Commodities: mercados y perspectivas
Los mercados de commodities agrícolas comenzaron a cobrar relevancia y volumen a partir de 2005/2006, luego de su incorporación masiva a los portafolios de inversores de todo el mundo. Martín Vauthier.
Los mercados de commodities agrícolas comenzaron a cobrar relevancia y volumen a partir de 2005/2006, luego de su incorporación masiva a los portafolios de inversores de todo el mundo. Esto funcionó a través del surgimiento de instrumentos novedosos como los ETF, de fácil acceso y que replican la dinámica de un determinado activo (puede ser soja, trigo, oro, petróleo, etc.) y la extensión de los mercados de futuros.
Previo a este proceso de "financierización", las cotizaciones mundiales de cereales y oleaginosas estaban vinculadas casi exclusivamente a factores de oferta y demanda, tales como el consumo esperado de un determinado producto o los volúmenes de cosecha esperados. Así, los ajustes resultaban mucho más parsimoniosos que en la actualidad. Hoy estas cuestiones siguen presentes, pero la volatilidad se incrementó (y no poco). En el caso puntual de la soja, el aumento tendencial en las cotizaciones en las últimas décadas estuvo vinculado al fuerte incremento en el consumo de proteínas por parte de China en particular y Asia en general. Entre 1980 y 2012, el gigante asiático multiplicó por 10 el consumo de soja para engorde de ganado (derivado de la multiplicación, también por 10, del consumo de carne vacuna), y por seis la molienda de la oleaginosa con destino a la alimentación humana.
Con la transformación del poroto en un activo financiero, los mercados comenzaron a ajustar con mucha mayor velocidad ante la nueva información recibida sobre el estado de oferta, demanda e inventarios mundiales acumulados en silos, a lo que se sumó una demanda china que continuaba en ascenso, y un salto en la demanda para biocombustibles en un contexto de fuerte subas del petróleo y mayores regulaciones de los países. Esta aceleración en la velocidad de los ajustes permitió extraer mayor información de las curvas de futuros (principalmente en el mercado de Chicago, el más representativo del mundo), aunque al costo de un sensible aumento en la volatilidad (con un mercado siempre proclive a las sobrerreacciones). Y es precisamente esta curva de futuros la que parece descontar que, a pesar de la fuerte volatilidad en los precios actuales de la oleaginosa, los inventarios mundiales de soja se mantendrán ajustados en relación al consumo esperado.
En efecto, mientras la cotización de la soja llegó a caer casi 100 dólares la tonelada desde los máximos de 650 alcanzados a principios de septiembre, el precio promedio implícito en las curvas de futuros se redujo sólo 50 dólares (desde 580 a 525). El salto en la producción de Brasil y Argentina proyectado que venía incorporando la curva de futuros, no alcanzaría para mejorar los stocks en relación al consumo. Y esta situación, en un contexto de tasas cero y enorme liquidez global, permite proyectar que se mantendrán precios altos en términos históricos para las cotizaciones de la próxima campaña del poroto de soja en particular y los principales granos y oleaginosos en general.

