¿Escapadas a la nieve? Mida su aptitud
El sueño del año. Si tiene vacaciones y su entorno favorito son las blancas montañas, recuerde que proviene de un contexto y actividad física diferente.
Las vacaciones de invierno desarrollan un espíritu de recreación que generalmente lleva asociado un esfuerzo físico. Ya sea para un mero paseo, como para la práctica de deportes que no se realizan en el resto del año, es preciso evaluar la aptitud física para saber cómo responderá el organismo a esta demanda. Los propios traslados pueden provocar desgaste: caminatas, esperas en terminales, carga de equipaje. "A veces hacemos práctica de deporte, como esquiar, escalar o rafting , sin conocer su técnica o con poca experiencia en ellos", afirma Marcelo Valle, presidente de la Sociedad de Medicina del Deporte, ratifica que, en este periodo. Hace hincapié, entonces, en que, aunque se encaren de manera lúdica, sin afán de competir, "es preciso acudir a un instructor, tener la indumentaria y elementos correspondientes y realizar previamente un chequeo médico con un médico Deportólogo, especialmente aquellas personas con Enfermedades Crónicas no transmisibles (como diabetes, hipertensión u obesidad)".Por su parte, Jorge Franchella, integrante del Colegio Americano de Medicina del Deporte y director del Programa de Medicina del Deporte del Hospital de Clínicas de la UBA, apunta: "Solemos limitarnos a evaluar nuestra salud, pero uno puede estar sano y no entrenado. Esa es la diferencia entre la salud y la aptitud para el esfuerzo". Aclara que se puede estar completamente sano o tener una pequeña alteración, pero que no siempre hay una relación directa con el esfuerzo que se puede realizar. "Necesitamos estar adecuadamente preparados para el esfuerzo físico que vamos a hacer en estas vacaciones. Si la persona es absolutamente sana, realizar un plan de acondicionamiento y, si tiene una pequeña limitación, un plan adaptado", añade. Deportes de estación. Así como en verano cobran interés los deportes de agua, en invierno hay quienes parten hacia las pistas de nieve para practicar disciplinas como esquí o snowboard . Y, como durante el resto del año quienes habitan provincias como Córdoba no pueden practicarlo, el deseo, cuando parten de vacaciones a centros como Las Leñas, es estar el mayor tiempo posible en las pistas. Fernando Ulloque, pediatra, director del Hospital Misericordia y especialista en Medicina del Deporte recuerda que en el organismo todo insume un periodo de adaptación a cambios en variables como el clima, el huso horario, la actividad física y la diferencia de altura. En caso de la práctica de deportes relacionados con el clima, también influyen las condiciones relacionadas con la persona, como la edad y el grado de entrenamiento.El tema se puede analizar desde dos puntos de vista, el cardiovascular y el articular-locomotor. "Hay que recordar que, si hubo una preparación previa, generalmente no se presentan problemas, pero si es lo único que se hace en el año, el final puede ser una lesión. Con respecto al punto de vista cardiovascular, si se hace un esfuerzo físico no habitual, el problema está en el marco de lo que llamamos 'patologías propias del sedentarismo'", declara. El frío produce un enlentecimiento y una redistribución de la circulación sanguínea para proteger a los órganos nobles, como el cerebro y el corazón. La irrigación de las llamadas partes distales, como las extremidades, depende del entrenamiento físico y el estado de los músculos, que son una especie de corazón periférico", apunta.Ulloque recomienda entrenamiento aeróbico y anaeróbico. "El esquí de fondo, o de larga duración, es decir, que contempla recorrer grandes extensiones y no se limitan a una vuelta por la pista, demanda la preparación física es la más parecida a la de un boxeador.
Muchas veces, las lesiones están relacionadas con eso, no se tienen en cuenta las preparaciones específicas", agrega Ulloque. Niños. Respecto del universo pediátrico, es preciso que en los niños con hiperreactividad bronquial el aire que ingresa en el organismo lo haga suficientemente humidificado, calentado y filtrado.
Por eso, cuando el pequeño está congestionado –y por ende, respira por la nariz–, lo recomendable es que se coloque una bufanda u otro tipo de paño de abrigo en la zona donde ingresa el aire, para que no entre por la boca frío y pase así hacia la tráquea. Además, el niño, hasta los 14 o 15 años, hace actividad física de manera diferente al adulto.
“Ellos tienen ciertos recursos en las células que les permiten hacer actividades intermitentes o intervaladas.
La resistencia se desarrolla más tarde y, mientras tanto, ellos están más preparados para deportes explosivos”, describe Franchella. Por otra parte, afirma, el niño no percibe igual que el adulto la sensación de calor.
"El chico no es un adulto en miniatura, es un ser humano que se está desarrollando. No puedo pedirle que camine conmigo una hora y media. No todas las actividades tenemos que compartir y, menos, competir", enfatiza. Otra oferta invernal es la de rafting, es decir, la navegación en botes inflables por cursos de agua que corren a gran velocidad, lo que suma al frío del ambiente el del agua, que puede provenir de deshielo.
Consejos para principiantes
Saúl “Yuyo” Muglia es esquiador e instructor nacional de snowboard en San Martín de los Andes. Indica que la vestimenta para realizar deportes de nieve debe distribuirse en capas, la primera es la de remeras muy finas, térmicas, que permiten que el agua se evapore y así la transpiración no se pegue en el cuerpo, pero al mismo tiempo lo mantengan caliente.
Las remeras de algodón absorben el agua y no se secan rápido. Por encima de esa prenda, cuenta, “ nos ponemos una camperita ‘westopper’, que es una especie de polar y lo más importante después es tener algo impermeable, algo que corte el viento”. A eso hay que sumar: gorro, guantes, antiparras anteojos y protector solar.

