A la derecha del pelado
Las desgraciadas palabras presidenciales suman otro eslabón a la cadena de cuestionamientos internacionales: las formas. Eduardo Bocco.
No son ya las polémicas que se desatan por medidas económicas que afectarían a otros países, no son disposiciones que anulan o ponen bajo sospecha convenios bilaterales celebrados con anterioridad. Por eso, entre otros puntos, Argentina es mirada en el mundo con desconfianza. O definitivamente el país no es tomado con seriedad. "Como no sos serio, no hago tratos contigo", sería la consigna imaginaria. Ahora, las desgraciadas palabras presidenciales suman otro eslabón a la cadena de cuestionamientos internacionales: las formas.En este caso, podría decirse que la expresión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner fue bastante chabacana. Y si habla o se refiere a funcionarios de otras naciones la número uno del país, qué queda para el resto.Para los no avisados, la Presidenta fabricó una nueva y enojosa polémica cuando en un discurso del jueves pasado expresó: "El pelado ese" al hablar del ministro de Economía de España, Luis de Guindos.Con razón, los españoles se enojaron y en su blog el prestigioso diario El País le retrucó con palabras igual de ordinarias: "Que sucedería si se tratara a Máximo Kirchner, el hijo de la presidenta, como el gordito ese"."Si vamos a discriminar, discriminemos sin anestesia a todos los que se salen del molde" sería un poco el resumen de este lamentable cruce, impregnado de vulgaridad, digno más de una pelea entre los miembros del jurado de los programas de Tinelli, que de afirmaciones de una jefa de Estado y de un diario reconocido a nivel internacional.Cuando aparecen o se difunden internacionalmente este tipo de expresiones, el coro se hace escuchar velozmente: Argentina está cada vez más parecida a Venezuela. "Cristina es como Chávez", dicen los críticos, especialmente españoles para descalificar a la mandataria.Chávez es visto por algunos sectores como un personaje malvado que todo lo que toca destruye. Obviamente, la exageración corre por cuenta de quien la afirma, pero en el actual escenario no es simpático ser puesto en la misma bolsa.Nuestra mandataria tiene a veces un tono soberbio que la comunidad internacional suele castigar con severidad, sin importar que algunos de cuyos miembros caigan en el mismo vicio con repetida frecuencia. Con todo, no está bueno descalificar al que camina por una senda diferente. Habría que preguntarse qué diría la Presidenta si mañana hay una manifestación de calvos para repudiarla o una concentración de obesos para rechazar la descolocada afirmación del diario de España.La calvicie es hoy un acto voluntario. Distintos tratamientos logran desalojarla de las testas, aunque quien esto escribe, como se verá en la foto superior, no optó por esa variante estética. La nota no es una defensa corporativa –jocosamente hablando–, sino un comentario sobre las formas. Todo debe ser dicho.

