El coleccionista
El escándalo desatado en torno a los bienes y propiedades atribuidos a Sergio Schoklender, que incluye una investigación sobre su persona. Luis Heredia.
El escándalo desatado en torno a los bienes y propiedades atribuidos a Sergio Schoklender, que incluye una investigación sobre su persona por supuesto lavado de dinero, significó un duro golpe para los planes de vivienda social de las Madres de Plaza de Mayo, para el gobierno y para uno de sus principales pasatiempos de Schoklender: el coleccionismo. Entendida como la actividad consistente en acopiar y organizar objetos según diferentes temáticas, la pasión y hasta la compulsión por coleccionar no reconoce fronteras, y en el caso Schoklender sus temáticas eran los autos deportivos y las propiedades. "Hay gente que colecciona mariposas, estampillas, chorizos, hormigas, servilletas usadas, rollos de papel higiénico o muñequitos Jack, y no por eso son lavadores de dinero", argumentan desde su entorno."Los coleccionistas son gente muy especial y sus gustos pueden ser muy variables. Hay gente que dedicó su vida a juntar baldosas y las exhibe con orgullo, el problema es que sus descendientes normalmente tiran estas colecciones a la basura. En el caso de Schoklender va a ser difícil que le entreguen una colección de Ferraris a un carrero cuando él ya no esté", agregan.Las que estaban más avanzadas eran su colecciones de departamentos y de lotes, estos últimos de diferentes tamaños, formas y ubicaciones. En tanto que las más incipientes eran las de yates y aviones. Frente a las sospechas de que estas colecciones se habrían conformado con dinero que el Estado giraba al programa de viviendas Sueños Compartidos, Hebe de Bonafini no se anduvo con vueltas y dijo: "Los malditos coleccionistas deben ir a la cárcel". La dureza de estas afirmaciones cayeron mal en algunos círculos que sostienen que el coleccionista no debe ser demonizado y castigado sino más bien ayudado y contenido, cuando supera ciertos límites. "Además, no se debe olvidar un principio que en Argentina tiene valor casi constitucional, según el cual "el que tiene plata hace lo que quiere, sobre todo si proviene del Estado", agregaron. Pero si las denuncias pusieron serios límites financieros al hobby de Shoklender, lo más serio es que dejaron trunco su plan de construcción de casas móviles, una iniciativa destinada a cambiar la historia de construcción en el mundo y generar una revolución social.Inspirada en el concepto del caracol, estas construcciones implicaban una evolución decisiva en el concepto de la casa rodante, ya que se trataba de residencias completas montadas sobre remolques que podían instalarse en un lugar a elección, después de un paseo dominical por ejemplo.Las posibilidades que hubieran abierto con estas casas itinerantes eran infinitas. "En tiempos en que buena parte del mundo está paranoico con los tsunamis, las casas de Schoklender habrían generado un avance decisivo en materia de seguridad, ya que frente a un alerta de maremoto, ciudades enteras podrían ser cargadas en remolques y llevadas por las rutas hacia lugares más altos, creando así el concepto de urbe móvil", afirman sus impulsores.Pero lo esencial de las casas portátiles es la movilidad social. El poseedor de una de ellas podía sacarla de una zona marginal o deprimida e instalarla en un barrio de clase media, media alta, un country o un parque nacional, con solo cargarla en un tráiler y llevársela a una zona con todos los servicios. "Además eran ideales para escapar de las nubes de ceniza que cada tanto largan los volcanes chilenos", agregan.Para los más entusiastas de este proyecto de residencias ambulantes, su desarrollo tocó los intereses de los sectores vinculados al sedentarismo, que serían quienes están detrás de todas las acusaciones que pesan sobre Schoklender. "El sedentarismo comenzó a imponerse sobre el nomadismo hace 5.500 años, cuando los sumerios optaron por asentarse en la mesopotamia asiática, por lo que esta iniciativa atacó cuestiones culturales fuertemente arraigadas", afirman.Según este razonamiento, el sueño de Shoklender de que el hombre regresara a la trashumancia, con miles de casas circulando por rutas y autopistas buscando los mejores lotes para asentarse, quedó trunco por las maniobras que desde las sombras urdieron los fundamentalistas del inmovilismo habitacional y sus poderosos intereses económicos. Hay gente con la que es mejor no meterse, entre ellos los sedentarios.

