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“Para las mujeres, el tercer tiempo es fundamental”

Sostén mutuo. Acude al Centro del Adulto Mayor (Cepram), donde dice que disfruta de amistades de años, pero sigue en contacto con los más jóvenes a través de su profesión.

06 de marzo de 2013 a las 12:02 a. m.
Josefina Edelstein
“Para las mujeres, el tercer tiempo es fundamental”
(Raimundo Viñuelas/La Voz).

Mantener el espíritu sensible, abierto, curioso, es una de las cosas que nos mantiene jóvenes a cualquier edad. El hecho de tener todos los días un mañana, proyectar hacer alguna cosa y ejecutar la tarea; saber qué pasa en el mundo; relacionarnos con otros –personalmente o a través de la computadora (yo uso Skype)– son maneras de tener la mirada abierta y no encerrada en uno mismo, porque así nos aislamos y de nada sirve. Tengo muchísimas amigas que, como yo, van superando crisis importantes en la vida, pero proyectamos futuro para sentirnos bien, para estar mejor, para compartir y no aislarnos, para no deprimirnos, porque todo eso tiene un nombre: enfermedad. Sino, uno se queda ahí, se vincula con el dolor, con los achaques que vienen con la edad. Pero además de los dolores de huesos tenemos un espíritu que nutrir.Para abrirse, creo que la primera herramienta es la palabra. Me parece que hablar es uno de los mecanismos para sanarse, porque se objetiva y, al hacerlo, se ponen en funcionamiento todas las neuronas para lograr una expresión coherente y uno deja de "rumiar", de alguna manera se despega de ataduras. Hablar, leer, compartir, son cosas fundamentales a mis 69 años y hago una invitación a los hombres para que hablen más, porque lo hacen poco. En cambio, para las mujeres el tercer tiempo es fundamental: del cine vamos al cafecito, comentamos lo que nos pareció la película, o hablamos del libro que estamos leyendo. Me recibí como psicopedagoga en la segunda promoción del Instituto Cabred. Gran parte de mi formación la dediqué a la carrera docente en el Instituto Carlos Leguizamón y, paralelamente, hacía orientación vocacional, además de dedicarle mucho tiempo a mi familia. Trabajé con mucho esfuerzo, pero también con mucho gusto, porque cuando se siente amor por lo que se hace, no importan tanto las horas, sino la calidad de lo que se da, sea en el hogar o en el trabajo. Sigo haciendo orientación vocacional, porque trabajar con los jóvenes me da mucha satisfacción. Lo que abordo con los chicos no es tan sólo la elección de una carrera, sino sobre todo, el proyecto de vida. A los jóvenes a veces les cuesta tener un proyecto de vida de largo alcance, o lo idealizan. Entonces, una de las cosas que hago es llevarlos a pensar todos los contras que tendría la profesión, para que junto con la idealización, tengan en cuenta aspectos de la realidad, que no son negativos, pero con los que van a tener que pelear para conquistarlos. En ese sentido, trato de que descubran sus fortalezas para que puedan superar las crisis que van a tener que enfrentar. También apunto a un proyecto de vida donde las palabras "voluntad" y "aptitud" formen parámetros sólidos.El lema de mi trabajo es "quién soy", para que el chico trabaje sobre sí mismo, y yo le doy las herramientas. Porque elegir una profesión no es elegir una carrera, sino un estilo de vida. Y el estilo de mi vida, que es la docencia, es comunicar. A través de la comunicación, ya sea con mis amigas, nietos, hijas, trato siempre de estar alerta al abrazo, al contacto emocional, busco momentos agradables, ayudar en momentos no agradables, sentirme presente. Me gusta la presencia y así como doy, recibo; se trata de ayudarse mutuamente desde los afectos. En el orden de los sostenes mutuos, el Centro de Promoción del Adulto Mayor (Cepram) ocupa un lugar importante en mi vida. De allí tengo dos grupos de amigas de años, que disfrutamos estar juntas. Además, es una institución que nos ayuda a crecer, a ampliar nuestra mirada, a flexibilizar preconceptos. Mi proyecto de vida hoy es mantener lazos sociales, mi salud, tener encuentros continuos con mi familia, mis amigas, viajar, tratar de tener equilibrio interno porque es la manera de estar en paz. Mi actitud frente a la vida es ser positiva. De alguna manera siempre fui así, aunque la pulí con el tiempo. De cualquier cosa busco primero lo bueno, sin omitir lo que está mal, pero tampoco sobrevalorarlo. Voy construyendo día a día lo cotidiano, donde junto con un problema puedo ver un aspecto lindo: "Apareció el sol, ya no está tan frío". Abro la ventana. Tengo oxígeno. Me nutro de esas pequeñas cosas.