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Hacer medicina en el corazón de África

Jorge Iscaro, especialista en Ortopedia y Traumatología, durante 2012 trabajó en un hospital de Guinea Ecuatorial, en África, donde la medicina occidental se inserta en un terreno donde se impone el curanderismo.

06 de febrero de 2013 a las 12:02 a. m.
Romina Martoglio
Hacer medicina en el corazón de África
Enfermedades que no perdonan. Iscaro en el hospital con una residente que se contagió de paludismo.

A fines de agosto de 2011 recibí el llamado de una ginecóloga amiga. Me preguntó si me gustaría ir a trabajar a África, a un hospital de Guinea Ecuatorial, donde necesitaban un traumatólogo. Hablé con las autoridades y pedí que también mi esposa, que es fisioterapeuta, pudiera trabajar allá. Hicimos los trámites y el 12 de octubre de 2011 llegué a Malabo, la capital. De allí me trasladaron a Bata, la ciudad más importante de la parte continental de Guinea (el país esta conformada por un sector insular y uno continental) para trabajar en el Hospital La Paz. Dos meses más tarde, llegó mi esposa. Hay dos hospitales La Paz en todo el país: uno es el de Bata, y el otro está en Malabo. Se construyeron por iniciativa del presidente, ante la necesidad de poseer hospitales de alto nivel. Guinea Ecuatorial es un país de África Central, sobre el océano Atlántico, y es apenas un poquito más grande que la provincia de Tucumán. El acceso a algunas zonas aún es difícil, porque muchas personas viven en la selva. Es un país colonizado por españoles, y si bien el idioma oficial es el español, la mayoría habla fang , que es el dialecto de la etnia más grande. En Guinea Ecuatorial algunos pocos tienen agua corriente y luz eléctrica, recién ahora esto esta cambiando.El hospital La Paz, que me sorprendió por su altísimo nivel, tecnología y limpieza, tiene su propia planta potabilizadora y sus generadores de energía. Este hospital, junto con el de Malabo, son los únicos de este nivel en el país y que cuentan con médicos especialistas. Desde principio a fin, todo fue extraño y nuevo para mí. Entre las patologías traumatológicas más frecuentes están las secuelas de los accidentes de tránsito. Hay muchos vehículos muy viejos, no existe consciencia de seguridad vial, no hay inspectores, hay pocos semáforos, no hay transporte público de pasajeros (sólo taxis que llevan hasta ocho personas y, como las calles no tienen nombre ni número, se dirigen a zonas específicas, como el mercado) y el consumo de alcohol es alto. Este combo explosivo hace que lleguen al hospital con lesiones muy severas. Pero el problema más grave es la costumbre de ir primero al consultorio de los curanderos, personas que curan según saberes ancestrales y que heredaron de algún familiar. Sus consultas cuestan el doble que la de un médico en un hospital y las consecuencias son, en muchos casos, nefastas.También son frecuentes las secuelas de los no tratados o de los mal tratados, en especial por la medicina tradicional, como les llaman a quienes hacen curanderismo: secuelas de fracturas, luxaciones que no se han reducido, abscesos. En Guinea Ecuatorial, la salmonelosis y el paludismo son endémicos; cuando se producen los abscesos, los curanderos solucionan lo que se ve. Pero los gérmenes colonizan los huesos y dejan secuelas que no tienen solución. Vi problemas que no había visto o que vi de manera muy poco desarrollada en algún libro, como la sífilis congénita, luxaciones no reducidas de caderas, de codo. También es frecuente una patología llamada "piomiositis", abscesos que generalmente se dan en pacientes con HIV y no son más que cúmulos de pus muy cerca del hueso. Esto no distingue edades. Algunas secuelas de la curandería son tremendas: a los niños les curan la diarrea con torniquetes en manos y pies, por lo que llegan al hospital con amputaciones espontáneas debido a la falta de irrigación sanguínea. De a poco, el Estado trata de revertir esta situación, pero es difícil en un país donde no existe la vacunación, la educación no es obligatoria, la alfabetización alcanza sólo al 40 por ciento de la población y el gobierno reconoce a los curanderos como una cuestión cultural.Otro problema es la dificultad que encontramos en consultorio para que los pacientes brindaran información precisa, y para que regresaran a continuar sus tratamientos. Los guineanos comúnmente no demuestran alegría. Con el tiempo, aprendimos que los motivos de su carácter están relacionados con lo tribal: las tribus de la costa son más pacíficas, más cordiales y son la minoría. Los que están adentro, los fang , constituyen la mayoría y son los más duros.Enfermedades como HIV, hepatitis b y c, salmonelosis (de la que no me salvé), paludismo y sífilis (debido a la poligamia) son muy frecuentes. Todo esto hizo que debiéramos habituarnos a otra forma de hacer medicina.Algunas veces, los curanderos entablillan y dejan quieta la zona, y existe posibilidad que la fractura cure; el problema es que no pueden saber si está en un buen eje, ni si mantiene la función de la zona afectada. Así, he visto fracturas con el hueso expuesto durante años. Y entonces los afectados improvisan, fabrican muletas o bastones y siguen caminando. Debimos darle pelea diaria a problemas inimaginados. Esta gente necesita mucho y nuestra felicidad era recibir su agradecimiento, a través de su mirada, o con una sonrisa. Tanto mi esposa como yo volvimos muy felices por esta experiencia, y ya estamos extrañando. Es verdad eso de que cuando te pica el "bichito" del África, siempre querés volver.