Alguien tiene que quedarse
Después del papelón mundial del ministro de Economía Hernán Lorenzino, podría pensarse que Argentina es un país descartable o, al menos, de dudosa seriedad. Eduardo Bocco.
Después del papelón mundial del ministro de Economía Hernán Lorenzino, podría pensarse que Argentina es un país descartable o, al menos, de dudosa seriedad. El cada día más desvalorizado jefe del Palacio de Hacienda –cuyos titulares fueron históricamente funcionarios poderosísimos– dejó boquiabiertos a los que leyeron la noticia sobre la entrevista que concedió a una periodista griega. ¿Y los que vieron el video? Sin dudas que sus testimonios podrían alimentar el argumento de un cuento o hasta el guion de una película.Es tragicómico. Con la velocidad de un rayo, los oportunistas venden la camiseta con la leyenda "#me quieroir", que hizo furor en Twitter todo el viernes pasado.Esto se difundió apenas unas horas antes de la sanción de la reforma judicial que, cuando se termine de votar, permitirá al Gobierno ejercer un control definitorio sobre los jueces.Si se pusiera a la democracia en un tablero de ajedrez y las fichas fueran todos los funcionarios de los distintos poderes del Estado, quien esto escribe elegiría como sus baluartes del juego al juez o a un fiscal en materia penal. ¿Por qué? Porque ambos son, en definitiva, la última garantía de libertad que tiene un ciudadano.Bueno, ahora esos jueces y fiscales podrán ser nombrados y removidos por el gobierno de turno, sin que pese la opinión de los opositores porque la nueva normativa lo permite. Quien haya ganado la mayoría, tiene la sartén y también el mango, en este caso tonalizado en color a elección, y con el respectivo borde cromado. En la misma semana, el dólar marginal llegó a los 9 pesos y Lázaro Báez se presentó casi como un muchacho de barrio, cuyo único pecado es haber sido amigo íntimo del fallecido Néstor Kirchner.La que pasó fue una semana en la que los sucesos ocurridos se asemejaron a jornadas con viento y tierra sin parar, de esas que malhumoran hasta al de espíritu más templado.Pero hay buenas noticias: no hay nada que haga presagiar la llegada del Apocalipsis. El fin del mundo fue erróneamente anunciado para el año pasado. Nada de eso pasó, ni pasará. Estamos vivitos y coleando.La salida pasa por la participación y por la toma de conciencia de que nuestra opinión vale, y vale mucho cada vez que se realiza una elección.El que estamos transitando es un año electoral. La toma de conciencia y el apoderamiento de información son elementos centrales para definir el camino por seguir. Después, echarle la culpa al otro es lo más fácil. Escupir falsos resentimientos es hasta una pose para evitar ir al fondo de las cosas.Para ratificar el rumbo, para defender una gestión o para rechazarla y tratar de cambiarla hay que tener convicciones. De otro modo, tiramos agua a un barril que no tiene fondo.

