Violencia, amenazas y balas, trasfondo de brutales ataques
Dos jóvenes son juzgados por el homicidio de un adolescente y por el ataque a otro, quien sobrevivió. Los dramas ocurrieron en menos de 24 horas en Marqués Anexo, en 2013.
–¿Por qué no viene su hermano a declarar, si ya fue citado?–No sé... Yo a él no lo veo.–Pero ¿no viven juntos?–No, en el mismo barrio, pero en casas distintas.–¿Sabe su teléfono?–... No me acuerdo.–¿Dónde trabaja?–No sé... La paciencia del presidente de la Cámara 5ª del Crimen de Córdoba, Guillermo Lucero Offredi, parecía a punto de agotarse. El testigo, un joven de 20 años que vive en barrio Hipólito Yrigoyen, frente a Marqués Anexo, en la zona norte de la capital provincial, no daba una contestación firme.Más de tres veces los jueces y la fiscal se pararon junto al testigo para intentar que explicara la geografía interna de Marqués Anexo, un barrio azotado por la violencia urbana.Era el jueves y el reloj marcaba las 13. La mañana se estaba yendo sin que las certezas asomaran en la sala de audiencias. Detrás del joven que hablaba con tono inaudible, los dos acusados seguían todo en silencio y bien custodiados.Claudio "Nerola" Gómez (20) y Horacio "Mema" Moyano (22) están siendo juzgados, desde la semana pasada, por el delito de "homicidio agravado". Junto a un adolescente de 14 años, inimputable, figuran como los supuestos atacantes que, en la noche del domingo 21 de abril de 2013, mataron de un balazo a Leandro Narváez (16), otro muchacho del mismo barrio."Nerola", además, está acusado de otro violento ataque ocurrido 24 horas antes, cuando Mauricio Rodríguez (19) recibió dos balazos disparados con una pistola 9 milímetros mientras iba en su moto nueva. Se le imputa "homicidio agravado en grado de tentativa".Dos violentos episodios callejeros que se incrustaron en una extensa nómina de jóvenes fallecidos en ese barrio en el marco de disputas entre grupos rivales en los últimos años. Se trata de una cifra trágica que ya supera los 20 nombres desde 2004 hasta esta parte. Todos ellos ya habían desertado del sistema escolar cuando la muerte los encontró temprano. Carril paralelo El testigo de voz baja y su hermano ahora inhallable para la Justicia figuran como dos testimonios clave, ya que observaron a los imputados, la noche del crimen, discutiendo con Narváez. Cuando el joven que esquivaba las respuestas fue el viernes otra vez a declarar, esta vez llevó una respuesta: horas antes había sido amenazado para que se callara, según confirmaron fuentes policiales. Se trata de una constante en una zona donde la acción judicial o policial aparece difusa entre otras respuestas posibles. Según se sospecha, y se intenta develar ahora en el juicio, "Nerola" habría confundido a Rodríguez con Narváez, con quien sí ya tenía problemas.Por eso lo atacó aquel sábado y luego, al darse cuenta de su error, fue por su real blanco, en la jornada siguiente.Narváez murió baleado justo cuando se retiraba de la casa de la familia Rodríguez, a la cual había ido en moto para preguntar por la salud de su amigo, quien hoy todavía tiene graves secuelas por aquel ataque.La Justicia, aunque no reaccionaba, ya estaba alertada de esta espiral violenta. En la Unidad Judicial 16 se llenaban de polvo diferentes denuncias por abuso de arma, daño y tenencia de arma de uso civil.Primero habían baleado la casa de "Nerola", donde vivía con su madre. Luego, otra balacera, de la que habría participado "Nerola", tuvo como blanco el domicilio de los Narváez, donde fue herida una familiar.No obstante, recién cuando hubo un adolescente muerto, otro en gravísimo estado y un tercero prófugo, la noticia llegó a quienes debían investigar."Nerola", que tenía 18 años recién cumplidos, fue atrapado días después en Tucumán. Pruebas El joven ya se hizo cargo del ataque a Rodríguez. Pero niega estar detrás del asesinato de Narváez. El viernes, el policía Eduardo Molina, que investigó ambos casos, aseguró que "Nerola" no se fue a Tucumán de manera inmediata tras el balazo a Rodríguez, por lo que abonó la hipótesis de que pudo haber matado al otro adolescente. Durante el juicio, jóvenes vecinos del barrio dejaron una descripción crítica de la zona.Hablaron de sectores internos del barrio divididos entre sí, de jóvenes que se agrupan y se enfrentan de la peor manera. "Pelean porque se roban cosas o por la droga", dijo un testigo.Otros hablaron de "pastillas", "cocaína", "arma grande por el ruido que hizo al disparar" y "disputas territoriales". Se trata de un trasfondo que pocas veces la Justicia logra develar por completo.–¿Cada grupo custodia su zona y no deja entrar al otro? –intentó saber el juez.–Cada uno está en su zona; no recuerdo por qué empezó el problema, pero si te veo, sé que hay bronca –contestó un joven testigo.

