Temas del día:

La batalla cultural

“La incultura de los políticos produce, casi invariablemente, incultura ciudadana. La incultura de ‘la gente’ es también la mejor coartada de los políticos que reafirman la servidumbre a lo que las encuestas informan".

29 de mayo de 2011 a las 12:02 a. m.
La batalla cultural

Beatriz Sarlo es una intelectual insoslayable cuando se trata de comprender fenómenos culturales. Y la política lo es. En La audacia y el cálculo. Kirchner 2003-2010 (Sudamericana, 2011), nos invita a ver la escena política nacional desde una perspectiva totalmente novedosa. Su principal objeto de estudio es Néstor Kirchner (y, desde él, el kirchnerismo), pero no por ello deja de criticar a Mauricio Macri, Daniel Scioli, Elisa Carrió y Francisco de Narváez, entre otros actores secundarios. Si se pudiese reducir su ensayo a una pregunta, sería esta: ¿Cómo es que Kirchner, que asumió su mandato presidencial presentándose como un hombre común con responsabilidades extraordinarias, a poco de andar se convirtió en el fundador de una nueva era, en el vencedor de una batalla cultural y en el centro de un nuevo mito nacional?Para responderla, Sarlo analiza las formas o los dispositivos culturales que determinan hoy los modos de hacer política: fundamentalmente, la televisión; secundariamente, Internet y las nuevas tecnologías.Su caracterización de la televisión y su influencia sobre la política es lapidaria. Dice: "La televisión de aire tiene el ímpetu universal de los productos de primera necesidad", "su negocio es la inclusividad", "es el medio que exige menos credenciales educativas". Y como en ella viven las celebridades, puede ser definida como una Celebrityland con sus propias jerarquías y linajes, que "extiende su hegemonía sobre los estilos culturales", lo que quiere decir que impone sus reglas a muchos juegos que la exceden. "En Celebrityland no valen las ideas sino la opinión", que "reemplaza a la idea sin exigir demasiado de quien la emite ni de quien la escucha". Esto afecta directamente a la política. "Muchos de los políticos que pelean por los primeros puestos se convencieron de que no existen sin televisión y, lo que es peor, se resignaron por falta de imaginación o de inteligencia a ser peores que la televisión promedio". Por eso, el discurso político está vacío de contenido y lleno de lugares comunes: "La incultura de los políticos produce, casi invariablemente, incultura ciudadana. La incultura de 'la gente' es también la mejor coartada de los políticos que reafirman la servidumbre a lo que las encuestas informan que 'la gente piensa': políticos sin capacidad de creación, sin la imaginación de una salida en diagonal que fisure lo dado, incluso lo que es dado por la opinión de la gente". Cuando los Kirchner llegaron al poder, no pertenecían a Celebrityland, de modo que no conocían sus códigos. Recién el año pasado, con los festejos del Bicentenario, habrían mostrado su dominio pleno de ese mundo. Y la participación, de un tiempo a esta parte, de Florencia Peña y Andrea del Boca en los actos kirchneristas sería una mínima demostración de que ahora "Celebrityland ya tiene su provincia K". Con todo, Sarlo reconoce que la política comunicacional de los Kirchner siempre ha superado las estrechas fronteras de Celebrityland: los blogs, Twitter y Facebook serían los elementos centrales de "un reino dividido en madrigueras" que transmite a sus usuarios la impresión "de que forman una especie de nación de elegidos". Nada de lo que allí se dice es novedad, información rigurosa, análisis profundo. Más bien se trata de discursos que se reproducen en cadena siguiendo la dinámica del rumor. "Un periodista, un funcionario, un político, un particular que ha logrado que su nombre sea reconocido dice algo. Lo toma de la radio, de lo escuchado a medias en un pasillo, de lo que le contó un amigo, de lo que le conviene que se sepa, y lo convierte en hecho". Y lo escrito entonces se torna cierto y se reproduce como tal, por lo general en oposición a algo que dicen o han dicho los medios establecidos, a los que se acusará de ocultar algo o de actuar en función de inconfesables intereses, etcétera. La dinámica del rumor va de la mano de la teoría de la conspiración. La reinvención. Esta práctica comunicacional "no está dirigida a los intelectuales y políticos que leen la prensa escrita tradicional y escriben para ella. Tiene un objetivo social disperso, extendido, como un haz que se amplía en círculo y gira iluminando zonas hasta hace poco inertes o desatendidas". Ahora bien, ¿cuál es el núcleo discursivo central que se trabaja en esos campos de la comunicación? Que Kirchner (primero Néstor, más tarde Cristina) marca la diferencia en la política argentina. Y la piedra fundamental de esa diferenciación se relaciona con los derechos humanos. Néstor se inventó políticamente a sí mismo a partir de 2004 y en los actos de la Esma y del Colegio Militar, donde formuló "su interpretación de los años '70, no simplemente en lo que concierne al terrorismo de Estado, sino en lo que toca a la memoria militante de la juventud peronista radicalizada y guerrillera", posicionándose como sostén a la lucha interpretativa –abierta, no clausurada– sobre aquellos años. "A partir de allí hay competencia por el discurso y Kirchner la gana", porque no se presenta "como síntesis de lo que había conseguido la democracia, sino como iniciador de una nueva era". Esa idea de que no es continuidad de sus antecesores sino quien rompe con ellos intentará trasladarse a otras esferas de la política, con sus más y sus menos, y su antiliberalismo ideológico (no económico) colaborará en varias ocasiones. De esta manera, "encontró el espacio de una refundación en un momento en que todos sentían que la cuestión era refundación o muerte".