Un escritor en las sombras
Se puede imaginar un ranking improbable de los narradores latinoamericanos más originales y ambiciosos de nuestro tiempo y ubicar al mendocino Antonio Di Benedetto (1922-1986) en una selección apretadísima de aquellos que se cuentan con los dedos de una mano. Por Augusto Porporato.
Se puede imaginar un ranking improbable de los narradores latinoamericanos más originales y ambiciosos de nuestro tiempo y ubicar al mendocino Antonio Di Benedetto (1922-1986) en una selección apretadísima de aquellos que se cuentan con los dedos de una mano. A 25 años de su muerte, cumplidos el lunes pasado, la importancia de Di Benedetto se agiganta a medida que el paso de los años se encarga de aclarar las cosas, tanto por el peso mismo de su obra como en comparación con la de sus contemporáneos y sus sucesores, a veces excedidos por un reconocimiento apresurado y una gloria fugaz. Sus producciones principales son las novelas Zama , El silenciero y Los suicidas , y los relatos reunidos como Cuentos claros , El cariño de los tontos y Absurdos , uno de cuyos cuentos, "Aballay", inspiró la película que Argentina seleccionó para los Oscar. Si bien sus temas abrevan en la literatura existencialista de Sartre y Camus, es en la forma donde se expresa su originalidad, prosa económica, seca y de reminiscencias castizas, con un poder de tensión dado por párrafos breves en los que abundan silencios de un valor tan significativo como el de las palabras mismas, una manera de escribir fragmentaria tan propia que Juan José Saer dijo que una página de Di Benedetto era reconocible, a primera vista, como un cuadro de Van Gogh. Recibió algunos premios, menores, nunca a la altura de la calidad de lo que recompensaban. Poco advertido en su tiempo, hasta hace poco, hasta la reedición de sus obras por la editorial Adriana Hidalgo, su legado literario había naufragado entre el ninguneo y la indiferencia, limitado casi en exclusividad a los círculos académicos. Además de narrador, se desempeñó como periodista (fue subdirector del diario Los Andes de Mendoza) y guionista de cine. La dictadura militar lo detuvo en 1976 y fue mantenido cautivo durante un año, período en el que sufrió cuatro simulacros de fusilamiento. "Creo que nunca estaré seguro de que fui encarcelado por algo que publiqué", dijo el escritor tiempo después. De ese período de sombras no se recuperó. Dan cuenta de esto el deterioro físico y mental que arrastró hasta su muerte y sobre todo el derrumbe en la calidad de sus obras, cuyo ejemplo extremo es su última novela, Sombras nada más . El mismo Saer, quien fue quizá el colega que más lo valoró en vida, escribió: "Recordando una ironía que Goethe aplicó a los liberales, podríamos decir que a muchos escritores las cosas les resultan fáciles hoy en día, porque el público entero les sirve de suplente. Ni una sola frase estampan que sus lectores no hayan plebiscitado de antemano. Tan obvia es la estética sumaria que les proponen, tan de acuerdo con la opinión, con el sentido común, con las generalidades más deslavadas del 'hombre culto', que sus libros se vuelven innecesarios (...). Desde luego que no es el caso de Antonio Di Benedetto. Sus narraciones provienen de una profunda necesidad personal, indiferentes a la expectativa pública y a lo establecido y, por esa misma razón, no hay lector atento que, en lo más íntimo, no se reconozca en ellas".

