1877. Rogelio Demarchi.

16 de septiembre de 2012 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
La función social del policial

Las dos primeras novelas policiales escritas en lengua castellana son argentinas y fueron publicadas, por única vez, en 1877. Forman una trilogía inconclusa, pero pueden leerse de modo independiente. Su autor fue el jurista y político Luis V. Varela, que prefirió usar el seudónimo de Raúl Waleis. Florencio Varela, nuestro periodista más antirrosista, fue asesinado en Montevideo al llegar a su casa, en 1848. Dos de sus 13 hijos, Mariano y Héctor, dirigieron La Tribuna de Buenos Aires , entre 1853 y 1884, que desplegó la estrategia del folletín (novelas por entregas) para ayudar a construir el por entonces novedoso hábito de leer periódicos.Uno de esos folletines fue La huella del crimen (Adriana Hidalgo, 2009), primera novela policial firmada por Waleis, a la que siguió, casi de inmediato, Clemencia (Adriana Hidalgo, 2012). En ambos, Luis Varela (otro hijo de Florencio) sigue el modelo del francés Emile Gaboriau, quien se había inspirado en la figura de Eugène-François Vidocq, un bandido bastante pícaro que más tarde se transformó en policía y llegó a ser el primer director de la Sûreté francesa, para crear al inspector Lecoq. Varela, a partir de Lecoq, imaginó al comisario L'Archiduc, perspicaz miembro de la policía francesa. La realidad, entonces, inspira la ficción.Ahora bien, Varela utiliza la ficción para criticar la realidad social. Román Setton (que ha tenido a su cargo el rescate, la edición, las notas y los posfacios de las novelas) advierte que se vale del género "para tratar problemas específicos de la Argentina de la época y para sus propias luchas dentro del campo político y jurídico". L'Archiduc, por ejemplo, tiene una posición crítica frente al modelo de justicia vigente en la época (ha estado preso dos años por una injusticia), piensa que es posible rehabilitar a un criminal y recuperarlo para la sociedad. Es que, según Setton, "en Varela los criminales son percibidos insistentemente como un producto de la sociedad que esta debe reincorporar. Por lo general, son las deficiencias de la ley –o, de un modo más general, de un sistema político imperfecto– las causas últimas del delito". Como si dijésemos que cada sociedad produce un determinado tipo de delito a causa de sus defectos.En el centro de esta crítica social con forma de ficción encontramos delitos pasionales y triángulos amorosos; mujeres que se casan sin amar a sus esposos; la imposibilidad del divorcio; la duda de los varones sobre la paternidad que se les adjudica; la percepción de que el deber marital no se impone sobre la pasión.

Las novelas policiales de Varela esconden un melodrama que, al ser investigado, expone los condimentos de la novela popular.

A esta combinación genérica, la bautizó “novela jurídica”, y dijo escribirlas para “popularizar el derecho” y exponer a la sociedad las relaciones entre delito, justicia y “leyes malas”. Para ello, eligió el camino más difícil: la pregunta que flota en sus relatos es si se puede considerar culpable al marido que mata a su adúltera esposa; si el varón la trata como una cosa de su propiedad, ¿podrá la Justicia tratarla como una persona?