Dos gestiones, frente a frente
Se suele tomar la gestión kirchnerista como una unidad, desde abril de 2003 cuando asumió Néstor Kirchner. Sin embargo, la gestión de él y la de la presidenta, Cristina Fernández, divergen no sólo en las políticas, sino también en el escenario internacional y en la herencia recibida.
Modelo K
La presidencia de Néstor Kirchner, que comenzó el 25 de mayo de 2003, se caracterizó por un continua recuperación de las variables económicas.
La herencia. Cuando Kirchner asumió, la economía ya había tocado fondo (a mediados de 2002) y comenzaba a recuperarse después de la profunda crisis de 2001/2002. Esta crisis dejó un nivel mínimo de reservas, una abultada deuda pública y una economía con muy baja actividad. La recuperación partió de una elevada capacidad ociosa del capital (más del 35 por ciento) y un alto desempleo (20,4 por ciento).
La inflación el año anterior había sido de 41 por ciento y el dólar estaba a 2,90 pesos.
Escenario internacional. Luego de la caída de las Torres Gemelas, las tasas de interés externas bajaron y las políticas financieras se relajaron, generando un período de bonanza y una burbuja en los países desarrollados que estalló a mediados de 2007 con la crisis de las hipotecas subprime. Fue un período de expansión mundial, mayor comercio y elevados precios de las commodities. Los términos de intercambio para Argentina mejoraron 25 por ciento. La soja pasó de menos de 200 dólares hasta 2002, a 230 en mayo de 2003 y terminó en 400.
La economía. Entre mayo de 2003 y el fin del mandato de Kirchner, el Producto Interno Bruto (PBI) creció 60 por ciento. La devaluación del peso, la elevada capacidad ociosa del capital y la mano de obra y los precios internacionales favorables permitieron un crecimiento basado en la elevada competitividad de las actividades transables.
Esto permitió crecer con una fuerte reducción de la desocupación, que bajó casi 13 puntos y llegó al 7,5 por ciento y comenzar con una recuperación del salario real a partir de 2005.
Desde 2003, las exportaciones crecieron a un ritmo anual superior al 20 por ciento y el superávit comercial aumentó hasta llegar a 44.700 millones de dólares en 2007.
Las reservas monetarias, que apenas superaban los 10 mil millones de dólares cuando Kirchner inició su mandato terminaron en 45.500 millones. El dólar pasó de 2,90 a 3,14 pesos.
La recuperación de los primeros años no requirió de un nivel elevado de inversión, que se mantuvo por debajo del 20 por ciento del PBI hasta 2005, para luego ubicarse alrededor del 22.
El crecimiento se combinó con una baja inflación hasta 2006 (entre 3,7 y 12 por ciento anual) pero, a partir 2007 (en enero de ese año comenzó la intervención del Indec) los precios tomaron velocidad por la insuficiencia de la oferta.
En este período, el sector público nacional aumentó sus ingresos más que sus gastos y el resultado fiscal fue superavitario desde 2003 y superior a nueve mil millones anuales a partir de 2004.
Medidas relevantes. El hecho de política económica más destacado de esta gestión fue el canje de la deuda en enero de 2005. Esto permitió una importante reducción del peso de estas obligaciones en las cuentas públicas, a través de una quita de capital y una refinanciación de los vencimientos a largo plazo (hasta 30 años).
Cuando la Nación defaulteó la deuda, en 2001, ésta ascendía a 144.453 millones de dólares; creció a 191.296 millones a fines de 2004 y, tras el canje, quedó en 126.567 millones de dólares.
13 puntos se redujo la desocupación entre 2003 y 2007. El crecimiento acumulado fue de 65%.
Modelo CFK
Aunque las dos gestiones de Cristina Fernández de Kirchner mantuvieron un elevado ritmo de crecimiento, los impulsores fueron muy diferentes de la época de Néstor Kirchner. Además se sumó la alta inflación y el deterioro de la competitividad.
La herencia. La Presidenta recibió una economía en franco crecimiento, pero con temas sin resolver como el creciente ritmo inflacionario, originado en una demanda que crecía más que la oferta; con tarifas de servicios públicos muy atrasadas, lo que implicaba crecientes niveles de subsidios; y con un costo laboral en aumento.
El marco internacional. La crisis mundial se acentuó en 2008 y mostró altibajos desde entonces (con caídas del PBI en 2009). En 2012, la situación no está nada despejada y a la crisis en las economías centrales se suma la debilidad de Brasil.
Las commodities están más altas que en el período de Kirchner. La soja tuvo un pico en 2008 de más de 600 dólares, luego bajó y volvió a ese valor por estos días.
Hasta 2011, la debilidad del dólar permitió a la Argentina mantener una devaluación muy controlada del peso. Pero esta situación se revirtió en 2012.
La economía. Los problemas sin resolver muestran sus consecuencias. En parte, fueron paliados por diversas medidas que llevaron fondos a las arcas del Estado nacional (la suba de derechos de exportación de fin de 2007 y el intento de las retenciones móviles en 2008 que generó la pelea con el campo; la disolución de las AFJP; el uso de las reservas del Banco Central para pagar deuda; y la modificación de su Carta Orgánica).
Desde fin de 2007, el crecimiento acumulado es de 25 por ciento pero en los últimos meses, la variación mensual de la economía es casi nula o negativa, con numerosos sectores en rojo, sobre todo la industria (cayó 4,5 interanual en mayo) y la construcción (-8,8 por ciento).
El consumo fue el principal motor del crecimiento, incentivado por las políticas públicas (tarifas bajas, asignación universal por hijo, obra pública), por la recuperación de las jubilaciones y los salarios reales y por la inflación (25 por ciento anual en 2012). Pero la reducción del desempleo se estancó (es de 7,1) y también hay un intento de moderar subas salariales (lo cual se acentúa con la pelea con el titular de la CGT, Hugo Moyano).
Los problemas. Las medidas de aliento al crecimiento inflaron el gasto y redujeron el resultado fiscal: en 2011 las cuentas nacionales tuvieron un déficit de 30.663 millones de pesos y acumulan un rojo de 6.868 millones en 2012 (impactando en las provincias).
La inflación y el control del valor del dólar (el oficial está en 4,55) redujeron la competitividad internacional, afectando las cuentas externas, el ingreso de divisas (agravado por la fuga de capitales) y la economía local. El Gobierno intentó paliar esta situación con medidas que restringieron, en un primer momento las importaciones y luego cerraron el acceso de los particulares al mercado cambiario generando un mercado paralelo. La balanza comercial sigue positiva, pero a costa de menor actividad.
Los problemas políticos, las medidas totalmente discrecionales y una economía que muestra claros signos de deterioro marcan la actualidad económica argentina.
6.312 millones de dólares es el saldo comercial en 2012. Bajaron importaciones (4%) y subieron exportaciones (1%).

