Los caminos de la superación
La discapacidad afecta a miles de personas y les plantea encrucijadas no exentas de inseguridades, que deben sortear con ayuda del entorno.
"Me han preguntado: 'Tony, ¿dónde están los milagros?'. Y siempre digo: veo la mano, una mano, y cuando levantan la mano, para mí eso es un milagro. Por favor no digan que no pueden. Sólo levántense y digan 'yo quiero, yo puedo, yo voy…'. Tienen un mundo que los está esperando…". Las emotivas palabras de Tony Meléndez, guitarrista nicaragüense sin brazos, es la expresión misma de lo que algunos discapacitados se dicen a sí mismos, en silencio y muy adentro, para superar sus miedos y barreras.En una sociedad en la que aún estamos aprendiendo a integrarlos (no hablo de grandes obras, sino de simples rampas), los discapacitados aprenden que su único camino es afrontar la realidad y superarla. Y en ese trayecto, la familia –y el entorno en general– es un factor determinante. Con una actitud superior pero no muy diferente a la criar cualquier otro hijo. Porque así como los chicos aprenden a conocer y sobreponerse a su realidad, así los padres asumen que la sobreprotección termina perjudicando esa adaptación. Desde siempre, desde ahora. Es muy diferente cuando la discapacidad se manifiesta desde el nacimiento que cuando repentinamente aparece por un accidente o enfermedad. Aquellos discapacitados que afrontan desde sus primeros días una limitación física (motora, visual, o auditiva) conviven con sus limitaciones y poco a poco van encontrando las respuestas a sus necesidades. Lucas Rodríguez, bicampeón mundial de fútbol para ciegos, encontró en el deporte un espacio en el que puede imponerse límites superiores a los de la vida cotidiana: "Si puedo esquivar personas corriendo y jugando al fútbol, tranquilamente puedo hacerlo caminando en una vereda. El deporte te da seguridad en tu propio cuerpo", dice. Una realidad similar fue la del riotercerense Gustavo Fernández, actual número cinco del mundo en tenis en silla, quien por un infarto medular, a los pocos meses de vida, perdió la movilidad de sus piernas. Sin embargo, antes de ser un excepcional campeón de tenis, no se amilanó para integrarse con sus amigos y jugar al fútbol con apenas seis años: "Me movía como una foca y jugaba. Todo vale en el fútbol". Semejante muestra de determinación no fue para ellos exhibir un coraje excepcional, sino más bien la asimilación de sus realidades.En el caso de Belén Dutto, piloto de BMX con una casi total pérdida de audición, encontró su lugar en el vértigo de la velocidad. Como la señal de largada es por sonido, su padre debía tocarle el hombro para que ella pudiera largar. La determinación es una de las fortalezas que desarrolla la experiencia y, a la larga, es clave en cualquier discapacitado. Juan Ignacio Maggi sufrió polio y fue capaz de someterse a 25 operaciones (llegó a fijarse los tobillos para poder caminar con muletas). Hoy es uno de los deportistas argentinos pioneros en los Juegos Paralímpicos de Invierno en slalom gigante, y participó en la Media maratón de Miami (bicicleta de mano, natación y silla).En ellos, el factor de crecimiento y confianza en sí mismos fue el deporte, pero bien pudo ser el arte, el estudio o el trabajo.Distinta es la situación de aquellos que, por un accidente o enfermedad se encontraron con una imposibilidad nueva y repentina. Orlando Netto, jugador de tenis de mesa, sufrió un accidente en moto a los 21 y perdió la movilidad en sus piernas. "Estuve un tiempo mal, en estado de depresión, hasta que fui a un centro de rehabilitación. Cuando se ve gente que está en la misma situación, y ve con las ganas que afronta la vida, eso te levanta sí o sí. No hay forma de esquivar eso". Para Orlando, rehabilitarse es readaptarse a "la vida cotidiana, el baño, la cama, la rutina", y eligió el tenis de mesa porque es uno de los deportes en los que "puede jugar de igual a igual con cualquiera".Por su parte, a Alejandro Arzubialde, profesor de educación física, el cambio de vida llegó cuando el tratamiento que lo curó de leucemia lo dejó en silla de ruedas a los 33 años. Perdió su trabajo y "estuve todo un año sin hacer nada". Sin embargo entre el apoyo familiar y la natación, reencontró su vida. Todos atravesaron un proceso de fortalecimiento para integrarse socialmente, un proceso en el que superaron miedos y hasta la sobreprotección. Aprendieron, maduraron, pero con el aporte invaluable de sus afectos. Un compromiso de todos. Lo que está claro es que muchos discapacitados se superan a sí mismos a partir de la ayuda del entorno. El compromiso de la familia, los profesores escolares, la aceptación de los amigos y el trabajo de profesores deportivos, es lo que le permite al discapacitado entender que puede ser útil y tener un nivel destacado en alguna actividad. Magalí Barrientos, una excepcional patinadora especial, encontró la contención de sus padres, pero en mucho jugó el empeño y la dedicación desinteresadas de Mónica Troncovich, su profesora de educación física que dedicó horas de contraturno para enseñarle a saltar (no doblaba las rodillas) con unos cajoncitos que ella misma preparó. Seguramente nunca imaginó hasta donde llegaría después Magalí."Al principio me decía a mí misma, ¿qué hago? ¿cómo hago? Creo que nadie te lo enseña, vas aprendiendo día a día", dice María Alejandra, mamá de Belén Dutto, quien hizo enormes sacrificios junto al resto de la familia, para que pudiera ir al Instituto del Lenguaje y Audición Córdoba.En casi todos los casos, la mamá del discapacitado asume el compromiso de la contención y el padre es el encargado de insertarlo, más crudamente, a la realidad exterior. "En mi casa no existió jamás la palabra pobrecita", dice Miguel, papá de Belén. Para todos ellos, el saldo siempre fue el mismo: satisfacción.Gladys y Osvaldo, padres de Lucas Rodríguez, saben que "siempre buscará llegar al objetivo"; Norberto Barrientos explica que "ellos te dan en lugar de sacarte"; mientras que Juan Maggi (padre) asegura con satisfacción que "nos hizo olvidar que era discapacitado"; y Héctor Chino, papá de Agustín (básquet en silla), expresa el objetivo de sus enseñanzas: "Si se cae, tiene que poder levantarse".Para valorar estos logros, no queda otra que compartir con ellos. ¿Alguna vez dialogamos con un chico con síndrome de Down y percibimos la maravillosa sensación de alguien que pasa de la sonrisa espontánea a la emoción hasta las lágrimas sin escalas? ¿O hemos visto la velocidad con la que se juega al básquet en silla? ¿O hemos sentido la adrenalina que siente un discapacitado al lanzarse desde una montaña en esquí en silla? Cada uno de ellos, a su manera, encontró el camino para salir adelante, un camino que no está vedado para nadie.

