Alguien escondió la sorpresa
La elección presidencial del domingo 23 tendrá características únicas, nunca vistas hasta ahora. Eduardo Bocco.
La elección presidencial del domingo 23 tendrá características únicas, nunca vistas hasta ahora. Será la primera vez que los argentinos vayan a votar conociendo más o menos con alguna certeza el resultado de los comicios. El próximo turno electoral será prácticamente un espejo de la primaria abierta del pasado 14 de agosto, cuando Cristina Fernández de Kirchner obtuvo una contundente victoria (más del 50 por ciento de los votos en todo el país). Las cifras desalentaron a los opositores y la ciudadanía dio por terminado el asunto, especialmente en esta provincia, donde en muchas ciudades y pueblos, 2011 llegó con un calendario de cuatro turnos (gobernador, primarias abiertas y obligatorias, intendente y presidente).Para la pulseada que se viene habrá un solo cambio relevante si se la compara con la del 14 de agosto: no participarán los partidos y electorales que no llegaron al 3 por ciento de los votos en las primarias. Ese límite es un corte que impide a los candidatos marginales volver a presentarse en las generales.Desde agosto hasta hoy, no hay grandes novedades salvo en las campañas de algunos candidatos opositores. Sin embargo, no produjeron ningún hecho importante que provoquen un vuelco en la opinión del electorado. Tan así son las cosas que se puede decir sin temor a equivocarse que estos comicios se realizarán con las cartas descubiertas.Hay especulaciones que aseveran que en Córdoba se dará una caída de algunos candidatos en beneficio de otros y el crecimiento de algunos. Nada lleva a pensar que se opaque el caudal electoral de la Presidenta. Es más, los últimos sondeos nacionales dicen que la jefa del Estado que va por la reelección podría llegar a conseguir el 55 por ciento de los sufragios contra un de 18 a 20 por ciento del socialista Hermes Binner.Esas encuestas coinciden en marcar una nítida caída del Ricardo Alfonsín y del peronista ortodoxo Eduardo Duhalde, y una estabilización de Alberto Rodríguez Saá, que lidera otra vertiente peronista.Por todo lo apuntado, este proceso electoral es absolutamente indiferente para la sociedad argentina. No hay sorpresas y hasta el momento nada hace presuponer que aparezca una sorpresa que sirva como condimento para el último tramo de la campaña. Hasta pareciera que los propios candidatos no ven la hora que este via crucis termine de una vez.Sin embargo, hay otro elemento a tener en cuenta: ese desgano e indiferencia nada tienen que ver con la responsabilidad ciudadana. El elector seguramente volverá a ir a las urnas (en muchos casos por cuarta vez en el año en nuestra provincia). Cumplirá con su compromiso, tal como se viene haciendo desde 1983, cuando se recuperó la democracia.Sin embargo, en esta oportunidad no hay lugar para el debate intenso que suele provocar la incertidumbre por el resultado. No hay nada escondido, todo está a la vista.

