Menos dólares y más distorsiones
Con más intervención sobre la economía, posiblemente se puedan ir sorteando los escollos que se plantean en el camino, pero sólo en el corto plazo.
Uno de los grandes desafíos que debe afrontar el Gobierno pasa sin duda por cómo equilibrar la oferta y la demanda de dólares. Y la incógnita que surge es de dónde sacar los dólares ante una demanda por parte de los agentes económicos que ha crecido de forma sostenida en el último tiempo. La escasez de la moneda estadounidense hoy ya no es una novedad. Desde 2007 se ha propiciado una fuerte fuga de capitales, que tuvo su máxima expresión en 2008, cuando ante la incertidumbre por la crisis desatada con el campo se llegaron a ir del circuito de la economía más de 23 mil millones de dólares. Sin embargo en aquellos tiempos la salida de capitales podía ser compensada por un superávit comercial que se mantenía elevado. Ya en 2011 esta ecuación no alcanzó, lo que quedó reflejado en la pérdida de reservas por parte del BCRA. Este déficit de dólares tiene su explicación también en la escasa entrada de los dólares financieros, lo que convierte al comercio exterior en el único generador de divisas. En 2012, con un mundo que no va a estar a favor, sin saltos de precios en las commodities , con la necesidad de importar energía y con una caída proyectada del 25 por ciento en el saldo comercial, se configura un escenario al menos complicado. La alternativa de aumentar la cantidad de dólares se hace inviable, ya sea por el lado de las exportaciones, que verificarán una menor dinámica a causa de menores precios y el impacto de la sequía sobre los volúmenes producidos, o por el lado de los dólares financieros, ante la decisión del país de no acceder al mercado de capitales, ante un mundo que hoy se tambalea y que transita por una fuerte crisis financiera. Ante este panorama, el Ejecutivo decidió atacar el problema por el lado de la demanda. Primero a partir de la intervención sobre el sistema cambiario, más recientemente con los controles sobre las importaciones. Es decir, se fueron a buscar los dólares financieros en el mercado de cambios y los dólares comerciales en las importaciones. En el caso de los controles de la Afip sobre la compra de divisas, los resultados fueron positivos en un primer momento si se tiene en cuenta que se le pudo poner un freno a la sangría de dólares: mientras entre abril y octubre se fugaron 20.200 millones de dólares, a partir de los controles se logró que desde noviembre a enero de este año el drenaje se reduzca a tan solo 950 millones de dólares. De todos modos, el efecto colateral fue la creación de un mercado paralelo, cuyo resultado fue generar mayores expectativas devaluatorias. Por el lado del comercio, las medidas de resguardo comercial han servido para sostener un saldo que, aunque insuficiente, fue holgado. Sin embargo ya en 2008 y 2009 se habían protegido a todos aquellos sectores a los que se podía dar protección sin tener que alterar el proceso de producción. Actualmente el límite es más delgado y se está avanzando con restricciones sobre insumos básicos que pueden ocasionar efectos contractivos sobre el nivel de actividad. La demanda de dólares va a seguir estando presente, ya que el freno en la dolarización de porfolios que se está observando es simplemente un estado virtual de represión sobre la demanda que, en definitiva, contribuye a la conformación de un clima de mayor incertidumbre. La brecha con el mercado de dólares quizá se acentúe, mientras que las importaciones, a pesar de las medidas defensivas, no van a poder detenerse.Con más controles e intervenciones sobre la economía posiblemente se puedan ir sorteando los escollos que se plantean en el camino, pero sólo en el corto plazo. Las soluciones de fondo tendrán que focalizarse en cuestiones estructurales que reduzcan la demanda de dólares naturalmente y que favorezcan su ingreso. De darle continuidad a la política que está llevando a cabo el Gobierno, el regreso a los mercados de capitales se impondrá casi como una alternativa inevitable para poder abastecer a una economía anémica de dólares y con un superávit comercial que ya no posee la robustez de antes.
*Presidente de Abeceb.com

