"El Tano" Fernández
"¡Nooooooooo, noooooooo!, ¡¡¡Pero quién les enseñó a votar!!!, ¡¡¡Cobos les enseñó a votar!!!... ¡¡¡Estamos en el horno, estamos en el hornoooooo!!!... ¡¡¡No llegamos al balotaje!!!" Luis Heredia.
"¡Nooooooooo, noooooooo!, ¡¡¡Pero quién les enseñó a votar!!!, ¡¡¡Cobos les enseñó a votar!!!... ¡¡¡Estamos en el horno, estamos en el hornoooooo!!!... ¡¡¡No llegamos al balotaje!!!... ¿Estás contento, Nelson Castro?...", estas frases supuestamente vociferadas frente al televisor por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, apenas se empezaron a conocer las cifras de la elección porteña del fin de semana pasado, estarían contenidas en un video inédito que convertiría al célebre hincha de River, "el Tano" Pasman, en un ejemplo de templanza y serenidad frente a la adversidad de los resultados. Según quienes pudieron acceder a las imágenes, cuando se llevaba escrutado el 80 por ciento de las mesas, el funcionario ya acumulaba tres intentos frustrados de destrucción del televisor, un LCD de los que actualmente están a la venta para jubilados y pensionados, y que está ubicado en el despacho de la Jefatura de Gabinete."Que haya resistido el impacto de algunos objetos contundentes lanzados por Fernández, entre ellos un caballito de bronce y un cenicero del mismo material, habla a las claras de que estos televisores son muy buenos y dan por tierra las versiones de que a los jubilados les estamos vendiendo cualquier cosa", aseguró Juan Carlos Led, promotor del plan "LCD para todos".Sin embargo, Led se cuidó de mencionar que desde hace tiempo las pantallas de los televisores de la Jefatura de Gabinete están resguardadas por redes metálicas de protección, similares a las que se ponen en las ventanillas de los ómnibus que deben atravesar zonas pesadas en muchas ciudades. "Alberto se pone muy tenso cada vez que hay un escrutinio por televisión; siempre fue así y ya estamos acostumbrados. Cuando alguna urna da mal, se pone como loco y empieza a gritar y a arrojar lo que encuentra", aseguró una fuente cercana al funcionario.Según estas versiones, hubo ocasiones en las que debido a los malos resultados de alguna elección provincial, fue necesario amarrarlo al sillón del despacho para evitar que se arrancara mechones de pelo o lanzara patadas voladoras contra los televisores.Un par de días después de la elección porteña, y ya recobrada la compostura, Fernández dijo que "le llamaba la atención que la ciudad se pareciera a Macri", lo cual generó una pequeña crisis de identidad en una urbe que se jacta de parecerse bastante a las grandes capitales europeas. "Siempre nos dijeron que nos parecíamos a París, y ahora aparece Fernández diciendo que nos parecemos a Macri. Es muy duro que te digan una cosa así, creo que los funcionarios deberían medir sus palabras", dijo un porteño, mientras intentaba comunicarse con su psicólogo para una sesión de emergencia.Pero los porteños no sólo debieron bancarse esta odiosa comparación, sino también durísimas críticas por su forma de sufragar. Fito Paéz se quejó de que la mitad de los porteños le dan asco, el director de la Biblioteca Nacional dijo que se instaló una ideología tacaña, y Fernández aseguró que nunca vio a tanta gente a la que no le importara un gobierno. "Aparentemente la táctica del Gobierno nacional es chicanear al electorado que votó a Macri para generarle culpa y lograr así que no concurra al balotaje, o que vote a Filmus. Es una jugada astuta porque trabaja a partir del miedo al qué dirán", asegura el analista político Juan Carlos Rumor de Pasillo.Fernández también criticó a los porteños porque votaron a un candidato que está procesado por escuchas telefónicas, lo cual también merece el análisis de los especialistas en conductas humanas, quienes entienden que "la gente común desea fervientemente ser escuchada por los gobernantes, aunque sea ilegalmente", y que por esa razón muchos votantes vieron muy bien la supuesta compulsión del jefe de Gobierno porteño por pinchar teléfonos.Hasta el momento se viene el balotaje, en lo que será el capítulo final de la telenovela electoral porteña 2011, y también la última oportunidad que tienen los habitantes de la ciudad de Buenos Aires de mejorar su imagen frente a la implacable consideración de buena parte del kirchnerismo.

