Año Nuevo, ¿escuela nueva?
Saquen un libro. Rogelio Demarchi.
Comienza un nuevo año escolar. A la luz de la nueva Ley de Educación provincial, asistiremos a la reformulación del secundario. ¿Eso significa que tendremos un secundario verdadera y profundamente renovado? Si así fuese, debería poder dar respuesta a los críticos planteos que todos los integrantes de la comunidad educativa expresan desde hace años. Sintéticamente formuladas, esas críticas giran alrededor del malestar docente porque se ha desdibujado la función del profesor (el por qué, el cómo y el para qué está en el aula); de la falta de motivación (y hasta autoexclusión del proceso de enseñanza-aprendizaje) que manifiestan los chicos, que no entienden por qué tienen que aprender lo que aprenden y de la manera en que aprenden; y la angustia de las familias, que cada vez más perciben que una buena educación cuesta mucha plata... Y eso que no piden nada del otro mundo, apenas una educación que les dé garantías de que sus hijos aprenderán los conocimientos indispensables para que puedan ingresar a la universidad y sostenerse allí como alumnos regulares con medianas posibilidades de concluir la carrera elegida, en vez de quedar en el camino.Una teoría con una muy interesante experiencia práctica en distintos países propone una solución a esas críticas. Se la puede leer en Una pedagogía de la integración (FCE, 2010), de Xavier Roegiers (con la colaboración de Jean-Marie De Ketele).El primer paso es la integración de todos los conocimientos que se imparten en la escuela para que el estudiante sea el protagonista del proceso. Se trata de hacer del colegio un sistema que "puede garantizar no sólo la articulación de los distintos conocimientos entre sí, sino, sobre todo, la articulación de esos conocimientos con las situaciones en las cuales se deben movilizar, ya sea en el dominio de la concepción de un currículo de enseñanza, en el de las prácticas mismas en el aula o, incluso, en el de las modalidades de evaluación".En segundo lugar, esa integración debe hacer posible el desarrollo de capacidades generales y de competencias específicas. Si la capacidad es la aptitud de hacer algo, la competencia puede ser definida como "un saber actuar, es decir, un saber integrar, movilizar y transferir un conjunto de recursos (conocimientos, saberes, aptitudes, razonamientos, etc.) en un contexto determinado, para hacer frente a diversos problemas encontrados o para realizar una tarea".Una capacidad (hay muchas, por ejemplo, cognitivas, gestuales, físicas, socio-afectivas) se desarrolla y se mejora a lo largo del tiempo: entrenamiento mediante, algo, cualquier cosa, se puede hacer mejor, más rápido, con más precisión, con mayor confianza. La competencia se caracteriza por movilizar diferentes capacidades y diversos contenidos. "Sólo se puede ser com-petente si se es capaz de integrar un conjunto de cosas que se han aprendido".Por todo esto, una escuela que integra sus conocimientos para desarrollar competencias específicas da sentido al aprendizaje, lo torna más eficaz y permite fundar sobre él aprendizajes ulteriores.De Túnez a Canadá y de la primaria a la universidad se está aplicando este sistema. ¿Nosotros no podemos intentarlo?

