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Cuando la fama es puro cuento

A veces, la fama es puro cuento, no hay dudas. Y eso no le pasa únicamente a los deportistas o a los artistas de vida complicada. Eduardo Bocco.

20 de noviembre de 2011 a las 12:02 a. m.
Cuando la fama es puro cuento

Por una suma relativamente accesible a un bolsillo de un fanático de clase media argentina (algo así como 650 pesos), se puede acceder a un autógrafo del ex temible Mike Tyson o también fotografiarse con el moreno ex campeón del mundo, famoso por su diente de metal, sus mordidas, sus escándalos y sus golpes a la mandíbula. Tyson va todos los días en doble turno a un hotel de Las Vegas y espera fanáticos para cumplir con el ritual de la firma o de la foto, lo que el pagador prefiera. O las dos cosas a la vez.Los hoteles y los promotores de box ganaron fortunas con el salvaje pegador de las botas negras cortitas que no usaba medias. Hoy el muchacho está en la lona o, para decirlo sin vueltas: se encuentra en la más dolorosa de las bancarrotas. No tiene una moneda, en el lenguaje vi­villo.Los hoteles cinco estrellas de Las Vegas, o mejor dicho algunos de ellos, le dan una mano y le permiten instalar una especie de oficina virtual para hacerse de unos pesos y sobrevivir.Cuidado, tampoco está tan regalado el fajador. Tenerlo en una fiesta privada, tipo cumpleaños o casamiento, cuesta unos 45 cinco mil pesitos. Una cifra similar cobra por sus reportajes y sus asistencias a shows o programas de televisión. Salvo que lo llamen de Argentina y en ese caso, su tarifa se dispara. De esa forma, pasó sin pena ni gloria por el programa de Marcelo Tinelli, quien cumplió su sueño de nuevo rico: tener en casa y de bufón a su ídolo de la adolescencia. Tyson acepta todo, siempre que le paguen, claro está.El presente del fajador recuerda al "Mono" Gatica, aquel viejo gladiador de los ring argentinos que dilapidó lo que ganó a las trompadas y terminó vestido con un frac que no entendía, en la puerta de un restaurante de calle Paraná, Capital Federal, propiedad de uno de sus rivales del Luna Park, Alfredo Prada. Allí su misión era decir: "Buenas noches, buen provecho" a los comensales. ¿Solidaridad o humillación de su ex rival?A veces, la fama es puro cuento, no hay dudas. Y eso no le pasa únicamente a los deportistas o a los artistas de vida complicada. Se puede trasladar a cada esquina de la vida y, obviamente, están incluidos todos los integrantes de la clase dirigente, sobre todo los que tienen responsabilidad de conducción.La buena imagen, la aceptación popular o la buena estrella no son perennes. Nada es para siempre ni nadie es socio vitalicio del éxito.Es definitivamente un grosero error mirar a otro o a los otros por encima del hombro. Cada quién está donde está por sus méritos en la mayoría de los casos. Subestimar realidades y potencialidades es una invitación a la autodestrucción. Ir por ese camino es empezar a contar cuánto falta para la estampida final. Los gobernantes, viejos y nuevos, deben o deberían entenderlo. O imaginar como es la vida después de la gloria.