“Te deja otra cabeza"
Con humor pero sin emociones fuertes. El Negro Álvarez sufrió un infarto en 2002, cree que por la combinación del cigarrillo y la crisis de 2001. Volvió a reírse, pero evita emociones fuertes.
Creo que fue el 15 de febrero de 2002, a eso de las 3, 4 de la madrugada. Tenía 56 años. Estaba en Mar del Plata y tuve un infarto, me internaron en el Sanatorio La Comunidad y siete días después me llevaron en ambulancia a la Fundación Favaloro, donde estuve primero en terapia intensiva y después intermedia. Recién después me pudieron operar, porque hasta ese momento no estaba en condiciones de afrontar la intervención. Habían pasado unos 20 días, me hicieron tres by pass y la operación duró entre siete y ocho horas. En la terapia intensiva estuve despierto, una noche me harté y me saque todos los cables y me quise ir, pero solo fue una vez. En otra, murieron dos personas al lado mío, escuché conversaciones muy duras de los parientes. No las puedo repetir. Cuando iba al quirófano estaba muy tranquilo. En la sala de operaciones veía las luces arriba de la camilla, a los instrumentistas y de pronto vino el anestesista y me dijo: "Negro, te voy a poner una pastilla sublingual y después la peridural". "Ah –le contesté–. Entonces vos sos la última persona a la que voy a ver". El hombre se asustó, así que me apuré a aclararle: "No, quise decir que sos la última persona que voy a ver antes de despertarme". Lo había tensionado, no lo quise poner nervioso. Cuando me sucedió estaba separado y tenía otra pareja; tanto mi pareja de ese momento, como mis cuatro hijos se portaron muy bien, inclusive ellos vinieron de Córdoba a estar conmigo. Con el mayor, Sebastián, nos retaron una noche por reírnos a los gritos de un chiste que él me contó.Yo fumaba mucho, dos etiquetas por día. Quizá otro factor que se sumó fue el estrés de la crisis de 2001. Comencé a fumar de chico, a los 15 años, de pavo. A los 18 intenté dejar, porque quería ser cantante y me dijeron que me podía afectar las cuerdas vocales, y lo abandoné por seis meses, pero volví, también de pavo. Me dije que podía fumar uno o dos por día, que lo podía dominar, pero no es así. Me pasó algo parecido a lo que le sucedió a una amiga alcohólica, que también había dejado de tomar, pero se encontró con un psicólogo y le dijo que ella podía manejarlo, tomar uno o dos vasos por día. Y volvió. Es por eso que cuando uno tiene un problema así, fuma, toma alcohol en exceso o consume drogas, no hay que probar nunca más. Hay que cortarlo de raíz. Y sé que se puede. Después del infarto nunca más fumé. Fue como un bloqueo automático, sólo tuve miedo de volver cuando salí de la Fundación Favaloro y justo donde tenía que subir al auto había dos personas que estaban fumando, pero por suerte no me dieron ganas de hacerlo. Ahora puedo detectar el humo a 50 metros. Además de dejar de fumar hice mucha gimnasia durante mucho tiempo. Hacía gimnasia todos los días, hasta los domingos y cada seis meses iba a hacerme un control. Cuando te sucede algo así te deja otra cabeza, pensás que en cualquier momento te puede pasar de nuevo, eso u otra cosa, y que la muerte es una cosa real y natural. Mi padre había muerto de un infarto y por eso antes de que me sucediera pensaba que también me podía dar a mí, pero aun así no había querido dejar el cigarrillo. No he dejado de reírme. Vivo de eso. Mi primer espectáculo después de que me recuperé se llamó "Yerba mala nunca muere".El corazón no me volvió a asustar. Inclusive tuve dos asaltos en los que me pusieron un revólver en la cabeza, en uno de ellos me agarraron de atrás y me quitaron un reloj. No tuve miedo a pesar de la violencia y las armas, es como que paso de algunas cosas, porque fue muy fuerte estar en terapia intensiva, no porque sea un superhombre. Gracias a Dios nunca tuve mi ego muy grande, ahora menos. Veo colegas que se desesperan y se creen imprescindibles y me hacen gracia. La vida es una sucesión de momentos, trato de que sean buenos y nada más.Trato de no enloquecerme con el trabajo, pero a veces lo hago. Por ejemplo, el año pasado hice una gira muy larga. Este año no, estoy más tranquilo. Por ahí me enojo, pero menos que antes. Siento que me falta el aire, me pongo muy mal, por eso trato de evitar las situaciones de ira, pero cuando vienen, vienen. Lo que sí evito son los velorios, de amigos, por ejemplo. Trato de no tener esas emociones fuertes. Producción periodística Alejandra Beresovsky

