El marginal
El martes, en las escaleras del Teatro del Libertador, uno de los chicos entrevistados por la televisión dijo: "Gracias a "la Mona", es la primera vez que entro acá".
El martes a la noche, en las escaleras del Teatro del Libertador, uno de los chicos entrevistados por la televisión dijo: "Gracias a "la Mona", es la primera vez que entro acá". Un amigo suyo agregó: "A mí me pasaron muchas de las cosas que "la Mona" cuenta en el libro".
La historia de Juan Carlos Jiménez Rufino, "la Mona", es una historia esencialmente humana. La batalla perdida de un hombre contra su personaje. Pero, puesta en perspectiva social, es una historia de la marginalidad.
Del esclavismo al servicio doméstico moderno, la segregación racial y social ha adoptado varias formas. Crueles y sutiles.
En el libro, "la Mona" habla de las razzias, de la expulsión del cuarteto hacia las afueras de la ciudad, de la prohibición de exhibir discos en las vidrieras, de las veces que le impidieron entrar en un restaurante. Pero cuenta también el día en que escuchó a un hombre pedir un disco suyo en La Suiza: "Es para mi empleada, no vaya a pensar que es para mí".
La semana pasada, en la cola de una librería, esperando pagar el libro de "la Mona", una mujer elegante se justificó con el vendedor: "Me pidieron que comprara uno de estos".
Por suerte, cada vez hay más de los otros. Como el relacionista público que me dijo que todo el mundo debería leer el libro, para entender una Córdoba que "no se ha contado nunca".
Si "la Mona" Jiménez alcanza esa estatura mística que le reconocen propios y extraños, no es sólo por su talento, su carisma o la energía que contagia cuando se intuye su presencia. "La Mona" es el escudo que sus "bailarines" usan para protegerse. Es la mano que se levanta con señas de afecto y reconocimiento hacia su gente, acostumbrada a sufrir el castigo y las advertencias de quienes todavía no están dispuestos a compartir el mismo espacio.

