Botnia, o la Opción Calamaro
Desaprovechamos los fuegos artificiales del Bicentenario para poner fin al conflicto con Uruguay por el corte del puente. Luis Heredia.
Pasaron los festejos del Bicentenario y evaporadas la saludable euforia popular y las cataratas analíticas generadas por la fecha, no queda otra que volver a enfocarnos en problemas y entuertos a los que por unos días les quitamos la atención. Uno de ellos es el generado por los uruguayos que decidieron instalar la pastera Botnia frente a Gualeguaychú con los objetivos de fabricar pasta de celulosa, arruinar el paisaje, contribuir a la contaminación del río Uruguay y generar pésimos olores en ese sector del Mercosur.
Sin embargo, y pese a graves los daños ambientales que puede generar esa industria, para algunos especialistas sería mucho peor para el ecosistema litoraleño que los uruguayos vaciaran los mates que consumen a diario, tanto en el Río Uruguay como en el Río de la Plata. Según estudios estadísticos, el uruguayo medio es el ser viviente que más mates consume, con un promedio de 2010 cebadas por día (algunos acostumbran tomar varios mates simultáneamente, sorbiendo ruidosamente de un ramillete de bombillas, y otros utilizan complejos sistemas de cánulas para matear mientras duermen). El polémico informe asegura que los orientales utilizan más agua en llenar sus termos que en tareas agropecuarias, y que están comprometiendo las reservas hídricas del país.
Pese a que el hipotético volcamiento yerbatero es sólo una especulación, algunos lugareños aseguran que durante un tiempo desde la otra orilla se vaciaban mates en el río Uruguay, lo que le dio un fuerte tono clorofílico al agua y también a sus peces. "Llegaron a tirar tanta yerba que los dorados se pusieron verdes. Cuando pescábamos, no sabíamos si sacábamos un pescado o una bandeja de rúcula", recuerda un veterano pescador.
Pero la situación generada con la pastera es mucho más compleja porque los asambleístas insisten en que no levantarán el corte sobre el puente con Fray Bentos, hasta que la planta no sea desarmada como si fuera la carpa del Circo Orlando Orfei, algo a todas luces poco probable. "Es como bloquear el Canal de Suez hasta que Egipto remueva la Gran Pirámide", opina el analista internacional José Teg. Para el especialista, la intransigencia de los asambleístas es una consecuencia más de la inmigración que llegó a la Argentina. "Algunos historiadores sostienen que llegaron muchos más vascos de los que se piensa al país, y ciertos comportamientos testarudos de los argentinos abonan esta teoría", agrega Teg.
Pero mientras la solución al entuerto parece difusa, días antes del Bicentenario, Andrés Calamaro irrumpió con lo que parece ser la llave para destrabar el conflicto: dinamitar el puente Gualeguaychú-Fray Bentos.
Apenas conocida la propuesta lanzada en Montevideo, sonó la alarma de conflictos internacionales instalada en el dormitorio del canciller Jorge Taiana. "Jefe, Calamaro impulsa la destrucción del puente de Gualeguaychú. La Fuerza Aérea y la Armada dicen que esperan órdenes. ¿Qué hacemos?", dijo por teléfono el vicecanciller Taccetti, que esa noche estaba de guardia en el Palacio San Martín. "Qué nadie haga nada hasta que encuentre mis pantuflas", bramó el canciller que buscaba ganar tiempo en medio de un lógico estado de confusión.
Finalmente, la denominada "Opción Calamaro" fue analizada y se concluyó que sin duda dinamitar el puente "descomprimiría el conflicto", ya que los asambleístas se quedarían sin nada para cortar. "Pero tendríamos que haberlo hecho durante los festejos del Bicentenario, ya que con tanta pirotecnia nadie se iba a dar cuenta", se lamentó un funcionario.
Algunos críticos se preguntaron por qué Calamaro propuso volar el puente y no la pastera, sin advertir que la suya es una propuesta integral, que incluye la reconversión industrial de Botnia para que fabrique papel para cigarrillos de marihuana.
En medio de tanto bardo, cabe pensar que lo verdaderamente escandaloso de todo esto no es la propuesta de Calamaro, sino la capacidad de gobernantes propios o extraños de producir problemas sin solución.

