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Cruel paradoja

18 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Cruel  paradoja

México grita a los cuatro vientos: la ley aprobada en Arizona que criminaliza a los inmigrantes indocumentados es discriminatoria. Sin embargo, si escuchamos a los centroamericanos, comprenderemos enseguida que la crueldad con que ellos son tratados al atravesar México supera infinitamente a la que están denunciando. México expulsa a su propia población hacia el éxodo. Pero también es un territorio de tránsito rumbo a Estados Unidos. La frontera sur –con 1.120 kilómetros de extensión– sirve de entrada para los empobrecidos pueblos del Caribe y Centroamérica –de facto, neoprotectorados bañados por el llamado "lago americano" (Mar Caribe). Mientras, en el extremo norte –en 3.200 kilómetros– los bordes con la hiperpotencia son la entrada al sueño americano. Estados Unidos teme que los territorios mexicanos con poco control estatal puedan caer en manos del terrorismo y el narcotráfico y exige más control en la frontera sur. En México, cada vez son más los centroamericanos detenidos y repatriados, como hacen los "gringos". Para ellos, los derechos humanos más elementales están siendo vulnerados a la luz del día, inclusive por la propia policía que, o participa de los hechos o los ignora.Acosados. "Lo peor del viaje es atravesar México. Subimos al tren en movimiento, para que no nos detengan o secuestren. La propia policía rompe nuestros documentos para luego decir que somos indocumentados y pedirnos "lana" (dinero) o nos deportan. Los Zetas (ligados al cartel del Golfo) nos secuestran y llaman a nuestras familias exigiendo rescates que oscilan entre 1.500 y 5.000 dólares. Nos amenazan de muerte, por eso no llevamos ninguna dirección ni teléfono anotados", comentan. Se estima que, diariamente, 60 inmigrantes centroamericanos son secuestrados.El dilema real que México debe solucionar es cómo enfrentarse al país al que busca parecerse. Por ahora, hace el trabajo sucio que Estados Unidos completará después: restringe y endurece cada vez más su política inmigratoria y cierra así una válvula de escape que antes permitía descomprimir tanta miseria, violencia y exclusión de su "lago americano". La paradoja resulta cruel; a pesar de la crítica que se haga a Estados Unidos, el único camino de salida para millones de desheredados es, precisamente, ese país.¿Y la mundialización, la globalización? ¿dónde quedaron, entonces? Tal vez esta sea la prueba más palpable de tanta falacia. No sólo no desaparecen las fronteras sino que adquieren creciente importancia ante la exacerbación de las desigualdades Norte-Sur. La dureza del saqueo impuesto por la hiperpotencia al mundo entero –y la degradación y destrucción medioambiental de sus propias empresas– obligan a más gente a emigrar.