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Conversaciones entre escritores (1)

Cuando el lector es invitado a participar en una conversación entre escritores, enriquece su percepción de la creación literaria. Rogelio Demarchi.

05 de febrero de 2012 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
Conversaciones entre escritores (1)

C uando un escritor conversa con otro escritor, quiere saber todo sobre el otro: desde cómo empezó a leer hasta cuántas horas escribe por día, desde sus opciones políticas hasta sus preferencias literarias. Por todo ello, cuando el lector tiene la posibilidad de conocer el contenido de esas conversaciones, su percepción de la creación literaria se enriquece: a su manera, el escritor se vuelve un trabajador y un ciudadano. Un ejemplo local es Ribak, Reedson, Rivera. Conversaciones con Andrés Rivera (Ediciones de la Flor, 2011), de Lilia Lardone y María Teresa Andruetto. El libro es el resultado de una serie de entrevistas desarrolladas "entre octubre de 2005 y febrero de 2006, más tres encuentros en noviembre de 2008"; concluido a mediados de 2009, recién se publica a fines de 2011. Los tres apellidos del título remiten a distintas facetas de la misma persona: Arturo Reedson no es un personaje cualquiera, sino el alter ego de ese escritor que se llama Andrés Rivera, que es el seudónimo del ciudadano Marcos Ribak.Hay que decirlo: Rivera, en los últimos 30 años, ha escrito libros de una importancia capital para la literatura argentina, y ha merecido, con justa razón, por ejemplo, el Premio Nacional en 1992. Sobre la materia narrativa y la originalidad de esos textos, vale esta síntesis de Lardone y Andruetto: "Las luchas sociales, la militancia, la contraposición entre ideales y política, la vejez, la violencia y el fracaso, el erotismo como una variante del poder, la dignidad de la derrota, la pérdida de toda esperanza, persisten de un libro a otro y, con un relato equidistante de la poesía y de la narrativa, atraviesan, de modos antes de él insospechados, los límites entre la historia y la ficción".El recuerdo de sus padres y de una Argentina forjada en la cultura del trabajo y la solidaridad; su compromiso político y su ruptura con el Partido Comunista; sus tiempos de obrero textil y sus tiempos de periodista; sus inicios literarios y su posterior consagración; la juventud y la vejez; su permanente preocupación por la realidad social; su lectura de la historia; y, por supuesto, su forma de escribir, de componer una ficción; Rivera habla sobre todo, hasta sobre su reticencia a tocar cuestiones de índole personal. Una pregunta: "¿Qué te preocupa cuando empezás una novela: la historia, el lenguaje, el tono?". La respuesta: "Si tengo una historia para contar necesito tres elementos: el título, las primeras cinco líneas y el final". Un dato: "Llevo anotados los días que trabajo y las horas". Da un ejemplo concreto, por supuesto, y comenta el registro: el 11 de marzo, de 12.25 a 13.50, "muy poco tiempo y mala hora"; 12 de marzo, de 10 a 11.45, "eso ya estuvo mejor"; 17 de marzo, "empecé a las 8.35, que es una buena hora, terminé a las 10".Una anécdota: hay papeles, "amarillentos ya", que le permiten afirmar que empezó Ese manco Paz "veinte años antes de escribirlo: apuntes, marcas y después me olvidé de todo".