Tiempo para reinventarse
Carlos Gil fue ejecutivo y accionista del grupo empresario Ecipsa, pero su agenda y su currículum cambiaron.
Cuando era niño, me asombró saber que tres ancianos llegaban a 100 años en Argentina. El último censo, realizado en 2010, contó casi 3.500 y hay 23.000 personas entre 95 y 99 años. Para 2050 –cuando cumpla mis propios 100– serán cientos de miles los longevos. ¿Por qué no ser uno de ellos? O, al menos, ¿por qué no prepararme, feliz, viviendo intensamente, por si lo soy? Si se da esa posibilidad, me quedan hoy 40 años de vida. Tiempo para reinventarme. Es por eso que me he reinventado tres… ¡Y no es la última!
En 1980, me licencié en Administración de Empresas en la Universidad Nacional de San Juan. Posteriormente, cursé estudios de postgrado en Administración Cultural y, trabajando en eso, viví experiencias maravillosas. Con una treintena de jachalleros, creamos el primer ecomuseo de América latina. En aquella época, vivía en San Juan, pero como experto de la Secretaría de Cultura de la Nación viajé por todo el país, capacitando, y fui director de Cultura en San Juan y en Godoy Cruz, Mendoza. Después de ocho años, por la hiperinflación, debí resignar esas funciones.
Entonces, me reinventé, trabajé en el grupo empresario Ecipsa durante 20 años. A mi perfil de administrador de empresas agregué el enfoque de cultura en las organizaciones y trabajé sobre la imagen empresaria del grupo y su presidente. Realmente disfruté diseñando lanzamientos de productos, desde el country Las Delicias, Lomas, el Edificio Inteligente, pasando por el Valle del Golf y TierrAlta.
En esta segunda reinvención me mudé con toda la familia desde San Juan a Córdoba. Fui responsable, gerente, director y accionista miembro del Directorio del Grupo y sus Empresas. Disfruté también de directorios internacionales y de la actividad muy cercana al presidente de Ecipsa, Jaime Garbarsky. En 2008, por circunstancias empresarias, debí resignar esas funciones, pero mantuve mi participación accionaria en la compañía.
Tengo 62 años y estoy orgulloso de mis logros, pero esta posibilidad de reinvención es otra razón de disfrute y una respuesta ajustada al “quien soy”. Yo me reinvento hasta ser feliz. Siempre.
Y dije que quiero vivir intensamente. ¿Qué es vivir intensamente para mí? Hace años, cuando mis tres hijos aún no me daban nietos ni otras realizaciones, vendí una casita para hacer un viaje todos juntos. Hasta hoy lo recordamos.
Y ese criterio –dar y disfrutar, (que es igual a felicidad, que es igual a salud)– lo adquirí en mi niñez. Mi padre me repetía su frase: “Todo lo que tengo, es todo lo que he dado”. Otros contarán su patrimonio por casas o cajas de caudales. Yo, por lo que he dado. Puedo seguir dando y… nadie me lo puede robar, confiscar o gravar impositivamente: ¡soy rico y feliz!
Hoy me dedico al coach , que consiste en acompañar profesionalmente a un cliente para que obtenga resultados extraordinarios en su vida, su profesión, su empresa; el cliente profundizará en su conocimiento y él mismo será el artífice de una mejora en su calidad de vida. Para ello me capacité en Buenos Aires y Córdoba y tengo oficinas aquí y en San Juan. Recibo a mis clientes en mi casa "La Catalina" en La Granja. Compartimos el verde, el aire, el río, mi arte y mis técnicas orientadas a acompañar a las personas hasta lograr sus objetivos, lo que genera en ellos otros puntos de vista. Cuando el cliente lo reconoce, yo sólo siento que algo he dado.
Y con eso, seguro, vivo mucho más. Y muy enriquecido.
Otras experiencias y actividades aportaron mucho a lo que me sucede actualmente. Hice muchos viajes de joven, a lugares a los que prometí volver con mi esposa. Mi afección al montañismo, que por años me hizo disfrutar del trekking al aire libre, también fue un gran aporte. Y actualmente asisto al gimnasio regularmente.
Zapatillas para todos
Los amigos de Carlos Gil destacan hoy la forma en que él invierte su dinero para vivir mejor y dan ejemplos. Recientemente, para el casamiento de su hija, compró zapatillas para todos. Sabía que los invitados no iban a resignar elegancia para ir, pero que iban a necesitar comodidad para bailar y disfrutar realmente de la noche. Eso cambió la dinámica de la fiesta.

