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Entre Aníbal y el capitán ingeniero

Cada vez que dispara la metralla más ácida de 
la artillería K, Aníbal Fernández ratifica que es un excelente interprete para el papel encomendado. Germán Negro.

03 de junio de 2012 a las 12:03 a. m.
Redacción La Voz
Entre Aníbal y el capitán ingeniero

Cada vez que dispara la metralla más ácida de la artillería K, Aníbal Fernández ratifica que es un excelente interprete para el papel encomendado: hablar por quienes no se animan a hacerlo con tanta brutalidad. Aunque su nombre alude al general de Cartago que cargó contra Roma con un cuerpo de elefantes, desde su despacho en el senado el "Bigotón" ya parece poner más empeño en el ascenso del club que preside, Quilmes, que en ayudar al gobierno de Cristina Fernández a superar una coyun­tura compleja. Con las expresiones sobre el dólar que renovaron una polémica recurrente, Aníbal no hizo más que aportar un granito a un largo derrotero de expresiones vinculadas a la economía argentina. Frases que, casi siempre, surgieron como el viento previo a grandes tormentas."Vayan haciéndose la idea de que Argentina tiene que pensar en pesos" o "Compro dólares porque se me antoja. Con mi plata hago lo que quiero", el senador se sumó a una lista que inauguró Álvaro Alsogaray el 24 de junio de 1959. Aquel capitán de la Marina e ingeniero, tan reconocido por sus orejas de radar como por su hija María Julia –funcionaria y cortesana durante el gobierno de Carlos Menem–, era ministro de Economía de Arturo Frondizi cuando al finalizar un largo discurso sobre la situación económica, cerró con una expresión alejada de Harvard. "Hay que pasar el invierno", fue una recomendación que permanecería por décadas en el inconsciente colectivo.Un poco más acá en el tiempo, fue Celestino Rodrigo el que llegaría al pico de celebridad odiada. "Mañana me matan o mañana empezamos a hacer las cosas bien", dijo en junio de 1975 previo a un ajuste que convulsionó al país y logró que la calle le reco­nociera los derechos de autor al llamar su obra ­"el Rodrigazo". Si hoy se replicaran las medidas de ­Celestino, mañana la nafta súper costaría cerca de ­los 20 pesos.Otro que ganó popularidad con una expresión que hoy calzaría a la perfección fue Lorenzo Sigaut. "El que apuesta al dólar pierde", dijo en 1981 el entonces ministro de Economía del dictador Roberto Viola. Y los que apostaron en serio, finalmente terminaron ganando.En cambio, el radical Juan Carlos Pugliese despertó ternura cuando hizo un sincericidio público al reconocer: "Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo". Pugliese se había sentado en el lugar que nadie quería: el de jefe de la cartera económica en el epílogo del gobierno de Raúl Alfonsín.Pero, entre Aníbal Fernández y Alsogaray, el que hizo grandes méritos para ocupar un escaño destacado entre las frases desafortunadas que hicieron historia en la economía argentina fue Eduardo Duhalde, el presidente de aquel tormentoso 2002. "El que depositó dólares, recibirá dólares", anticipó con firmeza, antes de que llegaran los amparos judiciales y los abogados litigantes se quedaran con entre el 8 y el 20 por ciento de lo que lograban sacar de los bancos.