El futuro llegó con los niños (y da miedo)
Los teclados y las pantallas son elementos básicos para los chicos de hoy, que, obviamente, dejaron de lado la tradición de jugar con autitos y muñecas.
Un rostro barnizado con algodón de azúcar, Topper azules, y un corazón de manzana acaramelada con incrustaciones de pororó eran la anatomía de un niño feliz hasta hace poco tiempo. Hoy, estos sujetos tienen manos adaptadas a la Playstation, sueños Wi-Fi y una cargada agenda de actividades en el bolsillo pequeño de una gran mochila.
Como los últimos años, el pasado Día del Niño corroboró en su frenesí consumista que nuevamente el regalo más solicitado es un teléfono celular, y que el murmullo de las mamás barajando mentalmente las cuotas de la tarjeta en la cola frente a la caja volverá a eclipsar el papel de los padres frente al alud tecnológico que inunda la vida infantil y los derechos del niño.
Actualmente, muchos niños de todo el mundo todavía pelean por ser sujetos de derecho debido a la insatisfacción de sus necesidades básicas como alimentación y educación, mientras que en otros contextos más favorables los más pequeños no tienen relevancia a la hora de un divorcio, el tipo de educación o religión a recibir, e inclusive los deportes a practicar. Mientras los padres trazamos grandes planes para una pequeña niñez que catapulte hijos a un éxito que nadie puede precisar donde está, cada protagonista con más de seis años comienza a recorrer su vida con nuevos hábitos. Esta es su radiografía.
Joven manos de teclado. Según el riguroso estudio La generación interactiva en la Argentina. Niños y jóvenes ante las pantallas (*), editado por Fundación Telefónica hace pocos meses, cada vez menos chicos juegan al doctor con sus primas y, por el contrario, cada vez establecen una afinidad más familiar -aunque duela el adjetivo- con las Tics (tecnologías de la información y comunicación). Es probable que se fundamente en la mutua juventud o, según los autores, en que Internet, los videojuegos, los celulares y la televisión son nuevas formas de socialización que los otros integrantes de la familia también sobrevaloramos en nuestras vidas.
Algunos datos del estudio -que tiene la particularidad de abarcar un amplio espectro social de niños escolarizados- mayoritariamente en escuelas públicas son:
Para después de cenar, quienes tienen de 6 a 9 años prefirieron "jugar a un videojuego" en primer lugar (17 por ciento), "estar con amigos" (16 por ciento) y "mirar la tele" (13 por ciento). Llama la atención "leer" en sexto lugar (8 por ciento) y luego "chatear" -insisto: tienen entre 6 y 9 años- (7 por ciento). Por su parte, quienes tienen de 10 a 18 años eligen "ver la tele" en primer lugar (21 por ciento) porque son menos digitales que los más chicos, pero inmediatamente aparece "chatear" (18 por ciento). Es tan importante la presencia de la Web en la infancia que sólo la mitad de los chicos de 6 años "no usa Internet" según ellos mismos y, un ínfimo 6 por ciento de los escolares de !9 años! dijo "no usar Internet" en nuestro país. Vale señalar que estos datos están sustentados por la buena penetración informática que tiene Argentina: 79 por ciento de hogares con PC. Estas compus serán usadas, mayoritariamente para el chatear (83 por ciento), buscar información (74 por ciento), correo electrónico (69 por ciento), bajar música (63 por ciento) y compartir videos (47 por ciento).
Los niños pasarán más de dos horas frente a la PC al día, la mayoría en busca de su identidad adolescente, o sea la música (87 por ciento), y en segundo lugar pedirán juegos (48 por ciento). Una enorme mayoría (63 por ciento) ha aprendido solo a usar la PC.
La pantalla más chiquita. Con respecto a la televisión, las viviendas con dos aparatos son mayoritarias en el país, pero se impone un debilitamiento de la TV, ex reina del hogar, en la preferencia de niños y adolescentes. La informática ya es mayoría. Al igual que en el caso de la PC, la mayoría de los niños ve televisión solo, y una primera minoría con su hermano. Frente a la tele come un 80 por ciento, y hace la tarea -vaya uno a saber cómo queda- el 50 por ciento.
La pantalla preferida, sin dudas, es la más pequeña: el 65 por ciento de los niños y el 49 por ciento de los adolescentes santifican el celular. Hace años, hubiéramos elegido una lupa para perpetrar genocidios de hormigas culonas en la vereda. Qué antigüedad. En el caso de la televisión, se deberían analizar las características de los contenidos que se emiten, cuyo impacto es más profundo debido a la linealidad de la exposición a la que están sometidos los pequeños. Canales de contenidos exclusivos como Discovery Kids, o Disney Channel tranquilizan mientras liberan la hormona del consumismo por encima de nuestras posibilidades adquisitivas. Las buenas propuestas, con verdaderas intenciones culturales, son rarezas como los Mini-Einsteins, actualmente discontinuados por Disney. En esa señal habrá incomodidad ideológica con el nuevo Mickey Mouse que habla hacia sus mini-telespectadores y jamás hace nada, ya que cuenta con unas manos mágicas que se ocupan de toda tarea, hasta de encender la luz. Eso sí que es "American way of life". O Bob el constructor , un desarrollista con aliento a barrio cerrado, y peinado de casa americana con dos plantas, cuya topadora tiene sentimientos tan nobles como los de un árbol.
Nos vamos poniendo tecno. Según una encuesta reciente de la Kaiser Family Foundation, en Estados Unidos (planeta que suele marcar tendencias sociales) los chicos y chicas de 8 a 19 años pasan más de siete horas diarias utilizando algún tipo de TIC, y en muchos casos, usan varias al mismo tiempo. Nadie sabe cómo tendrán los dedos estos umpa-lumpas que, según este mismo trabajo, envían msn durante una hora y media diaria. Aparentemente, salvo el tiempo que duermen o están en actividad escolar, los adolescentes norteamericanos sólo aprietan botones. Ni que los hubiera criado Mickey Mouse. Hubo un tiempo no necesariamente mejor, con campos forrados de flores cosmos y cercados con el aroma de las damas de noche, cuando jugar a los autitos era tan excitante que podíamos pasar una semana sin bañarnos, en el campo de los Carrer, intercalando fantasías con la parsimoniosa observación de esas ranitas multicolores que habitaban los arroyos de Calamuchita y cuya desaparición pareciera reseñar toda una niñez en extinción.

