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Anatomía de un clásico

La pampa y el desierto, los milicos de la partida y los indios con sus tolderías; esos son los escenarios y los antagonistas que definen la vida errante del gaucho Martín Fierro en el legendario poema publicado por José Hernández en 1872.

07 de agosto de 2011 a las 12:02 a. m.
Rogelio Demarchi (Especial)
Anatomía de un clásico

Con curiosa exactitud, 100 años más tarde, a fines de 1972, Roberto Fontanarrosa utilizó los recursos de la historieta para componer ese inagotable "poema telúrico" titulado Inodoro Pereyra, el renegáu, que apareció por primera vez en las páginas del número 24 de Hortensia . Fontanarrosa ya era colaborador de la revista. Había sido presentado en el número 15 y en el 16, hay un chiste suyo que es emblemático: Fierro y el sargento Cruz se presentan diciéndose sus apellidos; cuando el gaucho oye el del milico, lo único que atina a preguntarle es si es "algo de la naranja". Ese diálogo equívoco, donde personajes arquetípicos del siglo 19 están al tanto de cuestiones del siglo 20 que dan otro sentido (otra lectura) a alguna de las palabras intercambiadas –véase el chiste sobre Montoneros que aparece en el número 27–, es uno de los elementos clave de ese Inodoro que nació como una parodia –en pleno auge del nacionalismo revolucionario– al discurso que unía lo gauchesco, la ruralidad y el folklore con la identidad nacional.De hecho, Inodoro se encuentra en la misma situación que Fierro en la segunda tira que publica Hortensia : debe enfrentar a la partida; y, en medio de la lucha, uno de los milicos –espejo de Cruz– se pone de su lado porque "así no se mata a un valiente". Una vez terminada la pelea, el milico lo invita a huir hacia las tolderías, que es lo que hacen Fierro y Cruz. Pero Inodoro rechaza la invitación: a ese destino, dice, "me parece que lo leí en otra parte y yo quiero ser original".Esa originalidad está llena de pequeños detalles: el chiste cuadro por cuadro, muchas veces alcanzado a través de guiños que remiten a la cultura popular, al cancionero de la época, a la literatura o al arte en general; una definición pictórica de los personajes con trazos que han sido relacionados con grandes maestros de la pintura nacional (Castagnino, Molina Campos, Alonso); un encuadre cercano al cine; y un discurso narrativo que derrocha absurdidad y contrasentido, capaz de comparar el sol del atardecer con "un chinchulín encendido de brasas y arrebol", o la noche con "un zapato de charol con estrellas".Pereyra por la madre e Inodoro por el padre, que era sanitario, este gaucho descendiente de mocovíes –los indios que habitaron el norte de la provincia de Santa Fe– pelea con la fuerza de "una comadreja enfurecida", tiene la penetrante mirada de un "benteveo silvestre", y es capaz de bajarse del caballo con la misma rapidez y destreza con que salta una codorniz. Su mujer es la Eulogia, a la que roba en medio de un baile (calco de La pomeña , de Manuel J. Castilla y el Cuchi Leguizamón). Y su mejor amigo es Mendieta, un perro que en sus mejores tiempos supo ser cristiano y peón de estancia, hasta que se "emperró" (referencia a la leyenda del lobizón). Por todo ello, Inodoro Pereyra, ese joven clásico de nuestra literatura, es el hilarante poema que concibió un artista fenomenal en un tiempo tumultuoso para que supiéramos reírnos de nosotros mismos.