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El futuro de Néstor

Saquen un libro. Rogelio Demarchi.

06 de noviembre de 2010 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
El futuro de Néstor

Preguntas que ocupan el centro de la agenda pública: ¿qué representa la muerte de Néstor Kirchner? ¿Un punto de inflexión en nuestra historia? ¿Inflexión en qué sentido, positivo o negativo? Distintos actores del campo político (periodistas, intelectuales, analistas, funcionarios de todos los niveles, dirigentes de todos los colores y todos los sectores) intentan responderlas. Pero sus respuestas no señalan infinitas posibilidades, sino todo lo contrario. Aun muerto, para propios y extraños, Néstor es Kirchner, lo que quiere decir que nada ha cambiado o que nada va a cambiar. O el muerto es mejor que los vivos porque fue capaz de dar su vida por la causa, que ahora debe ser continuada por los vivos, que entonces están obligados a profundizar la lucha. O su muerte es un suceso extraordinario que abre un nuevo tiempo histórico al cual el Gobierno y la oposición deben entrar juntos y promoviendo la unión nacional. No hay mucho más y tal vez no lo haya en el futuro, aunque las voces se multipliquen. Para entender por qué esto es así, se puede leer El discurso social. Los límites históricos de lo pensable y lo decible (Siglo XXI, 2010), de Marc Angenot. Para este profesor de la Universidad McGill de Montreal, el discurso social es "todo lo que se dice y se escribe en un estado de sociedad, todo lo que se imprime, todo lo que se habla públicamente o se representa hoy en los medios electrónicos. Todo lo que se narra y argumenta, si se considera que narrar y argumentar son los grandes modos de puesta en discurso".Si uno toma una muestra representativa de todo lo que se dice y se escribe en los medios durante un año (supongamos, desde el día que murió Kirchner hasta el primer aniversario de su muerte, cuando, casualmente, se esté cerrando la campaña presidencial de 2011), tendrá todos los temas y los modos en que cada uno de ellos fue abordado y podrá identificar los mecanismos que regularon lo que se pudo decir y pensar en esos 12 meses.Que sólo se pueda pensar y decir ciertas cosas no remite a la idea de censura o autocensura o al tan mentado monopolio informativo. Según Angenot, "una idea siempre es histórica: no se puede tener cualquier idea, en cualquier época y en cualquier cultura", porque hay límites que acotan lo pensable y lo decible. Las ideas y los discursos que las expresan, entonces, son hechos históricos.Y como "el discurso social produce cierta interpretación común de la coyuntura" que atraviesa una sociedad, cada una de las interpretaciones que se proponen queda expuesta a la alteración, la descomposición, la puesta en valor o la desvalorización, etcétera.El futuro de Néstor es ser discurso, símbolo, metáfora, relato, mito, argumento. Comprender dentro de qué límites hemos de pensar y hablar sobre su muerte en los próximos meses nos ayudará a entender el contexto en el cual se presentarán ante nosotros los candidatos entre los que elegiremos a los futuros administradores del Estado.