"El poder no es evangélico"
El sacerdote Hugo Mujica habla de las exigencias que nos impone la vida que vivimos, "en la que se nos pide todo y se nos da tan poco".
-¿Qué le parece la idea de debatir sobre la existencia de Dios?
-Un chiste.
-¿Por qué?
-Dios es la palabra fundamental. Abajo de esa no hay ninguna para explicarlo. Pero es un atisbo de pensar en lo más importante que hay para pensar.
-Si uno piensa en categorías de razón...
-Pero eso no tiene nada que ver con Dios. Si Dios entrara en la razón, entonces sería un pensamiento más.
-¿Es lo sagrado?
-Es el misterio. Lo sagrado es una forma de nombrarlo también y tiene una connotación religiosa. El misterio es encarado desde el dolor, desde el arte, desde la religión.
-Usted vivió un tiempo en Greenwich Village.
-La gran experiencia de los \'60 se inventó en los \'70. Cuando uno la vive, es la vida cotidiana, no es tan extraordinaria. Después uno se da cuenta la figura que formaba esa cotidianeidad. Dicen que uno nace en el lugar donde por vez primera mira con inteligencia a su alrededor.
-Y eso fue para usted Greenwich Village.
-Yo llegué allí a los 19 años. De repente fue ver lo que era la vida y crecer. Los 60 fueron una época muy creativa. Era una etapa muy política también. En la misma década mataron a John Kennedy a Bob Kennedy, a Martin Luther King y a Malcom X. Muy densa, muy rica, quizá la última gran ilusión de que la creatividad podía transformar la realidad
-¿Y no?
-No. Y ahora me parece bien porque creo que querer transformar la realidad es creer que hay una sola realidad. El hippismo estaba condenado a fracasar porque era el único movimiento contracultural cuyo ícono no tenía un libro debajo del brazo.
-Frente a las diversas realidades, la actitud no es de transformación sino de aceptación.
-Creo que tiene que ser de transformación, pero no con las ideas que se tenían en ese tiempo, cuando predominaba el parámetro de lo uno.
Todos tenían que ser hippies , por así decirlo.
-En ese contexto, ¿cómo ve a la Iglesia?
-Yo creo que la Iglesia se terminó.
-Usted sigue siendo sacerdote.
-Porque no se terminó el núcleo, lo que se terminó es el armazón del Imperio Romano con los pensamientos griegos y la tradición religiosa judía. Cuando termine esto, aquel núcleo sobreviviente generará otra manifestación. Pero eso que conocemos ahora como Iglesia es la luz de una estrella que ya se apagó.
-Pero influye todavía.
-Cada vez menos. Estoy encantado con eso. Influye a través del poder. Y el poder no es evangélico. Tendría que influir irradiando algo que los demás sientan imitable, no que se imponga a través de los lobbies del poder.
-¿Cómo ha jugado en la cuestión del matrimonio homosexual?
-La Iglesia tiene el derecho y la obligación de generar pautas y pensamientos hacia adentro, para aquellos que adhieren. Y el que no está de acuerdo se va. Lo que no creo es que tenga derecho a fijárselas a los demás. La Iglesia no ha concebido todavía el pluralismo. Sigue manejando el parámetro de lo uno.
-Hay una multiplicidad de mundos, dice usted. ¿Cómo habría que vivirlos?
-No hay una manera y esa es la riqueza de la vida. Lo que pasa es que tenemos castrada la capacidad creativa. Hay una vida armada, como un tubo en el que entramos. Lo primero es deconstruir la herencia para ver qué se hace con todos esos pedazos, como se amalgama algo propio.
-Es difícil
-Sí, es difícil. Odio esa palabra, pero todo el mundo la usa. Más difícil es vivir la vida que estamos viviendo, en la que se nos pide todo y se nos da tan poco. No hablo materialmente. Pienso en una vida que sea creativa, que sea festiva, que sea una elección.
-Es la vida de un artista...
-No. Uno puede ser creativo sin ser artista.
-¿Y el artista?
-El artista es el lugar donde la creatividad se hace oficio, pero no quiere decir que la creatividad esté nada más que ahí.
-Usted valora mucho el cine...
-El cine es un arte que justifica el siglo 20. No es poco haber creado un arte nuevo.
-Uno no tiene conciencia de que todas las artes estaban inventadas desde los griegos.
-Desde siempre, claro, pero en el siglo 20 le insertamos esa novedad, como insertamos un nuevo tipo de belleza que es lo sublime.
-¿Qué cine es el que rescata lo sublime?
-(Lars) Von Trier, por ejemplo. A mí me interesan los artistas que llegan hasta donde nadie había llegado. Después Tarkovski, Kieslowski, Sokurov, toda esa gente que hizo un arte sagrado y que estaba atrás de la cortina de hierro. Mientras nosotros éramos los religiosos consumistas, ellos eran los comunistas religiosos.
-¿Qué otro arte cree que aporta a esta idea?
-Hace dos semanas me di el lujo de irme a Texas nada más que a ver los cuadros de Mark Rothko. Fue la experiencia de lo sagrado más grande que he tenido. Entré ahí y lloré media hora.
-¿Y la literatura?
-La literatura es todo. La religión es un cuento que nos contamos para expresar el sentido de cómo comprendemos la realidad. Eso lo tuvo claro (Friedrich) Nietzsche y empezó a escribir literatura.
-¿Y la poesía?
-La poesía es como la intuición y la filosofía es la glosa de esa intuición. Eso lo tuvo claro también (Martin) Heidegger. Cuando terminó Ser y tiempo dice: "No me salió". Por eso no escribe la segunda parte. Acá no está lo que quise decir, piensa. ¿Por qué? Porque este lenguaje ya no habla más. Entonces se pone a dar cursos, se pone a la escucha de la poesía, y aparece el Heidegger que se da cuenta de que en lo estético hay un sentido.
-Y casi no habla.
-(Ludwig) Wittgenstein dice: "De lo que no se puede hablar hay que callar". Yo digo: De lo que no se puede hablar hay que cantar. Por ahí lo estético todavía puede decir algo.

