El color de la camiseta
El recambio institucional trae ratificaciones y algunas novedades, especialmente en cuanto a los partidos políticos a los que pertenecen los nuevos conductores de los poderes ejecutivos municipales. Eduardo Bocco.
El recambio institucional trae ratificaciones y algunas novedades, especialmente en cuanto a los partidos políticos a los que pertenecen los nuevos conductores de los poderes ejecutivos municipales. Tanto en la Capital provincial como en el interior se están produciendo traspasos a dirigentes con camisetas de otros colores. Por su envergadura, Córdoba es el primer ejemplo de esa novedad en cuanto al recambio. El nuevo intendente Ramón Mestre, radical hasta los huesos, reemplazó a Daniel Giacomino, un ex radical que pasó por el juecismo y ahora está enrolado en el kirchnerismo.Mestre es también de un signo político distinto al del flamante gobernador José Manuel de la Sota. Como se aprecia en la edición de hoy de este diario y como ya se vislumbra desde hace un buen tiempo, De la Sota y Mestre mantienen una muy buena relación institucional, mucho más explicitada por el lado del mandatario provincial que por el del dirigente de la UCR.Entre 2003 y 2007, De la Sota fue protagonista de una pelea descomunal con el por entonces intendente Luis Juez. Antes, entre 1999 y 2003, empezó en gran sintonía con el intendente de la época, Germán Kammerath, pero terminó muy mal; con el agravante de que ambos formaban parte de Unión por Córdoba.Las malas relaciones entre gobernador e intendente de Córdoba, no importa el partido de cada uno de ellos, se pueden buscar a partir del restablecimiento de la democracia, en 1983, para no ir más lejos.Esos son datos que no son ignorados por la dirigencia política. Por eso, el flamante ex mandatario provincial Juan Schiaretti se esforzó sobremanera para llevarse bien con Giacomino e hizo lo posible para sostenerlo, a pesar de la pésima imagen del intendente de Córdoba en las encuestas. Schiaretti trató de priorizar lo institucional. De la Sota fue protagonista de una de las peleas más escandalosas y dice que aprendió la lección y que no quiere repetir el error. De allí que busque una fluida conexión con las autoridades municipales del radicalismo. Mestre no se opuso, pero es como si le costara más asumir la situación. No tiene experiencia en ese tipo de enfrentamientos, más allá de los recuerdos que tiene de los encontronazos que mantuvo su padre cuando era intendente con el entonces gobernador Eduardo Angeloz, o, cuando era gobernador, con el intendente de aquellos años, Rubén Martín.Ahora, Ramón Javier Mestre es el jefe de la ciudad de Córdoba. Las encuestas y el sentido común desean un buen vínculo entre él y las autoridades provinciales. Los peces de aguas profundas ven el vaso medio vacío. Creen que cualquier espacio público es un potencial campo de cultivo de relaciones peligrosas, que van más allá de lo político. De momento no hay nada, absolutamente nada que lleve a enhebrar alguna especulación que aliente la menor de las dudas. Pero, como se ha dicho una y mil veces, para ver de qué pierna cojea, al rengo hay que verlo caminar.

