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Venezuela: una devaluación esperada

La devaluación le brinda margen al sector público gracias a los ingresos vinculados a las exportaciones de crudo de PDVSA (la petrolera estatal) y permite una recomposición del balance fiscal. Martín Vauthier.

17 de febrero de 2013 a las 12:02 a. m.
Martín Vauthier (Economista de Estudio Bein & Asociados)
Venezuela: una devaluación esperada

En un mundo donde las principales economías parecen enmarcadas en una incipiente "guerra de monedas", Venezuela anunció el viernes pasado una devaluación del bolívar de 32 por ciento, al llevar la cotización del dólar en el mercado formal de 4,3 a 6,3 bolívares. Claro que el contexto y los motivos son muy distintos a los de las economías desarrolladas que, debilitando sus respectivas monedas, buscan reactivar sus mercados internos, mediante un aumento de las exportaciones, y licuar el peso de las deudas sobre la hoja de balance de los agentes económicos (gobiernos, empresas y familias). El salto en la cotización oficial del bolívar llega luego de tres años de congelamiento de la paridad cambiaria, con una inflación que acumuló ciento por ciento y un déficit financiero en las cuentas públicas que se había espiralizado a casi ocho por ciento del PIB (explicado por el salto del gasto, que creció siete puntos del PIB entre 2010 y el electoral 2012). Este es el principal motivo de la devaluación, en una economía donde, a pesar de la desaceleración en las exportaciones (95 por ciento explicadas por el crudo) y la suba de casi 20 por ciento en las importaciones, el superávit de cuenta corriente todavía ascendía a 6,7 por ciento del PIB en 2012. En efecto, la devaluación brinda margen al sector público, habida cuenta de que buena parte de sus ingresos están vinculados a las exportaciones de crudo por parte de PDVSA, la petrolera estatal, y permite una recomposición del balance fiscal. De esta manera, mientras el gasto público se realiza principalmente en moneda doméstica, los dólares que el gobierno venezolano recibe a través de las ventas de crudo pasan a valer más medidos en bolívares, permitiendo recuperar las cuentas públicas, al menos, hasta que el traslado de la devaluación a precios, y consecuentemente al gasto público, terminé limitando este efecto.En simultáneo, se anunció la eliminación del Sitme, el sistema que permitía al sector privado el acceso a divisas mediante la compra en bolívares de bonos del Gobierno venezolano denominados en dólares a un tipo de cambio de 5,3 bolívares por dólar, intermedio entre el oficial y el marginal (llamado "lechuga", dada la prohibición de referirse al mismo). Al no haberse anunciado la creación de un mecanismo alternativo de acceso a dólares por fuera del mercado oficial, la cotización paralela de la moneda estadounidense se disparó 20 por ciento adicional, llevando el dólar en el mercado "negro" desde 19 bolívares (a los que había llegado con la difícil transición política por la ausencia de Chávez) a casi 22,5 bolívares. Finalmente, dada la mejora en la solvencia fiscal resultante, los precios de los bonos de la deuda local registraron una fuerte suba, con rendimientos mínimos en relación a los últimos cinco años, mientras el FMI aplaudió la decisión.La medida, si bien inevitable desde un punto de vista fiscal, no resuelve los problemas de fondo de la economía venezolana, caracterizada por una estructura productiva dependiente casi exclusivamente del petróleo, con importaciones que representan un tercio del consumo doméstico y sin una demanda de dinero estable en un contexto de alta inflación, controles cambiarios y brecha.