Magias
Cuando leí el guion de “Mágica”, me cautivaron dos elementos esenciales: estaba hilvanado desde el máximo amor del que un ser humano es capaz y desde el aprendizaje de toda una sociedad ante el más adverso de los desafíos.
Cuando leí el guion de “Mágica”, me cautivaron dos elementos esenciales: estaba hilvanado desde el máximo amor del que un ser humano es capaz y desde el aprendizaje de toda una sociedad ante el más adverso de los desafíos.
El máximo amor, porque implica un gesto de desprendimiento, compasión y entrega en medio del dolor y la pérdida de un hijo.
El aprendizaje de toda una sociedad, porque sintetiza la madurez lograda por los argentinos en estas dos décadas en materia de compromiso con la donación de órganos. Una nena que quiere ser "Mágica" en una visionaria anticipación de su drama y una mamá capaz de realizar el sueño de su hijita para darle vida a otras personas cuando sufre el desgarro sin igual de haberla perdido. Mi carrera como periodista se inició al compás de los primeros trasplantes y el auge de sus coberturas mediáticas a principios de los noventa. Era una novedad y un motivo de perplejidad para toda la sociedad. Lo era por el milagro de la vida, por el asombro ante el logro de la ciencia, por la admiración al trabajo médico; pero también, lo era por el temor a lo desconocido y por las dudas ante lo insondable. El miedo al tráfico de órganos y la negación ante lo que nadie desea pensar ("que me puede pasar a mí").
El trabajo cualitativo del Incucai y la pedagogía permanente desde lo medios lograron, después de mucho tiempo, destronar al tabú de forma categórica. Hoy, Argentina es país récord en donación de órganos.
Esa capacidad solidaria que nos distingue como pueblo cuando muerde la adversidad y que yace como reserva final de lo que somos, tiene su correlato en el mayor de los gestos de amor y desprendimiento. Mayor, porque requiere solidaridad en medio del máximo sufrimiento, para que un ser querido que se ha ido pueda dar vida a pesar de la muerte. En "Mágica", también se cumple ese ciclo mediático que termina con esa mamá como tantas compartiendo su decisión con la comunidad en que vive desde la televisión. El drama se hace de todos, pero también la actitud solidaria, la grandeza y la esperanza que eso implica. Le agradezco al talentoso Güido Simonetti por haberme convocado para su cortometraje. Yo también me siento más humana luego de su magia.

