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“Honro cada día mi nueva oportunidad de vivir”

Doble prueba. El tratamiento contra un cáncer le afectó el hígado y tuvo que aguardar un trasplante. Cuando llegó y la operaron exitosamente, María Tes Maldonado comenzó a ver la vida de otra forma.

09 de enero de 2013 a las 12:02 a. m.
Josefina Edelstein (Especial)
“Honro cada día mi nueva oportunidad de vivir”
Así lo vivo. María Tes Maldonado, educadora.

Transcurría el año 1996 cuando, mientras dictaba clases, comencé a sentir algunos dolores en el abdomen, esporádicos al principio, que con el correr del tiempo se fueron intensificando y haciéndose permanentes. Muy preocupada, recurrí por primera vez al médico, quien pensando que podía ser alguna patología en el intestino grueso me solicitó una colonoscopia. Se detectaron pólipos múltiples en el colon y uno de ellos maligno, por lo que el diagnóstico fue cáncer. Se dispuso de inmediato la operación, en la que quitaron 60 centímetros de colon. Luego siguió el tratamiento oncológico, que fue difícil de llevar, porque el hígado no lo toleraba, de manera que lo hice un día a la semana durante seis meses. Tuve un período libre de enfermedad durante ocho años, cuando nuevamente comencé con dolores similares a los primeros. Una nueva colonoscopia mostró otro tumor maligno en el colon y el médico me dijo que eso a veces podía ocurrir. Pensé "nuevamente estoy con el cáncer" y que todo volvía a comenzar. Me realizaron una nueva cirugía donde me sacaron casi todo el intestino grueso que me quedaba, pero en esa oportunidad no hice tratamiento oncológico porque mi hígado no iba a soportar.Así, desarrollé una enfermedad crónica en el hígado, que fue cada vez más severa, perdía peso y sentía que a cada momento tenía menos vida, ya que me tenían que internar en terapia intensiva con mucha frecuencia para compensarme. Ante tal situación, mi médico gastroenterólogo me puso en contacto con el equipo de trasplante de hígado del Sanatorio Allende. Pasé por muchas evaluaciones para saber si podía ser candidata a recibir un trasplante y, finalmente, los médicos concluyeron que era la única alternativa de vida que yo tenía.Entonces, firmé mi conformidad para estar inscripta en la lista de espera del Incucai, con el fin de recibir un nuevo hígado.Consciente de que en Argentina había miles de pacientes esperando un órgano para poder seguir viviendo, pensé que era poco probable el trasplante, pero confié en Dios.Me pregunto si fue un milagro o mi fe en Dios, pero resistí hasta la llegada del hígado que me salvaría la vida, gracias al esfuerzo y apoyo de los médicos y, en particular, del doctor Carlos Valenzuela, quien cuidó que mi cuerpo no siguiera deteriorándose y me transmitió la fortaleza necesaria en la espera. ¡Y el hígado llegó el 2 de abril de 2008!¿Cómo lo viví? Con la confianza en Dios y la Virgen, sobre todo la bendición a los médicos responsables del trasplante realizado en una cirugía que duró aproximadamente diez horas. Al despertarme, agradecí a Dios esta nueva oportunidad. Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir cuando descubrí que el sentido de la vida es hacer lo que el corazón te dicta, alimentando la fortaleza del porvenir.En agradecimiento a ese héroe oculto que tuvo la bondad de donar sus órganos dándome a mí el hígado y con ello la posibilidad de seguir viviendo, decidí escribir un libro con mis experiencias como docente con alumnos del sistema medio, como Directora y como Inspectora hasta que llegó mi jubilación.Con el propósito de llevar soluciones a las problemáticas de la sociedad actual, escribí "Herramientas para relacionar padres e hijos". El proceso del libro me ayudó a mirar cada nuevo día como si todo fuera por primera vez, valorando las cosas en honor de la gran oportunidad de la nueva vida.Lo importante está en el corazón, en la fortaleza de la fe, sabiendo que si deseo algo, seguro llegará, pero sin dejar jamás de manifestar y dar las gracias a médicos, instrumentadoras, enfermeras, mucamas, amigos e hijos, que con su esfuerzo y humildad hicieron todo lo posible para que esto sea una realidad.