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Con la horma justa

La fabricación y venta de zapatos le permitió superar la desocupación.Manufactura entre 15 y 20 pares diarios.Tiene expectativas de crecimiento en la próxima temporada.

04 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
María Eugenia Pasquali (especial)
Con la horma justa

Con una vida recorrida por las fábricas cordobesas de calzados, con los mismos tropezones que tuvo la industria -desde el esplendor hasta la desaparición-, y con las ganas de resurgir con un oficio que conoce desde la suela hasta la capellada, Jorge Sánchez comenzó hace un tiempo con su propio emprendimiento de fabricación de zapatos infantiles.

Mediante un crédito otorgado por el gobierno compró el cuero, los ojalillos, la suela y demás insumos.

Las máquinas las tenía en su casa como parte de pago del trabajo en las fábricas que fueron cerrando y que tuvieron que repartir los insumos entre sus acreedores.

La mano de obra era propia y calificada. Jorge tiene 48 años de trabajo en el mismo rubro. Comenzó a los 10 años en la fábrica de un tío cortando suela.

De esa época tiene la marca en la mano dejada por el golpe de un balancín que le aplastó un dedo.

Hace seis años que no tenía trabajo y se encontró con que lo único y más importante que sabía hacer eran zapatos.

Fue así que presentó un proyecto en la Secretaría de Industria y consiguió un crédito para microemprendedores que le permitió poner en funcionamiento las abandonadas máquinas que tenía en su casa.

Hoy fabrica entre 15 y 20 pares de zapatos diarios con la ayuda de su esposa Mónica y de sus dos hijos.

La producción se hace por pedido, no tiene márgenes para arriesgar capital. "Hago lo que vendo", afirma Sánchez.

Con su muestrario sale por las zapaterías del centro de la ciudad, por Alta Gracia y por Villa El Libertador levantando los pedidos que después, y contra pago de contado, se materializa en la entrega de los zapatos.

"He visto muchos cheques voladores en las fábricas donde trabajé y ahora este emprendimiento me ha permitido lograr un sueldo que había perdido hace seis años. Podríamos fabricar más cantidad, pero no podemos arriesgarnos, esta producción permite una ganancia de un sueldo digno, y eso es muy importante para quien estuvo desocupado tanto tiempo", dice.

Entusiasmada, su esposa -quien llevó adelante la familia durante la desocupación de su marido-, afirma que la diferencia que tienen sus zapatos es que son artesanales: "Tienen mucha mano y poca máquina", se enorgullece la mujer.

Esta característica les permite competir con el calzado de Brasil que es de mala calidad pero a precios insuperables.

Como un buen emprendimiento familiar en el que todos colaboran, los dos hijos pre adolescentes ayudan con el armado de las cajas, hacen los ojalillos y se sienten orgullosos de que su papá haya recuperado su pasión y un salario.

"El zapato que hacemos es inmejorable en precio y calidad, son para niños, de napa forrada y con garantía", asegura Sánchez.

Los números que fabrica van del 20 al 26 y los entrega a los tres o cuatro días de realizado el pedido.

Este modelo se vende hasta mediados de agosto, ya que es un calzado escolar y después los proyectos nuevos deberán concretarse.

"El producto de recambio de temporada pensamos que vendrá asociado al mercado gay, ya que no hay sandalias para pie de hombre y al fabricarlos nosotros mismos podemos adecuar estas características a las sandalias o zapatos".

"No sólo tienen que ser más grandes, sino que deben tener en cuenta la anatomía masculina para que los calcen cómodos y se adecue a su pie".

De lo que sí están seguros es que la máquina Paulina no dejará de funcionar en la casa ubicada camino a Alta Gracia donde el olor a suela y cuero tapa el aroma de una rica sopa preparada para el mediodía.

Jorge Sánchez, lote 6, manzana 6. Barrio Universidad. Teléfono: 155395724.